Efecto Art Basel Cities, la marca como imán

Alicia de Arteaga
Alicia de Arteaga PARA LA NACION
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10 de octubre de 2018  

El poder legitimador de las marcas se extiende al mundo del arte y el ejemplo más cercano es el programa Art Basel Cities , que en septiembre tuvo como conejillo de Indias a Buenos Aires. Fue Alec Oxenford, coleccionista y presidente de arteBA, quien le acercó la idea al jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, cuando los suizos de Art Basel exploraban el mundo en busca de una ciudad para iniciar este programa de acciones globales. Un nuevo formato que continúa lo hecho con muy buen rédito, al usar la marca en el trípode de ferias más exitosas del planeta: Art Basel Suiza, Art Basel Miami Beach y Art Basel Hong Kong.

Hacer del arte un anzuelo para el turismo resultó perfecto para Bilbao, en la España de los 90, que renació con la creación del Museo Guggenheim, al sumar la marca neoyorquina del arte y un mediático diseño de Frank Gehry.

El operativo Art Basel Cities le costó a la ciudad una suma superior a los dos millones de dólares, según las fuentes cercanas a Larreta. Dólar más dólar menos, es lo que costó la ampliación y puesta a punto del Museo de Arte Moderno (Mamba). El convenio sellado entre los suizos y la ciudad de Bueno Aires habilita el uso de la marca; el paraguas de una organización que funciona como un relojito suizo y la presencia del banco UBS, sponsor de la feria de Basilea desde hace 25 años.

Sin embargo, para los locales, la crema del acuerdo era la visita de los coleccionistas, curadores y líderes de opinión, potenciales compradores de arte argentino contemporáneo y, de cara al futuro, promotores de nuestros artistas y de la ciudad. Buenos Aires los recibió con una maratónica agenda, 85 acciones de arte y el mejor clima del mundo. Solo faltaban los jacarandás en flor para que la postal fuera perfecta.

Llegaron los coleccionistas y los taste makers, pero la campana de las ventas sonó menos de lo previsto. Encontrar información al respecto resulta tan difícil como conocer la identidad de los "grandes coleccionistas" del grupo. Se supo que el desarrollador Jorge Pérez, dueño de un museo en Miami, compró fotos de Aldo Sessa en la galería de Daniel Maman (Buenos Aires Photo) y que la Tate Modern adquirió una obra antológica de Liliana Maresca en Vasari. Anotaron ventas Amparo Discoli, en Cosmocosa, y Florencia Giordana, en Rolf.

Lo demás fue el interés generalizado por la obra de Eduardo Basualdo, en Costanera Sur, y de Eduardo Navarro, en el Botánico. Art Basel Cities resultó una excelente movida para los hoteles 5 estrellas, pero quedó claro que comprar arte exige más tiempo que el que dispone un viajero en un tour de tres días y que, finalmente, el programa funciona mucho mejor para promocionar ciudades que artistas. Habrá una segunda oportunidad el año próximo en coincidencia con arteBA.

Mientras la plana mayor de Art Basel busca definir si la próxima ciudad del programa será Oslo o Reikiavik, se fortalece la idea, adoptada por España y Corea, entre otros países, de crear un Ministerio de Cultura, Turismo y Deportes. Tiene lógica cuando las Olimpíadas de la Juventud, nuevo imán para viajeros, ya están entre nosotros.

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