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Elecciones en Brasil: el tsunami electoral también cambió el equilibrio de fuerzas en el Congreso

El partido de Bolsonaro será la segunda minoría, detrás del PT; retroceso de los partidos tradicionales
Alberto Armendáriz
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9 de octubre de 2018  

RÍO DE JANEIRO.- Contra todos los pronósticos, el "tsunami" Jair Bolsonaro arrolló también al Congreso, donde produjo elevadas olas de renovación y logró convertir su minúsculo Partido Social Liberal (PSL) en toda una potencia parlamentaria.

El PSL, al que Bolsonaro se afilió recién en marzo, después de negociar infructuosamente con varias otras fuerzas, pasará de tener ahora ocho miembros en la Cámara de Diputados a 52 a partir del 1º de enero, entre ellos uno de sus hijos, Eduardo, que ganó la reelección con 1.751.000 votos, el mayor caudal logrado en la historia de Brasil por un representante en la Cámara baja.

En el Senado, donde el PSL no contaba con ningún escaño, irrumpirá con cuatro senadores, entre ellos otro de los hijos del exmilitar, Flavio.

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Este nuevo escenario ofrecería ciertas garantías de gobernabilidad a Bolsonaro en caso de que gane la presidencia en el ballottage que disputará el 28 de octubre con el exalcalde de San Pablo Fernando Haddad , del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT). Antes, los sondeos presagiaban pocos cambios en el Congreso y problemas en su relación con el probable nuevo ocupante del Palacio del Planalto.

Los comicios de anteayer, sin embargo, introdujeron una alta tasa de renovación, tanto en la elección de los 513 integrantes de la Cámara baja como en la de las 54 bancas que estaban en juego en el Senado. En Diputados, la tasa de renovación llegó a un 53%, mientras que en el Senado fue de un inédito 85%. En ambas cámaras, se dio un efecto de pulverización de las fuerzas representadas: en Diputados se pasó de 25 a 30 partidos con bancas, y en el Senado de 15 a 21.

Pese a acentuar su tendencia a la reducción de su peso en el Congreso, el PT se mantendrá como la mayor bancada en la Cámara de Diputados, donde pasará de 61 miembros actuales a 56. Otras fuerzas tradicionales, como el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), del actual presidente Michel Temer , y el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), del exmandatario Fernando Henrique Cardoso, sufrieron también significativos golpes.

Con sus votos, los brasileños castigaron a muchos legisladores que estaban investigados por corrupción y se volvieron conocidos por la operación Lava Jato. Menos de la mitad de los diputados que buscaban la reelección (240) la consiguieron. En el Senado, apenas ocho de los 32 que pretendían ser reelegidos lograron mantener sus bancas; habrá así 46 caras nuevas.

El MDB continuará como la mayor bancada en el Senado, pero reducida de 18 para 12 senadores. El PSDB, que hoy tiene 12 bancas, se reducirá a 8. Y el PT perdió tres miembros, de 9 a 6.

Varias figuras tradicionales quedaron fuera del Congreso. La destituida expresidenta petista Dilma Rousseff no logró entrar al Senado en representación de Minas Gerais. En San Pablo, donde ahora es concejal, el exsenador Eduardo Suplicy tampoco consiguió volver a la Cámara alta, y en Río de Janeiro, el hasta ahora senador Luiz Lindbergh Farias perdió la reelección.

En todo el Congreso, en cambio, sí fueron elegidos varios otros pastores, exmilitares y expolicías, así como varios líderes de grupos civiles de derecha que encabezaron las manifestaciones a favor del impeachment de Dilma en 2016, como Kim Kataguiri, del Movimiento Brasil Libre, y Carla Zambelli, de Nas Ruas; ambos ganaron escaños como diputados.

"Lo que vemos es una expresión del deseo de renovación que tenía la sociedad, aunque aún queda por ver si en la práctica todos estos nuevos legisladores representan un cambio con las costumbres de la 'vieja política'", resaltó a LA NACION Sylvio Costa, fundador de la ONG Congreso en Foco, que monitorea las actividades en el Parlamento.

Para Costa, muchos de los nuevos miembros que entrarán al Congreso son de perfil muy conservador y tono radicalizado de derecha, lo que puede generar tensiones en las negociaciones, sobre todo por la reducción de los partidos tradicionales del centro ideológico, que actúan como moderadores.

"La fragmentación tan grande de fuerzas que vemos y la radicalización que se percibe en el discurso de muchos de los nuevos parlamentarios pueden crear un ambiente propicio para la exacerbación de los conflictos y un riesgo para la democracia", advirtió.

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