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John Travolta

La pista de Fiebre de sábado por la noche junta polvo en un boliche cerrado de Núñez

Andrés Krom
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12 de octubre de 2018  • 14:08

1977. John Travolta desata furor en todo el mundo con Fiebre de sábado por la noche, película en la que se pone en la piel (y el impecable traje blanco) de Tony Manero, un atribulado chico italoamericano que sueña con ser el rey del baile de Brooklyn. La imagen de Travolta sobre una pista iluminada con diversos colores se transforma inmediatamente en la postal más reconocible de la era disco.

Escena de baile de la película Fiebre de sábado por la noche

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2018. Club 74, un boliche de Núñez, lleva tres años y medio cerrado tras la muerte de su fundador, el ingeniero electrónico Miguel Mauro. El local, que convocó a miles de personas durante sus más de cinco décadas de vida, está a oscuras. Casi nadie podría darse cuenta que ahí, en el piso, está instalada parte de esa pista que vibró bajo los zapatos de plataforma de Travolta. Pero, ¿Cómo llegó hasta este lugar, a más de 8500 kilómetros de donde fue originalmente ensamblada?

Disco inferno

Miguel Mauro, 49 años y un afro vibrante, conoce la trama muy bien. Él no es el creador de este boliche histórico (inaugurado el 5 de junio de 1958) sino su hijo, criado en los departamentos construidos encima del local. También fue quien lo administró en el último tiempo hasta que la fatalidad y un engorroso trámite de sucesión lo obligaron a cerrar las puertas. "Comenzó como una casa de té que se convertía en la Confitería Danzante, con bandas de música en vivo", relata.

A fines de los 60 y comienzos de los 70, con el surgimiento de los primeros DJs, se reconvirtió en club para parejas que bailaban al ritmo de los artistas populares de la época. En medio del frenesí de la era espacial, el edificio fue transformado para asimilarse a una nave espacial en un paisaje lunar.

En agosto de 1980, cuando parecía que las radios del hemisferio norte comenzaban finalmente a inocularse de la fiebre disco, Mauro se cruzó con una oportunidad difícil de ignorar. "En un viaje a Miami se entera de que están rematando la pista de Fiebre de sábado por la noche. Hipotecó nuestra casa y compró seis paneles de los 36 que estaban en venta", cuenta su hijo.

Manteniéndose vivo

La icónica pista iluminada fue uno de los grandes atractivos de Club 74, que vivió en los 80 un período de gloria pesar de los vaivenes de la economía argentina, pero que poco pudo hacer en los 90 ante la apertura de grandes locales bailables y el avance de la música electrónica.

Club 74 vivió su período de mayor esplendor entre las décadas del 70 y 80
Club 74 vivió su período de mayor esplendor entre las décadas del 70 y 80 Crédito: Club 74

Cuando Miguel hijo decidió tomar las riendas del negocio para tratar de frenar la sangría de clientes, descubrió que tenía aún un tesoro de vinilos clásicos a disposición. Entonces lo supo: debían dedicarse por completo a celebrar los años dorados de la música Disco, el funk y el soul.

Durante un tiempo, Club 74 se convirtió de nuevo en un sitio popular entre jóvenes enamorados de su estética vintage. Incluso fue el lugar donde se filmaron algunos conocidos videos musicales ("Los piratas", de Los Auténticos Decadentes ), además de producciones del canal infantil Cablín y Tini Stoessel , entre otros.

Deberías estar bailando

El fallecimiento de Miguel padre en 2014 le asestó un duro golpe a la supervivencia del boliche, dado que los papeles estaban a nombre de una sociedad constituida por él y su hermano. Desde entonces, sus puertas se mantienen cerradas, a la espera de un avance en el proceso de sucesión.

Miguel hijo no quiere mostrar cómo se encuentra el boliche hoy, dado que prefiere dejar a la gente "con un lindo recuerdo" de los momentos allí vividos. Dice que la intención es reabrirlo eventualmente y ponerlo en condiciones para que sea disfrutado por una nueva generación de melómanos porteños. "Creo que le puede ir muy bien", afirma.

Mientras tanto, la página de Facebook de Club 74 continúa acumulando mensajes de personas que sueñan con volver bailar en esa pista que, de tan luminosa, parecía incandescente.

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