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Catherine Millet libró su guerra contra el cliché feminista en la inauguración del Filba

Millet, anoche, en el Malba, no tuvo miedo de dividir las aguas
Millet, anoche, en el Malba, no tuvo miedo de dividir las aguas Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Cichero/AFV
La escritora y crítica de arte retomó las críticas al #MeToo y dijo que la "sororidad" es muy "problemática" para ella; hubo también un simulacro de Nobel, que ganó Borges
Natalia Blanc
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11 de octubre de 2018  

Una respuesta posible a la pregunta: "¿Existe la mujer?", título de la polémica conferencia de Catherine Millet en la inauguración de la décima edición del Filba , podría ser: no. No existe "la" mujer; existen las mujeres. En su discurso, la escritora francesa retomó el célebre postulado de Jacques Lacan ("La mujer no existe") para ir, todavía, más allá: Millet no solo defiende la idea de la singularidad femenina, sino que se atreve a criticar el concepto de "sororidad", tan de moda en estos tiempos. "Es, en mi opinión, muy problemático. Más allá de que yo pueda experimentar tanta solidaridad y compasión por un hombre que sufre como por una mujer, esa palabra está demasiado ligada al vocabulario religioso para que pueda apropiármela", dijo ayer la autora de La vida sexual de Catherine M., en el auditorio colmado del Malba, donde poco después se anunció que Jorge Luis Borges ganó el premio "Nobel" local.

En la semana en la que se debía entregar el Premio Nobel de Literatura, suspendido este año por el escándalo de acoso sexual y filtración de información en la Academia sueca, los organizadores del Filba se dieron el gusto de premiar a Borges, post mortem, en una ceremonia con formato de performance protagonizada por el actor Esteban Feune de Colombi. El comité "académico" estuvo formado por Millet, Irvine Welsh, Alberto Manguel, Marta Sanz, Fernando Savater, entre otros. Hubo aplausos, ovaciones y risas de complicidad con el gesto del Filba, que este año celebra una década con el festival dedicado a "la fiesta como modo de diversión y también de resistencia cultural".

Un video con un combinado de entrevistas a Borges, en las que se burlaba de ser el eterno candidato al Nobel, dio lugar al anuncio que cerró con una imagen de la tumba de Borges en Ginebra. Un largo aplauso cerró el acto inaugural.

En el país del psicoanálisis, Millet, teórica del arte y directora de la revista Art Press, comenzó su conferencia con alusiones a Lacan y a Freud. "La famosa aseveración de Jacques Lacan 'La mujer no existe' significa, por supuesto, que se oponía a la idea de una esencia de la femineidad: las mujeres existen cada una en su singularidad y son irreductibles unas a otras. Esta idea se opone a la del 'eterno femenino' promovida por el Romanticismo, así como a la búsqueda de la mujer ideal a la que se dedicaban algunos de sus contemporáneos surrealistas", dijo en francés. "Lacan propone esta idea a comienzos de los años 70, en pleno período de efervescencia de los movimientos feministas".

Millet hizo un recorrido por la historia cultural del concepto "sororidad": "En la Edad Media, esta palabra se usaba para las comunidades religiosas femeninas. Además decimos siempre 'hermana' cuando nos dirigimos a una monja (en francés, tenemos incluso la expresión 'buena hermana', pero no estoy segura de que todas las 'hermanas' del neofeminismo sean siempre 'buenas'.)". Si ese fue un mensaje claro para sus contemporáneas, la frase siguiente estuvo dirigida a "los musulmanes practicantes", que se llaman hermano y hermana entre sí. "Se trata, lamentablemente, de la expresión de un comunitarismo", aseguró.

Ante un auditorio repleto (el cupo para ingresar se había agotado un par de horas antes y la conferencia se pudo seguir también vía streaming), la francesa recordó el episodio de enero pasado, cuando firmó junto a cien mujeres (Catherine Deneuve, entre ellas) una solicitada en Le Monde titulada "Las mujeres liberan otra palabra" para criticar ciertos "excesos" del movimiento #MeToo, que despertó la ira de las feministas. "Se nos acusó de haber traicionado esa 'sororidad'(.) Aunque el movimiento #Metoo tenía como lema: 'La palabra de las mujeres por fin liberada', algunas, paradójicamente, quisieron prohibirnos la palabra a nosotras, es decir, censurarnos."

Después de esta puesta en contexto, Millet fue al punto central: "Una parte muy importante de la producción de las mujeres en el terreno del arte y de la literatura revela, expone, describe, experiencias absolutamente singulares, sus propias vidas, su intimidad, y todo ello en forma directa". Como ejemplos, citó las obras de Simone de Beauvoir, Marguerite Duras, Anaïs Nin, Violette Leduc, Frida Kahlo, Marlene Dumas y Paula Rego.

"Mi reserva también tiene que ver con que una gran parte de lo que las mujeres han conquistado en nuestras sociedades a partir de los movimientos feministas pioneros de fines del siglo XIX está relacionada con lo que algunas expresaron de modo absolutamente personal, singular, sin preocuparse por saber si reflejaban una imagen de la mujer que representaría a todas las mujeres". En el final, Millet posó con un pañuelo verde para los fotógrafos.

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