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Trabajar para el Estado

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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10 de octubre de 2018  

Mi padre fue toda su vida médico clínico en hospitales públicos. Mi hermano mayor, abogado, lleva casi sesenta años en la Justicia. Otro hermano, ingeniero agrónomo, pasó hasta jubilarse por distintos organismos públicos ligados con el campo. Uno más dio clases en colegios del Estado.

En cambio, mi paso por el Estado fue fugaz: un mes ad honorem en un juzgado de San Isidro antes de abrazar el periodismo, hace 42 años.

Papá, egresado de la Facultad de Medicina de la UBA con diploma de honor, habría ganado mucha más plata en la actividad privada. Ídem el que prefirió pasarse la vida entre expedientes en vez de abrir un más redituable estudio particular.

Esas actitudes abnegadas, que se repetían de a miles, antes producían admiración. Pero desde que el kirchnerismo duplicó la planta del Estado, todo el que pase por allí es objeto de sospecha y escarnio.

Para atacarme a mí, un canal comprado -paradójicamente- con miles de millones evadidos al Estado, difama con persistencia a mi hija mayor (abogada, egresada de la UBA también) porque hace rato presta servicios en una oficina pública a la que llegó por sus propios medios.

El ladrón cree que todos son de su condición.

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