La acusada de matar a su hija en Flores tenía depresión y delirios, y le habían recomendado internarse

El momento de la detención de la madre acusada de matar a su hija
El momento de la detención de la madre acusada de matar a su hija
Leonardo Scannone
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11 de octubre de 2018  • 13:16

Soledad Angélica Gómez, la mujer detenida acusada de matar en Flores a su hija de 9 años, sufría una depresión aguda, ataques de pánico, angustia y delirios. La semana pasada una médica le recomendó que se internara para intentar "revertir la situación" de su padecimiento psiquiátrico. Ella le pidió a su esposo que no lo hiciera porque no quería "perder a sus hijos". Ayer a la noche acuchilló y mató a su hija de 9 años en el corazón del barrio de Flores; dejó el cuerpo exánime de la niña entre dos autos. Minutos después fue detenida a metros de la avenida Rivadavia. Pocas cuadras más allá, sus otros dos hijos, de 12 y 8 años, esperaban, sin saber el drama que se había desatado, del que se enterarían cuando la policía les tocó el timbre.

Así surge de la declaración del marido de la homicida, Alfredo Martínez, encargado de un edificio situado en Granaderos entre Yerbal y Rivadavia. Le contó a la policía que su mujer tenía problemas psicológicos y psiquiátricos desde hace años, agravados desde el suicidio de su madre, hace seis años, y de la más reciente revelación de que sufría de una enfermedad visual degenerativa que la estaba dejando ciega.

Según explicaron a LA NACIÓN fuentes de la investigación, Martínez, de 46 años, relató que el viernes pasado acompañó a su mujer al hospital neuropsiquiátrico Alvear porque se estaba quedando sin la medicación que contenía su cuadro severo. En la consulta, la médica le indicó que lo mejor sería que se internara por unos días, pero que allí no podía quedar porque no había camas y debía ir al neuropsiquiátrico Braulio Moyano. Martínez afirmó que discutieron la situación con su esposa y que ella "se comprometió a la toma de la medicación" y que le pidió que no la internada ya que "no quería perder a los hijos". La médica, ante la negativa, dejó asentado en un acta que no se procedería a la internación de la paciente.

Martínez, según explicaron fuentes de la investigación, sostuvo que desde que la conoció, Gómez era atendida psiquiátricamente. "Pero desde hace seis años empeoró su estado por el suicidio de la madre", dijo ante la policía, según se pudo reconstruir.

Las filmaciones de las cámaras de seguridad donde se reconoce a la madre de la víctima en la escena del crimen, tras el homicidio
Las filmaciones de las cámaras de seguridad donde se reconoce a la madre de la víctima en la escena del crimen, tras el homicidio

También agregó que un año después del suicidio de la madre a Gómez, de 48 años, le habían diagnosticado una maculopatía degenerativa en la retina que le había comenzado a afectar la visión progresivamente, lo que la obligaba a usar un bastón verde para caminar por las calles. La mujer tenía antecedentes familiares de trastornos de visión: los tuvieron su abuelo y su padre, y los tenía también su hija Lourdes. Que esa situación clínica, de carácter irreversible, la llevó a sufrir cuadros cada vez más agudos de depresión y a tener que recibir "tratamientos más frecuentes" en hospitales psiquiátricos. Si todo eso ya estaba mal, a principios de este año le detectaron un tumor en el nervio óptico, declaró Martínez.

En cuanto a lo ocurrido el día del hecho, según las fuentes consultadas, Martínez relató que ayer a la mañana desayunó con toda su familia y llevó a sus hijos varones a la escuela, mientras que Gómez hizo lo propio con Lourdes. Cuando volvió a su casa, en la calle Granaderos, continuó con su trabajo. Después se acostó a dormir una siesta y a las 16.45 se levantó para ir a buscar a los chicos al colegio, con los que merendó.

Después de la merienda, su mujer le dijo que iba a ir con la hija a comprar útiles escolares y a dar un paseo por la avenida Rivadavia (allí está la zona comercial de Flores). Hasta entonces, afirmó Martínez, había visto a su pareja "normal", aun cuando era consciente de que su situación era "muy cambiante".

A las 20, Martínez le preguntó a otro de sus hijos si ya habían regresado. Ante la respuesta negativa,sostuvo, comenzó a preocuparse y se recostó. Hasta que unos minutos después uno de sus hijos le avisó que habían llamado al portero eléctrico. Atendió: era la policía y le pedía que bajara. Ahí se enteró del drama que se había desatado.

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