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Cuánto aumentó la factura de gas para cada usuario en la gestión de Macri

Pablo Fernández Blanco
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10 de octubre de 2018  • 17:42

Desde hace casi 20 años la energía se convirtió en un problema para los ocupantes de la Casa Rosada. Casi al final de la Convertibilidad, el gobierno de la Alianza enfrentó problemas para trasladar a las tarifas el impacto de la inflación, y en la transición de Eduardo Duhalde directamente se cayeron los contratos con las distribuidoras, por la brusca devaluación. Mientras que para el kirchnerismo se trató de una dificultad económica que inició el largo camino que terminaría en el cepo cambiario, en el caso de Cambiemos se catapultó como uno de los entuertos políticos que erosiona la imagen de Mauricio Macri.

Para sostener esa afirmación alcanza con recordar que el Gobierno debió dar marcha atrás parcial con aumentos ya anunciados en 2016, algo que volvió a ocurrir en la primera parte de este año y ahora, en las vísperas de que la medida defendida ayer por Macri sucumbiera hoy en el Congreso.

Algunos números ponen en evidencia por qué la cuestión tarifaria genera especial urticaria en el humor social, del que saca provecho la oposición política. Es que si bien la Argentina nunca dominó la inflación en los últimos años, casi ningún bien o servicio aumentó tanto como las boletas de los servicios públicos.

En enero de 2016, un usuario que consumía poco gas y estaba en la zona de concesión de Metrogas (Capital Federal y parte del Gran Buenos Aires) pagaba $50, pero ese número creció a $493 en abril pasado, lo que representa un aumento de 886% durante la gestión de Macri. Las cifras surgen de un documento oficial en el que se muestran los cálculos sin impuestos para una boleta promedio.

Las internas en cambiemos por el pago retroactivo del gas

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Algo similar le pasó a un cliente de Naturgy (ex Gas Natural Fenosa), fuerte en el Gran Buenos Aires, que pasó de $56 a $562 (904%); a uno de Camuzzi Gas Pampeana (de $49 a $467, un 853%) o de Gasnor, que atiende la zona norte del país (de $44 a $461, 948%), entre otros casos.

Para quitar los efectos de la estacionalidad en el consumo -el gas se usa todo el año, pero mucho más en invierno-, se pueden comparar las boletas promedio entre los últimos dos abriles. En ese caso, las subas para quienes están conectados a la red de Metrogas alcanzan al 115%, y para los de Naturgy, 108% (de $229 a $493 y de $270 a $562, respectivamente).

En el otro extremo entre los consumidores, quienes más utilizan gas tuvieron aumentos menores en términos porcentuales, pero mucho más fuertes si se miran los valores de las facturas. En el caso de Metrogas, un cliente de categoría R34 desembolsaba en promedio $1471 en enero de 2016 y en abril pasado puso $7400. Su aumento fue de 403%. Entre los mayores consumidores lidera la tabla un hipotético cliente promedio de Camuzzi Gas del Sur, que atiende la zona patagónica, con una suba de 787% (de $282 a $2502).

Si se compara abril con abril, los mismos clientes tuvieron en el caso de Metrogas una suba de 75%, mientras que a sus vecinos de Naturgy la boleta se les incrementó un 67%.

Los números del gas dejan dos conclusiones casi inmediatas. En términos porcentuales, los mayores aumentos recayeron sobre los que menos consumen, que tenían boletas de montos bajos: en enero de 2016 partían de los $25 (Camuzzi Gas del Sur) y no superaban los $60 (Gas Cuyana, licenciataria en esa región). Eso se debe a que el kirchnerismo suponía que allí se encontraban los clientes de menos recursos, a quienes supuestamente más subsidiaba.

En segundo lugar, si bien en términos porcentuales el ajuste fue menor para los clientes de mayores recursos, el número final a desembolsar es más sustancial. Esos consumidores pagaban en abril pasado desde $2200 a $5929 más que al principio de la gestión de Macri.

El Gobierno implementó aumentos tarifarios sucesivos en la luz, el gas y el agua para reducir los subsidios (uno de los principales componentes del gasto público), enviar señales económicas más precisas a los consumidores (los bienes que se pagan menos de lo que valen suelen ser derrochados, en resumidas cuentas) y apuntalar los números de las empresas prestadoras. Sostiene, además, que el monto de los servicios públicos sigue siendo un porcentaje menor del gasto de un hogar.

Por el otro lado, los aumentos se implementaron en un contexto en que el crecimiento económico no terminó de arrancar y se complementó con una caída del poder adquisitivo del salario, en especial este año.

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