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Cuestionario Sehinkman: Luis Brandoni

Diego Sehinkman
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14 de octubre de 2018  

El enorme actor enfrenta esta semana las preguntas de nuestro psicólogo y periodista. El recuerdo del exilio y el riesgo de volver, el rejuvenecimiento que provocan los nietos y el orgullo de destacarse en todos los géneros.

-Si la personalidad fuera como una aplicación de celular y uno pudiera actualizarse, ¿qué mejoras vendrían en una nueva versión de vos mismo?

-En primer lugar tengo que decir que no tengo ninguna afición por las aplicaciones ni por esa tecnología. ¿Qué cosa podría mejorarse de mí mismo? Nada. ¿Y sabés por qué? Porque yo soy lo que pude ser. No aspiré a otra cosa. Si alguna aspiración tuve, fue la de tener una familia y lo hice. Y quise ser actor y mis padres me lo admitieron, a pesar de los riesgos que eso implicaba. Hace 54 años que vivo de mi profesión y en ese sentido estoy bastante satisfecho.

-Escribile una breve carta a tu ego. Contale qué pensás del tamaño que desarrolló (o no desarrolló). Indicale qué esperás de él.

-Querido ego: tal vez hiciste las cosas de una manera disimulada porque debés existir, seguramente, pero no estás muy expuesto. Lo has hecho bastante bien y has tenido aspiraciones módicas en tu vida, de modo que lo que te digo es que te mantengas así hasta el último acto.

-¿Por qué creés que te contratan?

-Porque tengo talento para ser actor. A mí me criaron en el conservatorio y ahí aprendí lo que me decían mis maestros: que un actor tiene que ser capaz de abordar todos los géneros. Y eso es lo que he tratado de hacer durante mi vida.

-Completá esta oración: "Dentro de un grupo -que puede ser laboral o social- mi rol suele ser el de."

-El de tener siempre iniciativa.

-¿Te acordás de esa frase "era por abajo, Palacio" cuando erró en el Mundial? Si pudieras volver atrás un momento de tu vida, una jugada donde erraste la decisión, ¿cuál sería y cómo deberías haberla definido?

-La pregunta es compleja porque tendría que rebobinar mis 78 años de historia. Lo que yo no me puedo imputar es responsabilidad en cosas que he vivido y que no las esperaba. Por ejemplo, cuando a mí me amenaza la Triple A y me tuve que ir, forzado porque no quería irme, fui a México y a los diez meses volví corriendo un gran riesgo. Como salió bien volvería a hacer lo mismo. Pero, ¿y si me salía mal?

-Ejercicio de poder real: si te nombraran ministro o secretario de algún área, ¿cuál sería el primer cambio concreto y posible que implementarías?

-Trataría de recuperar el lenguaje que nos corresponde, que es el español. Intentaría evitar algunos reflejos de una suerte de colonización cultural que estamos padeciendo. Por ejemplo, la utilización de palabras en otro idioma. O de tratar de emular programaciones de televisión que no nos pertenecen. Esa tontería de ponerle a un quiosco open en vez de abierto me parece un despropósito. Decir acoso u hostigamiento es mejor que bullying, por ejemplo. Ojo que hay mucha gente que no entiende esas palabras en inglés, pero no lo dice porque le da vergüenza. Y en la televisión faltan cosas que eran muy gratas para todos nosotros: los programas musicales, los programas cómicos, la versión televisiva de obras teatrales. Cosas que eran normales hasta hace unos años.

-Un recital o concierto inolvidable:

-Cuando me colé en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín en una grabación que hicieron Rudolf Nuréyev y Margot Fonteyn con el teatro vacío. Como yo estaba trabajando en ese teatro me colé y pude verlos. Fue inolvidable.

-Un momento de felicidad inolvidable:

-Los nacimientos de mis hijos. Y la alegría inmensa y el rejuvenecimiento que me produjo la llegada de mis nietos.

-Un papelón inolvidable:

-Un día, hace muchos años, en la Comedia Nacional me quedé dormido y no pude entrar a escena. Estaba haciendo Las mujeres sabias, de Molière. Estuve a punto de morir. ¿Qué me pasó? Yo había grabado toda la noche en Canal 7 una obra de teatro argentino. Se grababa en trasnoche y al día siguiente teníamos la función del domingo. Como tenía un acto y pico sin entrar a escena me tiré en la alfombra del camarín y me quedé dormido. Un compañero del camarín no me despertó. Una cosa espantosa, una verdadera pesadilla.

-Recordá una foto tuya de chiquito. ¿Qué recomendación le darías hoy, con tu experiencia, a aquel pequeño Luis Brandoni?

-Hay una foto mía donde estoy en brazos de mi padre. Yo tendría ocho o nueve meses. Él sonríe y me tiene como un trofeo. Le diría a ese pequeño Brandoni que le haga caso a su papá, un gran hombre. Generoso, hospitalario y decente.

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