La crisis de la media vida

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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11 de octubre de 2018  • 01:44

La crisis de la media vida, también llamada crisis de la edad madura o adulta, comienza alrededor de los 35 años. No tiene relación con los fracasos sino con los cambios que se producen a medida que crecemos. Abarca tanto a varones como a mujeres, independientemente de la cantidad de logros que la persona haya obtenido.

¿Qué siente alguien que se encuentra atravesando esta crisis?

Que perdió algo en el camino. Esta crisis puede comenzar a los 30, a los 40, 50 o a los 60 años. ¿Qué cosas siente la persona que ha perdido? Aquello que no ha logrado alcanzar aún: finanzas, salud, una carrera universitaria, una familia, etc.

Que el tiempo pasa velozmente. Cuando somos jóvenes, llevamos la cuenta de nuestras vivencias y anhelamos ser adultos. Cuando llegamos a la adultez, nos concentramos en lo que nos falta y deseamos volver atrás. Durante el transcurso de esta crisis, aparece también la sensación de muerte.

¿Cómo nos damos cuenta del paso del tiempo?

a. Aparece un cambio en el esquema corporal. Canas, arrugas, debilidad en el cabello, disminución de la velocidad y pérdida de destreza para la actividad física. También puede haber osteoporosis y cambios hormonales en el cuerpo.

b. Surge de repente la idea de la muerte. Comienzan a fallecer los seres queridos y aparecen enfermedades que hasta ahora se desconocían. Como resultado, uno gana habilidad y frecuencia en el manejo de conceptos tales como"enfermedad", "dieta", "salud", etc.

c. Se produce una inversión de roles con nuestros padres. En este tiempo, tenemos necesidad de cuidar de ellos. A veces, como si fueran nuestros hijos.

¿Qué síntomas aparecen en la crisis de la media vida?

a. Cambios en el carácter. La persona empieza a analizar las cosas que antes no analizaba. Se pregunta qué logró y qué no. En ocasiones, la falta de resultados trae aparejado cambios en el humor y en el carácter.

b. Tanto el hombre como la mujer se sienten impotentes, desgastados, envejecidos. Algunos dejan de conversar con sus hijos para dedicarle más tiempo al televisor o a la computadora. Hay una crítica constante hacia el mundo, en especial a la familia y al país. Comienza a gestarse una monotonía en la vida.

c. En algunos casos se produce una "adolescencia tardía". Ella siente el deseo de recuperar su independencia y de divertirse; mientras que él comienza a tratar a todas las mujeres muy bien (excepto a su esposa). Aparecen nuevas fantasías sexuales y una gran necesidad de atraer al otro, lo cual le hace sentir que todavía está vigente.

d. Hay cambios en el área laboral. Aparece el miedo a perder el empleo o el deseo de dejar la profesión para llevar a cabo nuevos proyectos. Por ejemplo, un contador exitoso se da cuenta de que su verdadera pasión es el arte.

e. La familia se transforma también. Puede surgir una crisis de pareja porque se perdió el halo mágico que había entre ambos, después de 15 o 20 años de convivencia. Hay un endiosamiento de la juventud y se siente hostilidad hacia el otro lo que provoca carencia de afecto o de demostraciones de cariño.

Para concluir, ¿qué deberíamos hacer en esta etapa?

Miremos el siguiente gráfico:

Durante mucho tiempo se consideró que el ciclo evolutivo consistía en la infancia, la adolescencia como pico máximo y luego el declive: la adultez y la vejez. Sin embargo, hoy la psicología evolutiva considera el ciclo como un crecimiento permanente. Es verdad que vamos perdiendo cosas a lo largo de la vida pero, ¿en qué etapa de la vida tuvimos todo? En ninguna. ¿En qué etapa nos faltó todo? En ninguna. Es un mito que invertimos en la primera mitad de la vida para cosechar en la segunda. Hay que sembrar y cosechar durante toda la vida. Tenemos que ver que, aunque nuestro exterior se va desgastando, nuestro interior se puede ir renovando. Y vamos creciendo hasta llegar a la madurez y a la completud.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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