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Se forma en La Masía, juega en Barcelona y se destaca en el futsal argentino en los Juegos Olímpicos de la Juventud: la historia de Santiago Rufino

Fernando Vergara
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12 de octubre de 2018  • 12:16

El futsal argentino vive años de ensueño. A la gesta del equipo campeón mundial por primera vez en 2016, el deporte que sigue escalando peldaños le añade más protagonistas. Santiago Rufino es un juvenil de 18 años que se destaca en los Juegos Olímpicos de la Juventud y que esta temporada hizo historia: es el primer jugador extranjero que se está formando en La Masía del Barcelona. Del fútbol al futsal, de Lionel Messi a Rufino, el equipo culé vuelve a apostar por otro zurdo talentoso.

El llamado al teléfono a Rufino se dio en el inicio de diciembre de 2017. Desde España le preguntaron si le interesaba viajar a Cataluña para una prueba de 10 días. Del otro lado de la línea estaba el director formativo de futsal de Barcelona, Jordi Torras (quien fue capitán del seleccionado español). Torras, atento, había seguido al chico argentino a través de videos. Así, Rufino aterrizó en Europa el 9 de diciembre y empezó a luchar por sus sueños. La familia le pidió que no se trasladara solo y a su lado estuvo Nicolás, su hermano de 20 años, también jugador de futsal. A Santiago solo le bastó tocar la pelota para despertar y dejar de lado los temores lógicos. Para Rufino aparecía una de las grandes oportunidades de su vida. "Nunca me imaginé que iba a tener una chance de ese tipo. Cuando me lo dijeron no lo podía creer. Una vez allá, siempre fui positivo, empujé hacia adelante y tenía en mi cabeza que si hacía las cosas bien, me iban a contratar. Y así fue", explica con una sonrisa a LA NACION.

Rufino, nacido el 26 de mayo de 2000, luce la camiseta Nº 19 en la tierra donde Messi es el gran ídolo. Y llegó a una institución que también es potencia en esta disciplina. "Es una experiencia alucinante. Ya llevo tres meses jugando. La oportunidad que me dieron solo me provoca felicidad", resalta. Por ahora, el ala derecho se desempeña en el Barça Lassa B, el segundo equipo, que participa del certamen de segunda división de la Liga Nacional de España. "Todavía estoy lejos de ascender al plantel superior, pero soy chico y me queda mucho camino por delante. Por supuesto, mi gran objetivo es llegar a la primera de Barcelona", subraya.

Para el futsal albiceleste, lo de Rufino es historia por donde se lo mire. Es el primer jugador extranjero de este deporte que se está formando en el mítico complejo de la entidad culé. "Vivo en un departamento que pertenece a La Masía. Es hermoso, ahí tengo la chance de conocer a muchos chicos de otros países, otras culturas. Aprendo constantemente. Y Barcelona es una ciudad preciosa, la disfruto todo el tiempo".

Rufino es nuevo en esto del futsal, un deporte al que se volcó hace apenas tres años, según confiesa. Su hermano lo convenció y un famoso club de Villa Urquiza le abrió sus puertas. "A Pinocho le debo muchísimo, ellos me formaron como persona y me hicieron crecer. Me enseñaron todo. Alan Calo, mi primer entrenador, fue el que me explicó cómo jugar. Es un club de barrio, una familia hermosa", asegura. Antes, el ala se desempeñaba al baby fútbol en Villa Malcolm y además tuvo un paso por Ferro. De todos se llevó un hermoso recuerdo, admite.

#Rumboabuenosaires2018 - Santiago Rufino - Fuente: YouTube

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El diario español Marca, en su momento, publicó que el Barcelona Lassa buscaba "crear su 'Messi' de fútbol sala". "Ya la formula funcionó en su momento", rezaba el artículo. La comparación resulta inevitable, por los orígenes, el manejo de la pelota, el talento, la zurda. Sin embargo, el chico no está de acuerdo. "Es una locura entrar en ese tipo de semejanzas, Leo hay uno solo", dice Rufino con timidez. "Siempre lo admiré, como persona y como futbolista. Todavía no pude estar con él. Me dijeron que lo iba a conocer, pero hasta el momento no tuve la posibilidad. Desde ya: sería un sueño charlar unas palabras y sacarme una foto con Leo".

Por otro lado, el recorrido del zurdo con la camiseta argentina lleva un par de años. A los 15 ya había disputado un Sudamericano Sub 17 en Brasil, dando cierta ventaja con la edad. Ahora, en Buenos Aires 2018, trabajan bajo las órdenes de Matías Lucuix, exjugador de Caja Segovia y Movistar Inter y exayudante de Diego Giustozzi en la selección mayor. Rufino está bien protegido: si la lesión en el Mundial 2012 no lo dejaba trunco, Lucuix estaba en camino para ser uno de los mejores jugadores del mundo. Uno de los sueños del chico argentino, claro, es debutar en el seleccionado. "Todo a su tiempo. Tengo que seguir dejando todo", puntualiza.

Por ahora, Rufino va sumando experiencias con los futbolistas de su camada. En casa, frente a su gente, con la camiseta que más disfruta. "Estamos jugando cada vez mejor, concentrados en nuestro fútbol y tratando de no presionarnos por la gran cantidad de personas que vienen a vernos. Y sé que podemos desempeñarnos cada vez mejor", sostiene. En Buenos Aires 2018 ya se dio el gusto de celebrar de cara a su familia. "Es una sensación hermosa la de hacer un gol con la camiseta argentina, y más cuando se trata de los Juegos Olímpicos".

Es miércoles. En el estadio de futsal de Tecnópolis cerraron las puertas. No hay espacio para nadie más. Sin dudas, es uno de los deportes que más público convoca en este fervor olímpico. Más de 6500 personas contra Egipto en el debut, casi 6200 en el segundo cruce frente a Eslovaquia. "Lo de la gente es una cosa de locos. Vienen a mirarnos sin importar la hora", agrega. Por caso, el encuentro contra los europeos se jugó en un día laborable, a las 18, y las tribunas lucieron completas.

De pronto, en las gradas surge una adaptación de la canción que popularizó el instagramer Chapu Martínez con sus videos previos a Rusia 2018. "Traeme la copa, Rufa, traeme la copa", se escucha. Llegan las carcajadas y los aplausos. "No lo tomo como una presión. Todo el tiempo siento que el público nos alienta y me hace bien, es productivo. Es un plus tenerlos cerca, lo mismo que a mi familia", cierra el zurdito que vive un sueño: con apenas 17 años viste las camisetas albiceleste y blaugrana. Como el otro zurdo al que Rufino tanto admira. A su manera, él también busca dejar su huella.

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