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Cuidar la salud de los jugadores, una tarea que debe extremarse

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
Rob Horne, víctima de una seria lesión
Rob Horne, víctima de una seria lesión
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10 de octubre de 2018  • 23:59

Mezclado entre el Rugby Championship y el resto de los torneos, el rugby profesional mostró este fin de semana su cara menos deseada. La imagen del australiano Rob Horne con su brazo derecho paralizado y con dolores crónicos de por vida tras sufrir una lesión por un golpe durante el juego, y la otra del neozelandés Sam Cane con su cuello inmovilizado tras la operación por una fractura en una vértebra del cuello producto también de una jugada, ponen sobre la mesa otra vez hasta dónde se está privilegiando la salud de los jugadores en esta vorágine de intensidad y continuidad que ofrece hoy el rugby de alta competencia.

Horne, excentro de los Wallabies y campeón del Super Rugby con los Waratahs, debió abandonar el rugby a los 28 años luego de un golpe en una pelota a cargar que le generó que cinco nervios se le desprendieran de la espina dorsal. El hecho se produjo en un partido de la liga inglesa entre su club, el Northampton, y Leicester. Por un momento, se temió que la lesión de Horne fuese aún más grave, ya que no podía mover las piernas.

Northampton cambió su localía el sábado y fue a jugar a Twickenham, la catedral del rugby, otra vez frente a Leicester, con el fin de recaudar fondos para solventar el futuro de Horne y su familia. Cuarenta mil personas acudieron a un acto solidario más que a un partido. Y ovacionaron al australiano cuando ingresó al campo de juego con su brazo derecho en un cabestrillo. "Estoy acostumbrándome a vivir con un montón de cosas que sabés que existen, pero que ni te llegás a plantear", le dijo el ahora exjugador a Saints TV, el canal de su ahora ex club.

Cane, campeón del mundo y titular indiscutido en la tercera línea de los All Blacks, se lesionó en el partido del sábado con los Springboks, por el RCh. Rápidamente la prensa oficial del seleccionado neozelandés dio el parte médico informando que iba a ser operado en Sudáfrica y que recién después se trasladaría a su país. Se sabe que estará algunos meses fuera de la cancha, pero tampoco se conoce con certeza si podrá volver a jugar.

Otra lesión en el cuello mantiene alejado de los terrenos desde junio al medio scrum de Irlanda y de los Lions, Conor Murray, considerado por muchos el mejor del mundo en ese puesto. La lesión de Murray, generada en la serie ante los Wallabies, ha provocado distintas controversias en ese país, ya que el jugador prohibió que se informara sobre su estado de salud, resguardándose en derechos de su privacidad. Sin embargo, ayer se difundió que renovó su contrato hasta la temporada 2021/22 con la Irish Rugby Football Union, por lo cual se quedará en Munster y se estima que volverá a las canchas. ¿Estará en noviembre frente a los Pumas o continuará el misterio?

Las tres lesiones comentadas se produjeron en las llamadas típicas situaciones del juego. No hubo deslealtad en el medio. Pero el rugby, deporte de contacto por excelencia, debe extremar los cuidados de la salud de los jugadores para evitar que se lo termine comparando con el fútbol americano. Es una tarea difícil para una disciplina que en la alta competencia se ha transformado en una especialidad de superhombres, con calendarios extenuantes y con múltiples presiones profesionales que vienen desde el afuera.

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