De México '68 a Buenos Aires 2018

Ezequiel Fernández Moores
Fuente: LA NACION
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9 de octubre de 2018  • 23:59

La formidable velocista estadounidense Wyomia Tyus sabe que el primer desembarco histórico del olimpismo en Latinoamérica, los Juegos de México 68, acaban de bañarse en sangre. El gobierno minimiza la masacre. Grandes medios hablan de "enfrentamiento" y cuentan apenas algunas muertos. Tyus sabe que es más grave. Trece días después, anota un nuevo record mundial y se convierte en la primera mujer de la historia bicampeona de los 100 metros. Su decisión de correr con un short negro es un aviso del podio del Black Power que sacudirá al mundo un día después. Quiere hablar. Pero nadie le pregunta por su short y mucho menos por Tlatelolco. Fue la masacre que precedió a México 68. Los primeros Juegos en América Latina que cumplen este viernes cincuenta años.

"Tuvo que pasar medio siglo para que por fin un periodista me preguntara sobre Tlatelolco", le dice Tyus a Juan Manuel Vázquez, del diario La Jornada. Tyus está en el DF por los cincuenta años de México 68. Previo a su arribo a Buenos Aires, por los Juegos de la Juventud, también visita el DF. Thomas Bach, presidente alemán del Comité Olímpico Internacional (COI). Su predecesor Avery Brundage inauguró México 68 apenas diez días después de la masacre. Los llamó los "Juegos de la Paz". Es el año del Mayo francés. De tanques soviéticos en Praga, masacre de My Lai y asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy. Los estudiantes mexicanos llevan meses de protestas, huelgas y tomas. Acorralados como ratas, mueren acribillados desde helicópteros, tanques, francotiradores y soldados. Quince mil disparos en 62 minutos. Sabemos ya desde hace años que al menos trescientos fueron asesinados. Pero, igual que Brundage, Bach vuelve a decir que México 68 fueron "los Juegos de la Paz". "Ustedes -dice Bach a los mexicanos en su visita de días atrás- nos enseñan a competir en paz, así se puede ver que el mundo puede vivir en paz y armonía".

Una semana más tarde, miles de personas marchan a la Plaza de las Tres Culturas, escenario de la masacre, bajo la consigna "Nunca más". Leen los nombres de las víctimas. "¡Presente!", acompaña la multitud. Hay familiares de los 43 estudiantes de Ayotzinapa asesinados en 2014. Recitan "Memorial de Tlatelolco", poema mítico de Rosario Castellanos. "¿Quién es el que mata? ¿Quiénes los que mueren?... Nadie. Al día siguiente, nadie. La plaza amaneció barrida; los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo". Los Juegos del 68 fueron una fiesta. La atleta Norma Enriqueta Basilio Sotelo, de 20 años, se convirtió en la primera mujer en la historia que encendió un pebetero olímpico. Pionero, México alternó competencias con actividades culturales, artísticas y hasta científicas. Fuego olímpico en Teotihuacán. Arquitectura de vanguardia. Mil mariachis en la clausura. Atletas mexicanos ganaron nueve medallas. La estrella fue la gimnasta checa Vera Caslavska, cuatros medallas de oro y dos de plata. Asombró al ritmo de "Allá en el rancho grande".

Pero la postal más icónica termina siendo el podio del Black Power. Tommie Smith y John Carlos, primero y tercero en los 200 metros. Hijos de un plantador de algodón de Texas y de un zapatero de Harlem. Himno de Estados Unidos, cabeza gacha y puños enguantados. Levantados por la unidad, el poder, el orgullo y la pobreza "de la América negra". Smith y Carlos fueron echados, igual que Peter Norman, el australiano que salió segundo y que, solidario, subió al podio con un distintivo que acompañó la protesta. Los 2.240 metros de altitud no impidieron que México 68 anotara un registro histórico de nuevos récords mundiales, aunque el atletismo sí sufrió en las distancias largas. El mundo anglosajón lideró la campaña anti-México, pero los Juegos del 68 resistieron y marcaron el debut de Latinoamérica y del Tercer Mundo en el gran escenario olímpico. Siguió Río 2016, que no terminó bien. ¿Seguirá Buenos Aires 2032?

México había ganado su sede en 1963 derrotando, entre otras, a Buenos Aires, hoy anfitriona de los Juegos de la Juventud. Tras el gran show del Obelisco, la fiesta olímpica dejará infraestructura moderna para los atletas, pertenencia al Mundo COI, una cuidada y nueva generación de talentos, y, más difícil de mensurar, acaso miles de otros pibes que, de modo más anónimo, tal vez encontrarán en el deporte inspiración y salud para su futuro. Pero, en medio de achiques que incluyen al deporte, los Juegos están dejando también preguntas todavía sin respuesta seria sobre un presupuesto final que se multiplicó al menos por diez, obras cedidas a aportantes de campaña y la censura ridícula de una acreditación recortada para Ernesto Rodríguez, periodista de vinculación histórica con el olimpismo y, oh casualidad, el investigador más comprometido sobre los gastos de la fiesta. Bach, el ex hombre de Adidas que subió al trono de la mano de un jeque kuwaití bajo promesas de una nueva era de austeridad y transparencia, aseguró el sábado que los Juegos costarán un cuarenta por ciento menos. Lo dice el lema de la competencia: "viví el futuro".

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