4 decisiones que tomé para ser más feliz

Cocinar para amigos, dejar de decir que sí a todo, animarse a vivir diferente
Cocinar para amigos, dejar de decir que sí a todo, animarse a vivir diferente Crédito: Shutterstock
Laura Gambale
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11 de octubre de 2018  • 14:16

Habrá que olvidarse de asistir a lugares que ya no nos entusiasman y de responder llamadas de personas que nos quitan más de lo que nos aportan. Habrá que revisar nuestros deseos y nuestra forma de acceder a ellos. Y entonces no nos quedará otra que hacernos cargo de probar y arriesgar por lo nuevo. Y ser más valientes, o al menos demostrar menos miedo (porque miedo tenemos todos, y enfrentarlo es lo que nos hace valientes). Estas son algunas de las situaciones que decidí cambiar en mi vida para ser coherente con mi deseo .

1.Elegí tomar mi placer en serio

En distintas oportunidades me cuestioné por qué se suele dejar para lo último lo que nos causa placer, y sinceramente no lo sé. Recordar al gran diseñador estadounidense Charles Eames diciendo "toma tu placer en serio" sé que me ayudó a poner un freno a todos esos planes que estaba gestando en automático y que ya no me estaban haciendo feliz. ¿Y por qué los sostenía? Algunos por costumbre, otros porque me daban cierta estabilidad. En la lista que depuré hay trabajos que realizaba con clientes donde no me sentía respetada, personas que me quitaban tiempo hablando mal de otras, exigencias propias en el orden doméstico que me quitaban energía (ahora pueden quedar platos sucios de anoche mientras le dedico quince minutos más a mi desayuno). También puse freno al "mangazo" espontáneo de mi tiempo personal, ya que practicar yoga, dormir una hora más o avanzar con un capítulo del libro que me gusta es vital para luego poder bridarme a otros, empezando por mi familia. Entonces resolví que debía hacer una nueva lista de prioridades (y ponerla en práctica). Si hay algo que todos sabemos, o al menos alguna vez experimentamos, es que cuando estamos haciendo alguna actividad que nos causa placer alejamos el estrés, la depresión y el malhumor.

2. Aprendí a decir no y a salir de la zona de confort

¿Vivir en el bosque? ¡Qué locura!
¿Vivir en el bosque? ¡Qué locura! Crédito: Shutterstock

Identificar eso que ya no queremos es simple, pero asumirlo suele ser complejo. Entonces ¿qué?, ¿toda la vida seguimos insatisfechos, pero "seguros" por mantener lo conocido? La respuesta será distinta para cada persona, y está bien que así sea porque se trata de una búsqueda bien personal. En mi caso lo vivencié intensamente hace unos años, cuando aún no tenía hijos y decidí cambiar de escenario cotidiano, dejando la ciudad para irme a vivir al Bosque Peralta Ramos, en Mar del Plata. Pero antes tuve que tomar otra decisión, que fue renunciar a un trabajo estable. Quizás no se trata de cuán simple o compleja puede ser la decisión, sino más bien, de cuánto más feliz puedo ser si me animo a intentarlo. Según explica el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi en su libro "Fluir, una psicología de la felicidad", cuando hacemos lo que nos gusta, fluimos. Y cuando fluimos (el término original es Flow) nuestra mente se alinea con nuestro cuerpo, y los pensamientos dejan el caos que tanto nos agota física, mental y emocionalmente. En la llamada psicología positiva, a Flow se lo considera como "el estado de alcance de la felicidad a través de la realización de una actividad en el cual la persona se encuentra totalmente absorta y concentrada". Y es durante ese estado de flujo constante que también se alcanza la plenitud creativa. Vale la pena intentarlo.

3. Dejé de pensar que "ser creativo" es un don para pocos

Abrirse a crear sacando los prejuicios es una buena manera de empezar a fluir
Abrirse a crear sacando los prejuicios es una buena manera de empezar a fluir

"La creatividad es una fuerza de la naturaleza, la corriente principal de la imaginación accesible para todos", decía el pintor estadounidense Shaun Macniff en su libro "La imaginación en acción: Secretos para desatar la expresión creativa", y le estoy sumamente agradecida. Otro libro que demostró que la creación no es un acto únicamente para "entendidos", es "El hábito creativo" de Twyla Tharp, una famosa coreógrafa americana ganadora de numerosos premios (Emmy) y creadora de unas 130 piezas de danza que se representaron en el Ballet de Nueva York, la Opera de Paris y el Royal Ballet de Londres. Twyla explica la importancia de encontrar una rutina diaria que nos estimule a crear, luego establecerla y finalmente sostenerla durante un tiempo como parte integral del proceso creativo. En lo personal decidí participar del Laboratorio online "Una vida creativa" que dictan desde Holanda Aniko Villalba y Carolina Chavate, y que propone 30 días de escritura y exploración diaria, con la generación de hábitos creativos. En mi caso viene funcionando muy bien, ya que estoy logrando resolver de manera más creativa lo que antes veía como un gran conflicto. Un ejemplo cotidiano: ya no me enojo más cuando mis hijos no quieren levantarse a horario. Por ahora resolví que se llega un poquito más tarde, pero con mejor humor. Hay días, en cambio, que hasta nos sobra tiempo y la estrategia cambia: si nos vestimos y desayunamos a horario, nos guardamos los últimos 10 minutos antes de salir de casa para jugar un campeonato de Ta-Te-Ti o una partida de cartas. Hay que ir probando.

4. Ignoré las opiniones negativas y avancé con mi emprendimiento

Cada vez somos más las personas que nos animamos a emprender para disfrutar del trabajo los 365 días, porque sabemos que la vida es efímera y que no podemos estar sujetos a esos 15 o 20 días de oxigenación que prometen las vacaciones. No me molesta comprar segundas marcas, dejar de comer afuera o renovar la ropa en ferias. Menos aún, cocinar y convocar en mi casa todas aquellas salidas que antes sucedían en restaurantes. Hay algo que no tiene precio, y no es un slogan publicitario sino la pura verdad, y es disfrutar de de mi tiempo haciendo lo que me gusta. ¿Y si no resulta? Y bueno, "el no ya lo tenemos" decía mi madre, y es muy cierto. Quizás se pueda arriesgar en etapas para no sentir que saltamos vacío. Hay profesionales muy capaces que ayudan a emprendedores diariamente, como es el caso de Jimena "la china" Rodríguez, Sol Verdier de Chicas Pymes y Rina Di Maggio de Aló Rina, entre muchas otras, con herramientas de comunicación, diseño (y hasta contables) que te ayudan a llevar adelante planes realizables. Otra frase que solía escuchar en la casa de mi infancia es ideal para concluir: "quién te quita lo bailado".

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