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Buenos Aires 2018: Broly, el chico que ama Dragon Ball Z por herencia paterna y despertó admiración en el breaking

La destreza de Mariano Carvajal, en el Parque Urbano de Puerto Madero.
La destreza de Mariano Carvajal, en el Parque Urbano de Puerto Madero. Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Matías Baldo
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9 de octubre de 2018  • 23:59

La historia de Mariano Carvajal, el primer representante masculino de Argentina en el breaking que celebró su debut en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018, es una historia de herencias: de su papá Yovany recibió la pasión por el break dance y por el animé.

"Mariano tenía cuatro años, yo estaba dando clases y él se cruzó al salón donde estábamos entrenando con mis alumnos. De repente empezó a practicar y yo lo miraba de reojo, nunca había pensado en que fuera a bailar. Pero arrancó y en dos años sacó todo lo que yo había aprendido en seis. Me di cuenta que daba para más y decidí acompañarlo", recuerda Yovany a LA NACION mientras su hijo es sometido a una pregunta tras otra en la zona mixta del Parque Urbano emplazado en Puerto Madero.

De Nueva York a Río Negro, Yovany conoció la cultura urbana que comenzó a principios de los setenta en el Bronx y empezó a bailar en 1986 hasta que en una presentación se quebró el brazo derecho. Lesionado, interrumpió su actividad y entró a trabajar en una fábrica pese a la insistencia de su hermano: "Él falleció en 2002. Años antes me había pedido que volviera a bailar, que diera clases. Renuncié a la fábrica, en 2003 presenté un proyecto y en 2004 empecé a dar clases". Mariano fue uno de sus primeros alumnos y catorce años después representó a su país en unos Juegos Olímpicos.

"Yo nunca competí, apenas dábamos presentaciones. Era difícil en ese entonces, no teníamos plata, estábamos en la calle. Yo trabajaba y otros chicos estudiaban. A él decidí llevarlo a todos lados porque quería que no se perdiera todo lo que yo me perdí. Estar en unos Juegos Olímpicos es algo monstruoso, muy gratificante. Todo lo que hicimos no fue en vano", explica Yovany, entre la emoción y el orgullo.

Mariano es Broly, el nombre de batalla que eligió de chico, un homenaje a un villano de la popular serie Dragon Ball Z, el dibujo animado favorito de su papá: "Yo soy fanático de Dragon Ball, tengo 42 años y no me da vergüenza decirlo", se ríe Yovany.

"En una película apareció un villano re poderoso que se llama Broly. Yo era chiquitito y le dije a mi viejo que me ponía Broly porque no encontrábamos otro apodo", rememora Mariano, minutos después de haber caído en los cuartos de final de la competencia de breaking frente al francés B-Boy Martín.

Mariano es Broly, el nombre de batalla que eligió de chico, un homenaje a un villano de la popular serie Dragon Ball Z, el dibujo animado favorito de su papá.

El sendero hasta convertirse en un atleta olímpico empezó por casualidad: "No le daba mucha bola porque era un hobby, un pasatiempo. Pero en 2009 me lo empecé a tomar más en serio, más profesional. No podía estar sin bailar. Quería hacer otras cosas, jugar al fútbol o al handball, pero no podía. Quería bailar. Hoy el breaking es mi vida, todo gira en torno al breaking".

El breaking es uno de los nuevos deportes que el Comité Olímpico Internacional incluyó en la presente edición de los Juegos Olímpicos de la Juventud. Sobre el escenario montado en el mismo estadio en el que se disputa el básquet de tres contra tres compitieron 12 B-Boys y 12 B-Girls, acrónimo que se fija antes de cada nombre artístico y que hace referencia a la persona que baila (breaker boy o girl). Entonces, Mariano fue anunciado durante su participación como B-Boy Broly. La mendocina Valeria González, la representante nacional femenina que no pasó el corte para las finales, es B-Girl Vale.

Valeria González y Mariano Carvajal, en el Parque Urbano de Puerto Madero.
Valeria González y Mariano Carvajal, en el Parque Urbano de Puerto Madero. Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Para elegir a los participantes de su primera edición olímpica, la Federación Mundial de Baile Deportivo solicitó a través de su página que los bailarines nacidos entre el 2000 y el 2002 enviaran un video de 40 segundos para hacer una preselección de aquellos que competirían en un torneo clasificatorio en Japón. Mariano y Valeria fueron seleccionados entre más de mil videos de 81 países distintos, viajaron a Japón y fueron uno de los doce que consiguieron un boleto para la justa olímpica.

