Misterios

Víctor Hugo Ghitta
Edición fotográfica Julián Bongiovanni
Edición fotográfica Julián Bongiovanni Fuente: AFP - Crédito: Mariana Suárez
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9 de octubre de 2018  

Hofn, Islandia.- Hemos observado el espectáculo de la naturaleza desde el amanecer del mundo. Hemos adorado sus extraordinarios fenómenos (la Luna y el Sol, para empezar) con un asombro que anunció el principio de la filosofía. La aurora boreal sigue despertando en nosotros la misma admiración que en los antiguos. Cada pueblo (de los fineses a los vikingos) explicó esa extrañísima luminiscencia, que sucede hacia la medianoche en el fin del otoño, cuando partículas con carga magnética procedentes del Sol alcanzan la atmósfera terrestre, como se explican empecinadamente tantos sucesos celestes: atribuyéndolos a la magia y al encanto de las leyendas. Zorros, cisnes, ballenas y aun valquirias son el improbable origen de ese prodigio, que encandila indistintamente a pobladores y turistas. Se sabe: pese a los rigores de la ciencia, el mundo y sus enigmas pueden ser de los poetas y los locos.

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