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Jugar a ser olímpico: sobre cómo un niño puede elegir un arco y flecha antes que el fútbol

Tiro con arco, en el Parque Sarmiento, una de las escuelas de iniciación deportiva que se despliegan en los Juegos
Tiro con arco, en el Parque Sarmiento, una de las escuelas de iniciación deportiva que se despliegan en los Juegos Crédito: Prensa Buenos Aires 2018
Germán Leza
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9 de octubre de 2018  • 08:00

"Niño, deja ya de joder con la pelota", dice Joan Manuel Serrat en su célebre tema "Esos locos bajitos". Difícil que en el imaginario del cantautor catalán hubiese pensado en una garrocha, en una raqueta de badminton, en un sable de esgrima o en un arco y flecha. Los Juegos Olímpicos ayudan a pensar en otro horizonte de expectativas. Es cierto, los elementos mencionados son más costosos y la economía del hogar lo hace difícil. ¿Pero por qué no soñarlo?

30.000 estudiantes de jardín de infantes y del primario de la escuela pública se acercaron ayer al Parque Olímpico. En total, 200.000 visitarán en la semana las sedes de los Juegos Olímpicos de la Juventud. La idea de la organización de Buenos Aires 2018 es que aquellos deportes menos conocidos por los argentinos estén al alcance de los más chicos. En todos los parques hay clínicas de iniciación deportiva, donde las niñas y niños pueden practicar deportes que la enseñanza pública no ofrece.

"¡Tambores, tambores!", alardea el profe y exjudoca Rodrigo Larragle. Los chicos de sala de 5 responden efusivamente golpeando el tatami con las manos. Entonces, se viene la primera demostración que deja atónitos a los más pequeños. "La profe –señala a su colega Melisa Rodríguez, 1, 59 metros de altura, exjudoca de la selección argentina y profesora del club de judo San Francisco Javier- que es muy chiquita pero que es muy poderosa va a tirarlo a Nico –Nicolás Molinaro, profesor del Club Quilmes, que mide 1, 87 metros–, que es más alto", anuncia Rodrigo. Melisa hace la toma y se escucha fuerte la caída de Nicolás. "Uuuh", dicen los chicos. "Y ahora me va a tirar que peso 65 kg…- Rodrigo hace una pausa; su fisonomía indica otra realidad – Bueno, está bien, 110 kilos", bromea.

Melisa desparrama por el aire a su contrincante y otra vez los chicos quedan atónitos. "Pero cómo lo va a tirar a él que es más pesado", les grita, incrédulo, Ademar, de cinco años. Estallan las risas de los maestros y de los curiosos que pasan y se quedan observando. Los profes les dicen que eso se puede hacer gracias a que en el judo se usa la fuerza del otro. Y relanzan la puesta. Ahora es la pequeña Naomi de cinco años quien tiene que lanzar a Melisa. Y lo hace. La niña no sale de su asombro y se le dibuja una sonrisa que va estirando tímidamente.

La humedad y los 27 grados que pesaban sobre el Parque Olímpico hicieron que más de uno de los chicos la pasara mal. Alguno debió ser atendido con hielo en la cabeza y el agua en botellas escaseó. Sin dudas, la iniciativa de la organización de Buenos Aires 2018 es bienvenida, especialmente porque a esa edad difícilmente los niños lo olviden y quién sabe si no despierten las ganas a más de uno de practicar deportes olímpicos. Pero sería conveniente atender tales detalles para que la experiencia sea plena para estudiantes y maestros, quienes estoicamente acompañaron al alumnado. "Desde la mañana preguntan cuándo nos vamos", le cuenta la docente Graciela a LA NACION. "Está bastante bien organizado", evaluó la docente que se acercó con sus alumnos a presenciar las competencias de levantamiento de pesas, en el Pabellón Europa del Parque Olímpico.

"Esto es una experiencia hermosa para los chicos", destaca el profe y exjudoca Rodrigo. "Para iniciación deportiva es uno de los mejores deportes –interviene Marisa- porque permite el control y manejo del cuerpo", reflexiona la exjudoca formoseña, quien es amiga de Paula Pareto y suele ayudarla a entrenarse. Lautaro Avakián, coordinador de la actividad, profesor en el club Racing y preparador físico de la selección de judo de la Argentina, se suma a las palabras de Marisa.

Mientras tanto, la misma escena de entusiasmo se repite en otras clínicas de iniciación deportiva como en el pentatlón moderno, la gimnasia o el karate. Los estudiantes se motivan con los arcos y la flecha de tiro con arco, levantan pesas y ensayan lanzamiento de jabalina con un elemento adaptado. No es cierto que a las chicas y a los chicos lo único que les interesa sea fútbol.

Es hora de terminar. Como se activó una alerta por lluvias, las actividades debieron interrumpirse un poco antes de lo previsto. "Ahora vamos a hacer el saludo japonés", dice el gentil gigante Rodrigo, quien mide 1,90 metros. Las chicas y chicos, sentados sobre sus pantorrillas, lo miran desde abajo y se paran. "Las manos al costado", ordena, serio, Rodrigo. Los pequeños acceden e inclinan sus cabecitas respetuosamente.

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