Mariano, B-Boy Broly, es oriundo de General Fernández Oro, una ciudad de 19.000 habitantes ubicada en Río Negro: "En mi pueblo somos tres que bailamos, contándome a mi aunque ya entreno solo". Mientras cursa el último año de una escuela industrial, se entrena todos los días en el gimnasio, hace una hora y media de calistenia y entre dos o tres horas de breaking por día". Su hermana Julieta es B-Girl Estrellita, tiene 17 años y estuvo cerca de disputar los Juegos Olímpicos. Además, tiene un hermano de un año y once meses que, según Broly, será su pupilo.

Para participar de los Juegos Olímpicos debió pedirse dos semanas en el colegio. Su papá, también su entrenador, no lo pudo acompañar porque tenía que cuidar a su hermano de un año y once meses. Broly viajó a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entrenó en el CENARD bajo las órdenes de Jeremías Sosa (entrenador de B-Girl Vale) y compitió frente a los mejores del mundo.

Broly aseguró su presencia en la final tras un domingo en el que finalizó en la séptima posición. En cuartos de final enfrentó a B-Boy Martin, segundo en la clasificación general y a la postre subcampeón olímpico. El francés se impuso por 3-1 en su combate y dejó al argentino sin chances de medalla.

El Parque Urbano de Puerto Madero, colmado para ver la competencia de breaking.
El Parque Urbano de Puerto Madero, colmado para ver la competencia de breaking. Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Consumada su faena, se reencontró con su papá después de tres semanas en un abrazo eterno. "Le dije que lo amo. Le agradecí por traerme acá. Yo le debo todo a él, aunque él me diga que él me debe a mi, es al revés", confesó Yovany.

El breaking consiste en una batalla entre dos participantes que se miden en una cantidad establecida de rondas. Cada uno de los rounds es juzgado por cinco jueces y dos árbitros que según seis criterios establecen quien gana cada asalto. En un deporte de total subjetividad, se utilizan seis criterios: creatividad, personalidad, técnica, variedad, actuación y musicalidad.

"Es muy difícil de explicar", analiza Broly, "No siempre ganás por un truco o un movimiento espectacular que sorprenda. Eso cualquiera lo puede hacer y que uno no lo haga es porque ya es normal y elige no hacerlo. A lo que apuntamos es la fluidez en el footwoork, que es cuando bajás a bailar". Yovany profundiza: "La musicalidad, los movimientos que uno hace al compás de la música, son importantes".

Cara a cara, uno de los dos protagonistas empieza su turno y baila mientras el otro lo observa, siempre con gestualidad callejera y provocativa, aunque es todo parte del show. Todo es improvisación porque ninguno de los dos conoce la música que el DJ pondrá en cada asalto. "Conocemos los temas pero nunca sabemos qué canción van a poner, entonces hay que improvisar", define Broly.

El breaking es uno de los nuevos deportes que el Comité Olímpico Internacional incluyó en la presente edición de los Juegos Olímpicos de la Juventud. Sobre el escenario montado en el mismo estadio en el que se disputa el básquet de tres contra tres compitieron 12 B-Boys y 12 B-Girls.

Mientras la etapa inicial consistió en dos rounds, la ronda de nocaut fue a cuatro con noventa segundos de descanso entre los primeros y los últimos dos asaltos. El ruso Bumblebee se impuso entre los hombres, mientras que la japonesa Ram se consagró en la disciplina femenina.

Pese a su eliminación en cuartos, Broly se fue feliz a la espera de la competencia mixta que comenzará este miércoles. Su pareja se decidirá de acuerdo al ranking final de ambas modalidades: el campeón masculino compartirá equipo con la peor de las doce mujeres y así sucesivamente.

Mariano, quien admira a Vicious Victor, Kid David y Crazy Legs -uno de los jurados del certamen-, describió su paso olímpico como "el mejor momento" de su vida y apunta a seguir creciendo a futuro: "Quiero ir a competir a otro país a eventos internacionales. Me voy a preparar más que nunca. Quiero llegar a la Red Bull BC One, uno de los eventos más grandes del mundo".

Además de despertar el cariño de los fanáticos que ovacionaron cada paso de su compatriota, Broly se ganó la atención del mundo y recibirá apoyo para seguir con su carrera: "Esto recién empieza para él. Ha hecho muchos contactos, va a seguir y lo voy a seguir apoyando. Todavía no puedo decirlo pero tendrá el apoyo de un sponsor después de los Juegos Olímpicos. Llegó lejos pero vamos a seguir por más", apunta Yovany.

Con su sueño olímpico cumplido, Mariano seguirá la carrera que heredó de su papá con el apodo que surgió a partir del fanatismo de Yovany por Dragon Ball Z. "Hay mucha conexión entre él y yo", cierra Yovany antes de fundirse en otro abrazo con Broly, ya liberado de los medios.

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