Sol Ordás, de la ansiedad al oro en los Juegos Olímpicos de la Juventud: "Me levanté antes de que sonara la alarma"

Sol Ordás obtuvo la medalla dorada en las aguas de Puerto Madero
Sol Ordás obtuvo la medalla dorada en las aguas de Puerto Madero Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
Matías Baldo
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10 de octubre de 2018  • 15:11

El día de la consagración de María Sol Ordás en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018 empezó antes de tiempo: "Estaba muy nerviosa. Me levanté antes de que sonara la alarma", confesó a LA NACION, ya con la medalla de oro colgando de su cuello, por su triunfo en el single scull de remo. La joven de 18 años quedará para siempre en la historia como la primera argentina en conquistar una medalla olímpica dorada en su propio país.

Sus últimos días estuvieron cargados de emociones, nervios, ansiedades y sonrisas hasta que llegó el desahogo final en las aguas del Parque Urbano de Puerto Madero: cuando cruzó medio segundo por delante de la sueca Elin Lindroth, Ordás levantó sus brazos y empezó a llorar: "No lo podía creer. Lo primero que me pasó cuando crucé la meta fue ponerme a llorar. Ayer lloré, hoy entrando en calor y mientras mi entrenador daba la charla, yo no podía parar de llorar", precisó después de conmoverse durante el himno en la ceremonia de premiación.

El momento de la entrega de la medalla dorada a Sol Ordás

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María Sol creció en permanente contacto con el remo: sus padres fueron olímpicos. Damián Ordás, su papá, fue triple medallista en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999 e integrante de la delegación argentina que viajó a Sydney 2000. Dolores Amaya, su mamá, participó de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 con apenas 16 años y se había clasificado a la cita olímpica de Sydney, pero no pudo competir porque estaba embarazada de María Sol, quien nació el 24 de septiembre de 2000, durante la participación de su papá en tierras australianas.

La flamante campeona parecía predestinada a la náutica, aunque prefería el hockey. Recién a los 12 años se subió a un bote y desde el primer día se enamoró de la disciplina. "Empezó a los doce años a practicar de forma recreativa y a los 14 años se sumó a nuestro equipo", explicó Martín Cambareri, el entrenador de la selección argentina de remo en estos Juegos Olímpicos y el hombre de confianza de la familia Ordás desde hace cuatro años.

"Mis papás dejan todo en manos de mi entrenador. En la previa no hablé mucho con mis padres, no me gusta hablar antes de las regatas. No lo hago a propósito pero soy bastante antipática antes de competir, mi concentración es así. En mi casa se habla poco de remo, no me gusta que mis papás me den consejos porque para eso está mi entrenador. Hoy a mis papás los vi pero no charlé de nada", detalló María Sol.

Sol Ordás obtuvo la medalla dorada en las aguas de Puerto Madero
Sol Ordás obtuvo la medalla dorada en las aguas de Puerto Madero Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Ansiosa, Ordás llegó temprano a Puerto Madero, remó durante un rato, salió del dique para concentrarse y realizó una última entrada en calor en el agua antes de competir por las semifinales a las puntuales 11.26 de la mañana. Como a lo largo de todas las etapas clasificatorias, Ordás resultó inalcanzable, trazó el mejor tiempo de la prueba y clasificó a la final.

"La semifinal fue la que más me costó porque sabía que tenía rivales fuertes. En la final estaba más relajada que en las semifinales, donde tenía la mochila de la clasificación y me jugaba el pase a la final", rememoró ya liberada de tensiones.

Así se vivió desde el público el triunfo de Sol Ordás en remo - Fuente: Twitter @BuenosAires2018

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En la final, 34 minutos después de conseguir la clasificación, compitió durante los 500 metros cabeza a cabeza contra su colega sueca. Ordás venía por detrás cuando cruzó el puente de la mujer pero en la última mitad de la prueba logró remontar la desventaja, siempre alentada por un público argentino que le ofreció su ensordecedor apoyo de manera sostenida.

Si bien no es determinante para el resultado final, el público puede influir en el atleta, más cuando chicos de entre 14 y 18 años compiten frente a miles de personas y, en el caso de Ordás, reciben el aliento de sus compatriotas. Para afrontar tal situación, el equipo de trabajo que encabeza Cambareri cuenta con Raúl Barrios, un psicólogo deportivo: "Sabíamos que la localía podía ser una presión pero que, si estaba bien manejada, iba a ser un plus", reflexionó Cambareri.

El podio, con Ordás en el escalón dorado
El podio, con Ordás en el escalón dorado Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Ya campeona y fuera del agua, una marea de periodistas esperaba a Ordás mientras de fondo sonaba una batucada compuesta por sus amigos. Entre ellos se encontraban Tomás Herrera y Felipe Modarelli, bronce en el día de ayer en la final de dos sin timonel. Ambos fueron a recibirla con un abrazo tras la consagración y Modarelli fue uno de los más efusivos en los festejos posteriores. Los tres trabajaron juntos durante los últimos años y demostraron el éxito del proyecto: "La verdad es que no lo puedo creer. El trabajo de cuatro años terminó y qué mejor que colgarnos las medallas. Vinimos con un buen entrenamiento y entrenadores excelentes, de los mejores que tenemos. Hay que dejar un par de cosas de lado, pero la recompensa que te deja es mucho mejor", se sinceró Ordás.

Tras culminar subcampeona en el Campeonato Mundial Junior de Racice, República Checa, Ordás saldó su deuda pendiente con el oro olímpico y cumplió el primer sueño de una incipiente carrera cuyo futuro parece no tener techo. "Sueñen con lo que quieran hacer, todo se puede lograr. Uno puede llegar adonde quiera, siempre haciendo esfuerzos y entrenándose bien. No importa lo que digan los demás, hagan oídos sordos", cerró Ordás antes de reencontrarse con su mamá y su abuela para celebrar la medalla de camino al control antidoping, una hora y media después de haber ganado la primera medalla olímpica de su carrera.

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