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Mariquita Sánchez, eximia guitarrista, admirada por criollos

Mariquita Sánchez en el retrato de Maurice Rugendas
Mariquita Sánchez en el retrato de Maurice Rugendas
Roberto Elissalde
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13 de octubre de 2018  

Hace medio siglo, en estas páginas de la nacion, Manuel Mujica Lainez evocaba los 100 años de la muerte de Mariquita Sánchez, ocurrida el 23 de octubre de 1868, y recordaba cuánto le debe San Isidro: "Seis casas, catorce calles, una plaza, una escuela y terreno para la estación". La casa familiar estaba en la calle del Empedrado, así llamada por ser la primera con ese adelanto; después se la denominó Unquera, en recuerdo de don Baltasar, uno de los héroes de la Reconquista, y desde 1824 hasta el presente, Florida. Ella la vivió con los tres nombres y camino de su chacra de la costa pasaba por varias pulperías.

La primera, en la hoy céntrica esquina de Santa Fe y Río Bamba, llamada La Rondanita; para luego hacerlo por lo que es Plaza Italia, en la llamada El Sol de Mayo, y más adelante, el rancho de "las Morales", famoso por la hospitalidad de esas mujeres cobijadas por la sombra de un añoso e inmenso ombú, calculado ahora en 500 años, que este año sufrió el tajo mortal de la piqueta arbitraria.

Una ilustración en el periódico Boletín Musical , editado por el litógrafo Gregorio Ibarra, completa una nota sobre "Costumbre porteña. Paseo en San Isidro", de 1837. En ella se observa una dama a caballo, acompañada por un peón con sombrero panza de burro. ¿Será Mariquita?, nos preguntamos nosotros. Lejos estamos de imaginar a Mariquita en un ambiente rural como no sea la quinta sanisidrense de Los Tres Ombúes y nos lo sugiere el retrato de Maurice Rugendas.

Hubo un modesto paisano oriental que la conoció. Era un excelente autor y él que se dedicaba a exaltar a los gauchos con sus cielitos patrióticos o las proezas de San Martín. Admirado por el arte de esta dama para ejecutar la guitarra le dedicó sus versos. Se llamaba Bartolomé José Hidalgo y El Censor del 23 de mayo de 1818 publicó estas líneas con el título "Remitido":

"Señor Censor: La crítica de que V. está encargado por su oficio abraza en uno de sus extremos el elogio de los talentos y de las producciones discretas que hacen honor a nuestra ilustración. Con este objeto le remito la adjunta oda compuesta en momentos por un admirador de la singular destreza con que una señorita de esta capital toca la vihuela. Se sabe bien quién es entre nuestras damas la que descolla sobre todas en esta habilidad, no es preciso nombrarla. Todo lo raro y honesto merece alabanza. El poeta ya ha cantado ?El triunfo de Maipo' con mucho brío y con muchas sales; esta advertencia es precisa para que no le muerda por la elección del asunto".

Y a continuación se reproducen los versos de Hidalgo que comienzan así: " ¿Qu é mano angelical en mis oídos/ derrama generosa su dulzura?/ ¿Qui én embargando ¡Oh dioses! Mis sentidos/ su canto lleva a la celeste altura/ y roba la armonía de las aves ?".

Mariquita, preocupada por la educación, creó escuelas de mujeres, en Buenos Aires y en la campaña, Flores, San Isidro, San Nicolás y en Chascomús, por mencionar algunas de ellas a través de la Sociedad de Beneficencia, de la que fue fundadora.

Por esto, y por tantas otras cosas, mereció el respeto de los viejos criollos, y al evocarla en el sesquicentenario de su muerte podemos decir, como su biógrafa, María Sáenz Quesada, que fue "la memoria viva de la Patria".

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