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El cambio climático es una catástrofe global también para la salud

Ricardo Lagos
Ricardo Lagos PARA LA NACION
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10 de octubre de 2018  • 01:41

El cambio climático representa una amenaza catastrófica para la biodiversidad de nuestro planeta, para la integridad de nuestro sistema económico e, incluso, para los valores sobre los que se construye nuestra humanidad.

Como muestra el nuevo reporte del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), esta amenaza es muy real y estamos perdiendo la batalla para mantener los aumentos de la temperatura cerca del objetivo del Acuerdo Climático de París de 1,5°C.

En The Elders, creemos que este no es un desafío que pueda dejarse solo a los científicos del clima y defensores del medioambiente: es una batalla a la que deben unirse todos aquellos que estén interesados en nuestra supervivencia futura. Nuestra existencia a largo plazo en este planeta depende de ello. El cambio climático amenaza la enorme cantidad de progreso logrado en salud y desarrollo en el último medio siglo, amenaza con revertir los beneficios objetivos a través de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODS), y amenaza con socavar todos y cada uno de los esfuerzos para alcanzar esos objetivos, relacionados o no con la salud.

Pero, esta no es solo una preocupación de cara al futuro. El impacto del cambio climático en la salud de la humanidad está sucediendo ahora, hoy. La fuerza del Huracán Florence y el Súper Tifón Mangkhut, y las olas de calor que hemos visto en los últimos meses en California y en el hemisferio norte representan la nueva normalidad. Son fenómenos más extremos, que duran más y llegan más lejos debido al cambio climático.

Estos no son solo incidentes aislados. Las proyecciones a largo plazo muestran que, a medida que cambia el clima de la Tierra, cada vez más personas estarán expuestas a las olas de calor. En 2016, más de 150 millones de personas estuvieron expuestas a condiciones de calor amenazantes para la vida, y la amenaza es particularmente aguda para los jóvenes, los ancianos, los discapacitados y los pobres.

El efecto físico del aumento de las temperaturas expulsó del trabajo a un millón de personas en 2016, y la OMS estima que se pierden 7 millones de vidas cada año debido a la contaminación del aire causada y exacerbada por una de las principales fuentes del cambio climático: la quema de combustibles fósiles.

Los desastres naturales relacionados con el clima también han aumentado, con un estimado de 22,5 millones de personas desplazadas anualmente como resultado. Si a eso se le agrega el aumento de los períodos de transmisión de enfermedades infecciosas y la disminución de los rendimientos de los cultivos básicos, es posible ver hasta qué punto el cambio climático ya ha afectado nuestra salud.

Hacia adelante, la OMS predice que los costos financieros de la salud de nuestro clima cambiante se estiman entre 2 y 4 mil millones de dólares por año para 2030 y, si no cambiamos el curso, se puede esperar que el cambio climático cause aproximadamente 250.000 muertes al año entre 2030 y 2050, la mayoría de las cuales ocurrirá en el mundo en desarrollo.

Estas son cifras nefastas que cuentan la historia humana del cambio climático. Si queremos retener y construir sobre los logros conseguidos para el bienestar humano en los últimos 50 años, debemos actuar con la mayor urgencia.

Enfrentar este desafío requerirá la voluntad política de comprometer una inversión financiera sustancial en infraestructura de salud resiliente al clima; significa incorporar la mitigación, la reacción y la adaptación al cambio climático en la planificación sanitaria a largo plazo y garantizar que las políticas ambientales y económicas se centren en las necesidades de la salud.

The Elders cree que una gran parte de esta inversión debe destinarse a una Cobertura Universal de Salud (UHC, por sus siglas en inglés), ya que estamos convencidos de que proporcionar atención médica universal es uno de los impulsores más importantes del desarrollo y un medio crucial para abordar los impactos del cambio climático en la salud.

La profesión de la salud y el sistema del cuidado de la salud deben estar a la vanguardia de esta lucha. La comunidad de la salud pública debe dar un paso al frente y poner el clima a la vanguardia de su propia agenda. El tema debe estar incrustado en cada decisión de gestión, en cada reforma de política, en cada juicio médico que la profesión de la salud hace: porque no hacerlo sería socavar sus propias nobles ideas de seguridad pública, bienestar del paciente y prevención de la mala salud.

Esto significa abordar el impacto climático del sistema de salud en sí mismo, al igual que la necesidad de brindar atención centrada en el clima y planificar políticas resilientes al clima. No debemos olvidar que el sistema de salud en sí mismo es un gran contribuyente al cambio climático.

Una manera práctica de abordar simultáneamente cambio climático y salud es dejar de subvencionar productos dañinos como los combustibles fósiles y, en su lugar, redirigir parte de este dinero a la financiación de una UHC resiliente al clima. Esto sería hacerse cargo de las consecuencias para la salud del uso de los combustibles fósiles, en lugar de exacerbarlas, y es el estilo de iniciativas que se necesitan si queremos tomar en serio la realización de la salud como un derecho humano en un mundo asediado por el cambio climático.

El posible aumento del precio de la energía para los consumidores que reducen los subsidios a los combustibles fósiles lleva a que muchos gobiernos estén preocupados por los costos políticos de implementar esta política. Temen perder popularidad y, por lo tanto, votos. Pero las rápidas reformas universales de la salud son populares en todo el mundo: suavizar la noticia del aumento de los precios a la energía redirigiendo dichos fondos hacia una cobertura de salud gratuita es una estrategia política inteligente. Además, brinda a los gobiernos la oportunidad de abordar varios de los Objetivos de Desarrollo del Milenio simultáneamente, al reducir la pobreza, mejorar la salud, luchar contra la desigualdad y combatir el cambio climático.

Nuestra salud como comunidad y como individuosdebe ser el campo de batalla de primera línea en la lucha de la humanidad contra el cambio climático. Es una lucha de la que nadie está exento y que será ganada o perdida tanto por los responsables de nuestra salud, como por los responsables de nuestro medioambiente y nuestra economía.

Expresidente de Chile y miembro de The Elders

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