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La selección argentina se renueva, pero Paulo Dybala sigue estancado

El abrazo de Dybala con Pereyra, que marcó su primer gol en la selección; la Joya todavía espera el suyo
El abrazo de Dybala con Pereyra, que marcó su primer gol en la selección; la Joya todavía espera el suyo Fuente: Reuters
Cristian Grosso
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11 de octubre de 2018  • 23:59

En algo más de una década, los goles de la selección argentina se concentraron en muy pocos apellidos. El furioso póquer Messi -Agüero-Higuaín-Di María le puso la firma nada menos que a 156 festejos albicelestes. Depredadores, su metralla eclipsó al resto. Maximiliano Rodríguez, Tevez y Lavezzi los siguen a un abismo de distancia en el reino de las estadísticas, y más atrás aún, solo aparecen jugadores con un puñadito de gritos. Ya no será así. Más allá de las intrigas alrededor del futuro de Messi, una sensación de renovación se afirma alrededor del seleccionado. El bautismo en la red de Lautaro Martínez , Roberto Pereyra , Germán Pezzella y Franco Cervi en la victoria sobre Irak lo confirma. Pero una situación se mantiene inalterable: Paulo Dybala no encuentra atajos hacia el gol, ni los amistosos sin equivalencias le regalan un guiño. Después de tres años en la selección argentina, todavía no convirtió.

Incluso, otro dato agiganta la particularidad: al contabilizar los siete tantos del breve ciclo de Lionel Scaloni -el otro amistoso terminó en cero ante Colombia-, para todos los autores se trató de su estreno goleador. En el inicio, en el 3-0 sobre Guatemala, Gonzalo 'Pity' Martínez, Lo Celso y Giovanni Simeone anotaron su apellido por primera vez también. Dybala, en cambio, sigue esperado.

Increíble en Dybala, un futbolista con un vínculo frecuente con el gol. Llegó a la selección en octubre de 2015, de la mano de Gerardo Martino, cuando asomaban las eliminatorias para el Mundial de Rusia. Un par de meses antes, la Joya había sido contratada por Juventus. Desde entonces, en la Vecchia Signora ya marcó 72 goles. En el mismo período, ninguno con la Argentina. Pasaron Martino, Bauza, Sampaoli y Scaloni y todos lo han convocado. Pasaron 15 partidos y el desahogo no llega. Suma 696 minutos en la cancha teñido de albiceleste. Es cierto que apenas dos veces completó los 90 minutos, ayer y frente a Singapur (6-0), el año pasado, en otro encuentro indecoroso para la historia de la selección. Tanto que entre ambos amistosos la Argentina marco diez goles., y Dybala, nada. Ya parece una maldición.

Irak le permitió a la Argentina hacer casi todo lo que se propuso. Hasta Dybala merodeó ese bendito gol. El arquero Jalal Hassan Hachim desvió por arriba del travesaño un remate del cordobés, y otra volea tras un centro atrás de Salvio se perdió afuera por muy poco. Dybala creció en el segundo tiempo y colaboró en la dinamización de la selección después de una primera etapa sin desequilibrio individual ni sorpresa.

El dominio de la selección se volvió absoluto, con total control pero recortada cadena de pases profundos. Probablemente la elevada temperatura en Riyad, por arriba de los 30°, influyó en cierta previsibilidad de movimientos. De todos modos, la propuesta se distinguió fácilmente: presión para asfixiar y juego asociado. Con reminiscencia académica, un cabezazo de Lautaro Martínez tras un centro de Acuña fue la diferencia en el marcador para irse al entretiempo. Desde las intenciones y la jerarquía, la brecha siempre resultó enorme.

Aun con imprecisiones para llevar adelante la obligatoria iniciativa, la Argentina insistió con ensanchar el campo y avanzar en bloque. Scaloni terminaría conforme tras el duelo: "Destaco las ganas de atacar y ganar, de nunca darse por vencido para meter goles. Era una prueba difícil por el día en que estaba hecho, un jueves, nunca se juega fecha FIFA con dos o tres días de entrenamiento. Lo sacamos adelante, era la idea. Vimos al equipo en buena medida, con algunos jugadores en máximo esplendor". Cambió hasta cuatro veces el esquema táctico, aprovechó para observar a 17 futbolistas -hizo seis modificaciones- y se reservó para el superclásico del próximo martes con Brasil a Icardi, Otamendi, Tagliafico y Rodrigo Battaglia, que ni estuvieron en el banco y siguieron el juego desde un lujoso palco.

Salvio por Meza y Roberto Pereyra por el debutante De Paul en el inicio de la parte final, y poco después Cervi por Paredes, agitaron al equipo. Creció en intensidad y, naturalmente, aparecieron más grietas en Irak. Pereyra jugó con Dybala de falsa descarga para hacerse el espacio para el 2-0, a poco del cierre Pezzella sin marcas amplió de cabeza y, ya en el descuento, una picante corrida de Cervi selló el marcador. Argentina no necesitó brillar para resolver un amistoso que no entrará en el recuerdo. En cinco días, Brasil, con Neymar, Coutinho, Gabriel Jesús, Marcelo, Firmino, Arthur y Alisson representará una auténtica medida para evaluar las señas de identidad que intenta instalar Scaloni. Y, quizás, Paulo Dybala se haya guardado su primer gol para un partido muy especial.

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