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El nuevo satélite argentino completó su despliegue a la perfección

Nora Bär
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9 de octubre de 2018  

"Me acaban de avisar que terminamos de desplegar la antena del radar. No podíamos haber pedido más. Está funcionando todo como un mecanismo de relojería. ¡Estoy contentísimo! Es impresionante el trabajo de toda la gente, enorme. Estaba superconfiado en que iba a andar todo bien, pero siempre hay un resto de incertidumbre".

Crédito: SpaceX vía AP

Después de dos jornadas intensas en la Base Vandenberg de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, sobre la costa de California, Raúl Kulichevsky, director ejecutivo y técnico de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), no podía ocultar su entusiasmo. Minutos antes acababa de completarse una de las maniobras cruciales de la puesta en órbita del nuevo satélite científico argentino, el Saocom 1A: el despliegue de los siete paneles de la antena del radar de 35 m2, una operación que se realizó durante varias horas enviando los comandos desde la base terrena de la Conae, en Córdoba.

El lanzamiento del SAOCOM 1-A - Fuente: Twitter

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Crédito: avid McNew/Getty Images/AFP

"Hace 14 años que trabajo en el Saocom. No termino de caer: es una emoción enorme -coincidió eufórico desde Falda del Carmen Roque Bevilacqua, ingeniero en sistemas de Saocom por Invap, donde se desarrollaron el corazón y el cerebro del satélite-. Habíamos probado la maniobra varias veces en tierra, y viene saliendo todo tal como estaba planeado".

Crédito: SPACEX / AFP

"En efecto -corroboró Jorge Medina, jefe de ingeniería del proyecto-, la antena se desplegó por completo varias horas antes de lo previsto. El Saocom se está portando de maravillas, dentro de los valores previstos y más. Las campañas de ensayo, tanto en Bariloche como en Vandenberg, fueron un trámite".

Visión artística del Saocom con sus paneles solares y su antena desplegados
Visión artística del Saocom con sus paneles solares y su antena desplegados Crédito: Conae

Tras un lanzamiento impecable, el quinto satélite científico de la Conae fue puesto en órbita por un lanzador Falcon 9 de la empresa Space X. Miembro de una familia de aparatos de nueva generación, el Falcon 9 se recuperó minutos más tarde ¡a 200 metros de donde había partido! gracias a un aterrizaje vertical que por primera vez se realizó en la costa oeste del continente.

Crédito: Joe Johnston/The Tribune (of San Luis Obispo) via AP

El despegue estaba previsto para el sábado a la noche, pero Space X había pedido aplazarlo hasta anteayer "para asegurar un lanzamiento exitoso". Durante las ocho horas de la cuenta regresiva, volvieron a chequearse todos los sistemas, tanto del satélite como del lanzador, antes de dar la tradicional señal de ¡Liftoff! y activar los motores. La compañía había advertido a los residentes en la zona que, al regresar a la Tierra, el cohete provocaría un shock sónico porque regresa a una velocidad mayor que la del sonido.

Crédito: SPACEX / AFP

Paso a paso

Doce minutos después de la partida, el satélite se separó del lanzador y ese evento automáticamente disparó el despliegue de los paneles solares de 12 metros cuadrados.

Tres minutos más tarde, se "liberó" la antena gracias a una pequeña explosión en las tuercas que la sujetaban para que no se dañara por las vibraciones del lanzamiento. Y unas horas después comenzó a "estirar" su antena, la más grande en el espacio para una misión civil.

Crédito: David McNew/Getty Images/AFP

"El lanzamiento resultó tan impecable que fue como si lo hubieran colocado en órbita con la mano -explicó Medina-: quedó solo dos kilómetros más arriba de lo calculado, nada... Ahora hay que llevar el satélite a su 'modo de actitud', para que quede siempre mirando hacia la Tierra, porque cuando lo lanzamos lo dejamos dando una vuelta sobre sí mismo cada vez que completa un giro en torno del planeta, como si fuera un pollo al spiedo. Eso hace que reciba radiación solar en forma homogénea. Ahora que la antena ya está totalmente desplegada, tenemos que 'apuntar' el satélite para que quede en la posición en la que se mantendrá el resto de su vida".

Crédito: Gene Blevins/ZUMA Wire/dpa

Desde sus primeros instantes en órbita, el satélite está comunicado con las estaciones terrenas de Córdoba, Svalbard, Malindi (en Kenya) y Tolhuin, en Tierra del Fuego. Esta última tuvo su bautismo con esta misión. Junto con su gemelo, que será lanzado el año próximo, el Saocom 1A integrará la constelación Siasge (Sistema Ítalo Argentino para la Gestión de Emergencias), compuesta también por cuatro satélites Cosmo-SkyMed, de la Agencia Espacial Italiana.

Crédito: Gentileza INTA

Con tres toneladas de peso, es el más complejo y ambicioso que se haya construido en el país. Fue desarrollado a lo largo de más de una década por todo el sistema científico y tecnológico local (se calcula que intervinieron unos 600 científicos e ingenieros en su diseño e integración) y lo distingue su radar de 10 metros por 3,5 metros, que trabaja en la banda L, penetra hasta dos metros en el suelo y puede "ver" de día y de noche, y aunque esté nublado.

Con una resolución de entre 10 y 100 metros, es considerado el más moderno en su tipo y ofrecerá información valiosa sobre la humedad del suelo, inundaciones, sequías, el contenido de agua en el nivel de las raíces de los campos plantados con soja y desplazamientos de terreno, entre otros datos críticos para la producción y la gestión de emergencias.

Crédito: David McNew/Getty Images/AFP

A 24 horas de lanzado, ya se completaron las pruebas más difíciles y de aquí en más el instrumento deberá calibrarse durante varios meses antes de que se puedan distribuir imágenes. "En dos semanas empezamos a aprender a configurar el radar, un instrumento muy, muy complejo", comentó Lucas Bruno, responsable de operaciones de la Conae. Se trata del primero de apertura sintética diseñado y construido completamente en la Argentina.

"Hay tanta gente que interviene haciendo cada partecita del proyecto que es increíble que finalmente funcione -dijo Héctor "Cacho" Otheguy, presidente del directorio de Invap-. Pensar que un aparato desarrollado por nosotros se está desplazando a 25.000 km por hora y a 620 km de altura, que envía una señal que se va atenuando a lo largo de ese viaje, de la cual una parte se absorbe y lo que rebota asciende de nuevo esos 620 km, tiene que ser detectada, acumulada en la computadora, bajada a las estaciones terrenas, donde se la procesa, y de eso se obtiene información útil... Para mí, aunque sea físico, siempre fue como una especie de magia".

"Son momentos en los que uno se siente verdaderamente satisfecho -dijo Kulichevsky-. Fue un trabajo de una intensidad y una profundidad extraordinarias. Varios de los más jóvenes me dijeron: 'Después del nacimiento de mi hijo, esto fue lo más emocionante que viví'".

Conrado Varotto, que hasta hace muy poco era el director ejecutivo de la Conae y factótum del proyecto, confesó: "Nos quedamos toda la noche levantados. La pasión de los chicos es impresionante, emociona".

Edición fotográfica: Fernanda Corbani

Por: Nora Bär

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