Buenos Aires 2018: Richard Kierkegaard, el jinete que venció a la muerte y cumplió su gran sueño

Ricardo Kierkegaard, dueño de una historia conmovedora
Ricardo Kierkegaard, dueño de una historia conmovedora Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Fernando Vergara
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9 de octubre de 2018  • 23:54

Con apenas 15 años, Richard Kierkegaard habla con la soltura de una persona mayor. Meticuloso, piensa cada una de sus palabras al responder. El jinete argentino que participa en Buenos Aires 2018 demuestra una madurez asombrosa. Tal vez porque en el corto lapso de tres años su vida ya atravesó un conjunto de situaciones infrecuentes para un chico de su edad. Con el poder de la resiliencia, esa capacidad innata para sobreponerse a una situación traumática, pasó de sufrir un paro cardíaco tras una caída con su caballo a cumplir uno de los grandes sueños que pueda tener un adolescente: ser un deportista olímpico.

Richard es hijo de Ricardo Kierkegaard, quien fue miembro de la selección argentina durante dos décadas, y sobrino del alemán Christian Ahlman, medalla de bronce en Atenas 2004 y Río 2016 en el deporte ecuestre. Los caballos son su vida, asegura Richard. Creció entre ellos. Pero con solo 12 años su gran pasión le jugó una mala pasada. En 2015 quedó marcado un antes y un después: una caída mientras estaba en una prueba lo dejó atrapado con las riendas, impactó contra el piso, sufrió un paro cardíaco y estuvo dos días en coma.

"Era una prueba relativamente sencilla, aunque el caballo no saltó, se trabó con los palos y nos caímos. Quedamos enganchados, pero al instante el caballo se levantó y yo me quedé atrapado del cuello con las riendas. Y además quedé semi paralítico", explicó ayer el jinete a la nacion.

Un mes después de la caída, Kierkegaard estaba de nuevo montado en los equinos, a los que él considera sus "amigos". Nunca sintió miedo al volver, confiesa. Cultivó las fortalezas personales. Es una pasión tan grande que fueron los mismos caballos los que lo ayudaron a transitar el camino de la lenta recuperación. Las propias formas de curar las heridas. "Ellos son mi motivación desde el día 1. Me dieron tantas cosas hermosas… Lo que pasó no fue mi culpa ni tampoco del caballo. Lógicamente, el animal no tuvo intención", remarca.

Tres meses sin caminar

Pero durante todo ese período el juvenil no pudo volver a caminar, algo que le demandó tres meses. Mientras, andaba a caballo. Kierkegaard resistió. Aguantó. Tuvo fe. Se mostró con entereza. Y entre sus sueños figuraba uno muy cercano: viajar a los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 para ver competir a sus ídolos. "Eso es imposible", fue la respuesta inmediata del médico. "No podés viajar en avión". Por supuesto, la situación era riesgosa. "Se me había derrumbado todo. Ya tenía los pasajes en la mano y buscaba la aprobación de algún doctor. Recién estaba volviendo a caminar, con un poco de ayuda", explica.

Uno de los médicos le brindó una alternativa: podía subirse a un avión, pero si le agarraban convulsiones iba a ser muy peligroso. Y que en caso de volar, debía tomar un medicamento que podía tener contraindicaciones y llevarlo a la muerte. "Me frustré, pero viajar era una locura. Y no fui. A mis papás, pobres, les quemé la cabeza", asegura.

No obstante, Richard siempre supo que iba a superar hasta el evento más doloroso. "El accidente me ayudó a ser la persona que soy ahora. Me dio una fuerza impresionante y salí adelante. Me siento orgulloso por la forma en que salí y estoy agradecido de estar acá", dice el jinete argentino.

Kierkegaard empezó a montar a los nueve años, incitado por sus padres. Su primer torneo fue en la Copa de Verano de Mar del Plata en 2012. Sus entrenamientos son diarios y monta nueve caballos en cada jornada. "Nunca volví a bajarme de ellos. Hoy, con humildad, me considero un profesional", indica.

En el Club Hípico Argentino, la competencia ecuestre cuenta con la participación de 30 atletas entre hombres y mujeres. En los dos primeros días de actividad se realizaron desafíos internacionales por equipos, en tanto que viernes y sábado serán las competencias de saltos individuales. Kierkegaard es el único jinete entre los 141 participantes que componen la delegación Argentina en los Juegos Olímpicos de la Juventud. "Estoy muy feliz por estar acá, y encima en mi país. Este acontecimiento te deja marcas y sensaciones que valen mucho más que una medalla", resalta.

Los saltos ecuestres forman parte de una prueba extrema de habilidad en el manejo del caballo, el valor y la destreza. Situaciones que Kierkegaard domina muy bien. La relación y el respeto que se crea entre los dos es la clave, aunque en esta competencia a cada jinete se le asigna un caballo en función de un sorteo. Richard compite con Legolas I.

De superar adversidades se trata para este hombrecito de hierro. "La carrera a Tokyo 2020 es larga. Es un sueño lejano, pero creo que puedo llegar. Estoy con expectativa. Nadie me va a quitar el deseo: estoy seguro de que, con trabajo, podré llegar donde sea".

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