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Rescate en Tailandia

Los chicos de la cueva, en la Argentina: "No queremos ser famosos, queremos jugar al fútbol"

Paula Markous
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8 de octubre de 2018  • 18:59

Algunos picotean papas fritas y otros toman Coca-Cola, la mayoría está parado, conversan, se empujan, se escuchan algunas risas. Un camarógrafo y una periodista acaban de irse y los chicos aprovechan ese minuto libre que tienen para ser chicos.

Pero la agenda está apretada para los Jabalíes Salvajes, el equipo de fútbol tailandés que quedó atrapado en una cueva en el norte del país en junio pasado, y ahora está de visita en la Argentina. Los 12 chicos, que tienen entre 11 y 16 años, son los invitados de lujo del Comité Olímpico Internacional para los Juegos de Buenos Aires 2018 y estarán hasta mañana en la capital.

Es su primer viaje fuera de Tailandia y Ekkapol Janthawong, el entrenador que acompaña a los chicos, dice a LA NACION que todos estaban muy "nerviosos y ansiosos" antes de venir a Buenos Aires. Mientras habla, los chicos, vestidos iguales con sus uniformes Adidas, se acomodan en las sillas y en el piso de la oficina de asuntos comerciales de Tailandia, en Puerto Madero.

Se los ve felices y cansados. Hace unas horas estaban jugando al fútbol en el Monumental, pero ahora les toca responder preguntas. El entrenador cuenta que sabe algunas cosas de la Argentina, "que es el segundo país más grande de la América Latina y la casa de Messi". Dice "Messí" con acento en la i y acota que le encantaría visitarlo en este viaje. "Es la casa de Maradona", acota "Mark" (Mongkol Boonpiem), que tiene 13 años. "Maradoná" y "Messí" son las dos únicas palabras que no van a ser traducidas por una funcionaria del gobierno de Tailandia.

Los chicos tailandeses agradecieron al mundo su apoyo

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Ekkapol aclara que los Jabalíes Salvajes siguen jugando al fútbol todos los días después de la escuela, como lo hacían antes de quedar atrapados en una cueva de Tham Luang en la provincia de Chiang Rai, al norte de Tailandia. ¿En qué les cambió la vida? "Nick" (Pipat Phothai) es el primero en levantar la mano: "En mi familia nos amamos más después de lo que pasó", dice. "Tee" (Phornchid Kamluang) acota con timidez: "A mí me pasa que mi familia me presta más atención y mi mamá no me quiere dejar salir solo de casa". "Dom"(Duangpet Promtep), el capitán del equipo, de 13 años, cuenta que ahora es más conocido y tiene más amigos en la escuela.

Los Jabalíes Salvajes, el equipo de fútbol de Tailandia que había quedado atrapado en una cueva, ayer, en Buenos Aires
Los Jabalíes Salvajes, el equipo de fútbol de Tailandia que había quedado atrapado en una cueva, ayer, en Buenos Aires Fuente: LA NACION - Crédito: Alejandro Guyot

Algunos de los chicos se transformaron en estrellas en las redes sociales y tienen entre 100.000 y 300.000 seguidores en Instagram (como Adul Sam-on y Duangphet Promthep), pero ante la pregunta de LA NACIÓN si les gustaría ser famosos, responden al unísono: "No queremos ser famosos, queremos jugar al fútbol".

"Yo uso el instagram para publicar las actividades del grupo", dice el entrenador, un exmonje de 26 años y hace hincapié en que los chicos llevan una vida normal. Después de la gira, en la que también visitarán Nueva York y Los Ángeles, los jabalíes volverán a Chiang Rai.

Los Jabalíes Salvajes, el equipo de fútbol tailandés que quedó atrapado en una cueva, ayer en Buenos Aires
Los Jabalíes Salvajes, el equipo de fútbol tailandés que quedó atrapado en una cueva, ayer en Buenos Aires Fuente: LA NACION - Crédito: Alejandro Guyot

"La experiencia de la cueva me enseñó que tengo que ser precavido con mi vida en todo momento", confiesa el entrenador. Luego relata cómo el equipo pudo sobrevivir al encierro gracias a la meditación. "En la vida cotidiana, todos le rezan a Buda todas las noche. Es una forma de meditar. Lleva muy poco tiempo y eso practicábamos en la cueva. La meditación no es difícil. Cuando meditábamos teníamos la mente en paz y en calma. Cuando te podés concentrar en meditar, los problemas se diluyen", explica.

El único que no meditaba es Adul, que es cristiano, pero el joven explica que él creía que "su Dios" lo iba a proteger para salir de la cueva. Además de meditar, "Mark" piensa que fue clave mantener una actitud positiva. "Estaba muy seguro de que mi familia y los que me conocen no iban a dejarme dentro de la cueva y pensaba eso todo el tiempo".

Los Jabalíes Salvajes jugaron ayer al fútbol en el Monumental
Los Jabalíes Salvajes jugaron ayer al fútbol en el Monumental Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sanchez

Adul relata cómo fue el momento del rescate cuando vio por primera vez a los dos buzos británicos. "Estaba encima de una montaña pequeña que había en la cueva y cuando estaba bajando vi una luz abajo del agua. Les grité a los demás '¡hay alguien entrando en la cueva!' Y todos bajaron rápido y muy felices de la montaña y. Luego les dije:'hello'". Adul, que habla inglés, jugó un papel esencial, ya que fue el único capaz de comunicarse con los buzos y explicarles lo más importante: que necesitaban comida con urgencia.

"Quiero agradecer al señor Sam, que murió durante el rescate", acota "Night". Saman Gunan, de 38 años es uno de los miembros del equipo de élite de buzos de la Marina tailandesa que murió cuando intentaba llevar tanques de oxígeno a la cueva. Es la primera vez en la entrevista que los jabalíes dejan de sonreír y murmuran entre ellos. "Todos están tristes por eso", explica la traductora.

Los Jabalíes Salvajes jugaron ayer al fútbol en el Monumental
Los Jabalíes Salvajes jugaron ayer al fútbol en el Monumental Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sanchez

Cuando LA NACIÓN les pregunta si quieren dejar un último mensaje. "Night" toma la delantera: "Quiero agradecerle a todo el mundo. Pienso que el mundo es como unos padres con sus hijos, que siempre están pendientes. Así me sentí", confiesa.

Luego de la entrevista, los chicos se irán a la Villa Olímpica. Ante la pregunta de si compartirán su experiencia con otros atletas, "Bew" (Ekkarat Wongsookchan) dice sonriente: "Yo les voy a contar sobre la comida tailandesa". Tras sacarse unas fotos, los chicos se paran, agarran una coca forman una fila y se van para la Villa Olímpica.

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