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El enemigo interno: la selección no es prioridad para la AFA

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
Lionel Scaloni, entrenador de la selección
Lionel Scaloni, entrenador de la selección Fuente: LA NACION
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8 de octubre de 2018  • 23:59

La selección ofreció en Rusia una de sus peores actuaciones en la historia de los mundiales. Lionel Messi se marchó y nadie se atreve a asegurar que volverá. Lionel Scaloni es el décimo entrenador desde 2004. La AFA asegura que trabaja en la construcción de un proyecto 2018-2028 que nadie explica y pocos se interesan por preguntar. Guatemala e Irak aparecen en la grilla de rivales en esta transición desierta de conceptos y debates. El 2 de agosto pasado el comité ejecutivo de la AFA proclamó la 'obligatoriedad' en la cesión de los futbolistas, pero River y Boca montaron una parodia para negar a Franco Armani y a Cristian Pavón . A nadie le importa la selección, desamparada después del mazazo francés. Cuando lleguen las competencias aparecerán los arribistas de siempre, los triunfalistas seriales que exigirán resultados. Entonces, será tarde. El momento refundacional es ahora, pero solo patean ruinas.

La selección está abandonada. Por los clubes, desde ya, que no ven más allá de sus intereses. Los mezquinos de siempre. Gallardo no tardó en comunicarse con Scaloni para maniatar al entrenador transmitiéndole su preocupación por el largo viaje a Arabia Saudita y martillar sobre la conveniencia de que su arquero se quedase para ampliar los estudios médicos y comenzar la recuperación en Núñez. "No es necesario que la selección juegue tantos partidos", directamente enfatizó Guillermo Barros Schelotto, para ni siquiera maquillar su rapacidad. Y también la selección está desatendida por los futbolistas, que nunca se atreven a subir la voz. Al menos Armani, de cierto modo, expuso a River: "No es nada grave", aclaró sobre su lesión, y no escondió la decepción por no poder sumarse a la gira.

Pero la selección se encuentra especialmente descuidada por la AFA, que se demora en diagramar un programa, un nuevo proceso que evite declaraciones como las que ofreció Scaloni desde Riyadh: "La selección es muy importante, pero el riesgo de que se lesione un jugador también. Somos conscientes de las lesiones y no íbamos a hacer locuras, por eso decidimos que los jugadores se quedasen en sus clubes. Lamentablemente, muchos no han podido venir y, al menor problema, hemos tenido que agachar la cabeza". Y el final de la frase, 'agachar la cabeza', certifica la demolición. La selección acepta su condición de satélite sin prioridades.

La AFA no cuida su activo más valioso con un entrenador interino, absolutamente frágil, obediente de los egoístas manotazos de los clubes. La culpa no es puntualmente de Scaloni, sino de una coyuntura desmantelada. No le hubiese sucedido a Menotti, a Bilardo o a Bielsa. Ni a Martino, que precisamente cuando se sintió desautorizado se marchó. Scaloni, víctima útil del vacío, debe articular un discurso comprensivo en el que seguramente no cree. Sencillamente porque un técnico afirmado y convencido no puede aceptar zancadillas en su gestión. Tampoco tendría que tolerarlo un presidente creíble. Acaso, ¿Claudio 'Chiqui' Tapia salió al cruce de River y Boca para defender a la selección? No. Si es el mismo Tapia el que enfatiza que recién después de diagramar ese plan maestro se buscará al entrenador., pero por otro lado confiesa que tantearon al círculo de Pep Guardiola. Solo desconfiar de la AFA deja a resguardo.

"Por encima de la selección argentina no hay nada", repite Scaloni con una frecuencia que ya no podrá sostener. Todo cruje. Arriba de la selección se agita un oleaje de ingratitud, olvido e incapacidad. El naufragio inevitable.

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