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Una tienda de señoras: Blustons, el lugar que Londres aún extraña

Javier Arroyuelo
Javier Arroyuelo LA NACION
Enclavada en Kentish Town, un área al norte de Londres, Blustons marcó a fuego una época de la moda
Enclavada en Kentish Town, un área al norte de Londres, Blustons marcó a fuego una época de la moda
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14 de octubre de 2018  

Blustons, que fue un ideal platónico de la tienda de señoras medias, no alcanzó a festejar su centenario. Fundada en 1931 por Jane y Samuel Bluston, una pareja de inmigrantes rusos judíos, el último local de lo que había sido una exitosa cadena de tiendas de modas de señoras perduró solamente hasta 2014 en Kentish Town Road, larga y ruidosa avenida de la zona norte de Londres. Habiendo pasado de una generación a otra, no hubo ya herederas que quisieran perpetuar la tradición familiar.

Hasta entonces, el sitio, hoy protegido por la ley de los martillos percutores, había conservado intacto el art déco modesto, encantador de su fachada, imagen ideal para una postal, donde las ocho letras del nombre se destacan en blanco y en relieve sobre un fondo laqueado negro, flanqueadas por dos inscripciones: Coats (abrigos) y Gowns (vestidos). Hay simétricas una gran vidriera central y dos a cada uno de los lados, mientras que el blanco y negro se prolonga en el embaldosado en damero. Habitado por maniquíes en vestidos serenamente coloridos, hubiera podido ser un decorado perfecto para una comedia musical de Jacques Demy.

El repertorio de prendas exhibidas, fieles también al diseño más tradicional, enfatizó hasta último momento la potente impresión de desfase que suscitaba la arquitectura. Blusas, twin sets, cardigans, abrigos. Apacibles estampados -de cachemir-, a cuadros y a cuadritos, de pequeñas flores, a lunares. Tonos de luminosidad intermedia, florales, frutales, para favorecer a las mujeres maduras, lila, arveja, índigo, oliva, rosa viejo, malva, girasol, lavanda, berenjena, verde bosque, caqui, heliotropo, cereza, durazno, sepia, ciruela, y toda una infinidad de azules. Pero ni el menor matiz de negro.

La prenda reina, el punto central de la estética de Blustons, era el vestido chemise, universal, indiscutido, con cuello y corte de camisa, abotonado delante, con cinturón incorporado, largo a la rodilla. O sea, el básico por excelencia, la madre, o mejor, la abuela de todos los básicos, entendiendo como tal aquella prenda que por simplicidad de diseño, ausencia de pretensión, funcionalidad y adaptabilidad, soluciona lo más sobriamente que se pueda pedir la necesidad de vestirse sin tener que pensar en ello.

Ha sido muy probablemente la pieza de nuestra modernidad más llevada por las mujeres de todas las capas, un clásico nacional-popular a la vez perfectamente comme il faut.

En las vidrieras de Blustons, pequeños carteles escritos con la caligrafía sencilla y delicada de otros tiempos, presentaban estos modelos como smart styles, modelos elegantes, para tiempos en los que prevalecía un gusto medio sosegado,

Para los fanáticos del vintage nac&pop, la perdurabilidad de Blustons equivalía al hallazgo no de unos doblones de oro, sino del cofre del tesoro e incluso del pirata todavía vivo. Hoy extrañan. Tras un intento de recuperación que fracasó al año, Blustons permanece cerrada, con sus vidrieras tapiadas y sus persianas metálicas bajas. Es justamente la imagen con la que un diario de Londres ilustró una nota titulada: "Empeora la mala cara de la calle principal de Kentish Town"

Entretanto, las marcas Godzilla siguen creciendo.

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