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Boda Real: el vestido de novia de la princesa Eugenia

El vestido que la nieta de la reina Isabel II eligió para dar el sí fue diseñado por Peter Pilotto y Christopher de Vos. La razón por la que no llevó velo y otros detalles de su royal look.
El vestido que la nieta de la reina Isabel II eligió para dar el sí fue diseñado por Peter Pilotto y Christopher de Vos. La razón por la que no llevó velo y otros detalles de su royal look. Fuente: AFP
María Güiraldes
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12 de octubre de 2018  • 12:31

En las casas de apuestas en Londres, daban como favorita a la firma Erdem, pero, como Meghan Markle y otras novias reales, la princesa Eugenia (28) prefirió mantener el secreto de su vestido de novia bajo siete llaves. "No voy a decirle a nadie quien lo está haciendo", explicó hace unos meses la hija del príncipe Andrés (58), quien sólo le adelantó a la prensa un detalle: sería obra de un diseñador basado en Inglaterra. "El vestido era lo único que tenía decidido. Tan pronto como anunciamos la boda, sabía el diseñador y el look", agregó la nieta de la reina Isabel II (92), quien en otra interviú contó que no quería "mangas merengue" por estar muy "pasadas de moda".

Minutos antes de que la novia llegara a la capilla de Saint George's junto a su padre, el misterio finalmente fue develado: el vestido de Eugenia había sido diseñado por Peter Pilotto y Christopher de Vos, quienes abrieron la firma Peter Pilotto en 2007, en Londres.

1. Un vestido imponente para una novia real

Los diseñadores de la firma Peter Pilotto estudiaron los vestidos que llevaron las duquesas de Cambridge y de Sussex en sus bodas, y el traje que Sarah Ferguson, la madre de la novia, lució cuando se casó con el príncipe Andrés para crear el traje de la princesa.
Los diseñadores de la firma Peter Pilotto estudiaron los vestidos que llevaron las duquesas de Cambridge y de Sussex en sus bodas, y el traje que Sarah Ferguson, la madre de la novia, lució cuando se casó con el príncipe Andrés para crear el traje de la princesa. Fuente: Reuters

Como una princesa de cuento de hadas, Eugenia de York sorprendió a todos con un vestido con doble escote en V, mangas largas y falda abullonada, con cola catedral. El traje fue el resultado de un profundo estudio de los diseños que llevaron otras novias de la Familia Real británica y su diseño incorporó una serie de pedidos de la Princesa, quien trabajó codo a codo con los autores en su taller de East London.

Eugenia, nieta de Isabel II de Inglaterra, se casa en Windsor - Fuente: AFP

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El género, un rico brocado de seda, fue diseñado especialmente para la ocasión y contó, en su trama, con varios símbolos significativos para Eugenia. Dispuestos en una suerte de guirnalda, los motivos incluidos fueron cuatro: el cardo de Escocia, para recordar el cariño que los novios sienten por Balmoral, el trébol de Irlanda como un gesto hacia la familia materna de la novia, y la rosa de York y la hiedra, para representar el hogar de los recién casados.

2. El secreto está en la espalda

Por pedido de la princesa, el vestido contó con un profundo escote en la espalda, que dejaba a la vista la cicatriz que le quedó en la espalda después de una operación para corregir su escoliosis a la que se sometió a los 12 años
Por pedido de la princesa, el vestido contó con un profundo escote en la espalda, que dejaba a la vista la cicatriz que le quedó en la espalda después de una operación para corregir su escoliosis a la que se sometió a los 12 años Fuente: Reuters

Por expreso pedido de Eugenia, el escote en su espalda dejaba a la vista la gran cicatriz que tiene desde el cuello y que fue producto de una operación a la que fue sometida a los 12 años para corregir una escoliosis. Es por esta razón que, a diferencia de las novias reales anteriores (la duquesa de Sussex y la duquesa de Cambridge, incluidas), Eugenia fue la primera en no usar velo el día de su boda.

3. El misterio de la tiara, develado

La princesa hizo caso omiso a la tradición y en vez de llevar la tiara York, que lució su madre en su boda con el príncipe Andrés, le pidió prestada la tiara Greville Emerald Kokoshnik a su abuela.
La princesa hizo caso omiso a la tradición y en vez de llevar la tiara York, que lució su madre en su boda con el príncipe Andrés, le pidió prestada la tiara Greville Emerald Kokoshnik a su abuela. Fuente: AFP

Si bien varias eran las tiaras que la nieta de la reina Isabel II tenía para elegir del nutrido joyero real, hubo una pieza que se postuló como la preferida desde un principio. Según indica la tradición, las novias de la familia Windsor deben lucir la misma tiara que llevó su madre en el día de su casamiento. Era esperable, entonces, que la princesa luciera la tiara York, la pieza que la Reina y el duque de Edinburgo le regalaron a Sarah Ferguson para el casamiento con su hijo, el príncipe Andrés.

La tiara cuenta con diamantes de diferentes tallas engastados en platino, una esmeralda central y seis en cada lateral. Es un diseño de Boucheron que lady Grenville le legó a la reina Isabel II

Pero así como no llevó velo, Eugenia también se "salteó" esta tradición y optó por una tiara que no había estado en el radar de los especialistas en realeza: la tiara Greville Emerald Kokoshnik, que la señora Greville le legó a su abuela en 1942. La Princesa acompañó la pieza con unos pendientes de diamantes y esmeraldas que le regaló su novio que pudieron verse gracias a la ausencia de un velo y el recogido que le hizo el peluquero Sonny-Jo MacFarlane.

4. Un ramo muy tradicional

En el bouquet de Eugenia fueron incluidas ramitas de mirto, un símbolo de amor. Todas las novias reales siguen esta tradición que comenzó la Reina Victoria en su boda, en 1858.
En el bouquet de Eugenia fueron incluidas ramitas de mirto, un símbolo de amor. Todas las novias reales siguen esta tradición que comenzó la Reina Victoria en su boda, en 1858. Fuente: Reuters

Creación de Patrice van Helden Oakes, el ramo de Eugenia incluyó lirios del valle, jazmines, cardos azules, rosas blancas, hiedra. Y las infaltables ramas de mirto. Presente en todos los ramos de las novias de la casa real británica desde el casamiento de la princesa (y luego Reina) Victoria, en 1858, el mirto simboliza el amor y encierra una tradición que la joven Eugenia sí continuó.

Edición fotográfica: Pilar Bustelo

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