Mujeres de pie: una carpa que reclama por un agua limpia y el futuro de sus hijos

"Hoy tenemos un río contaminado y envenenado. Y acá lo que está en juego es la vida de nuestros hijos", dice Carolina Caliva
"Hoy tenemos un río contaminado y envenenado. Y acá lo que está en juego es la vida de nuestros hijos", dice Carolina Caliva
Micaela Urdinez
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12 de octubre de 2018  • 15:26

No hay invierno para nosotros", dice Juana Padilla, sentada al lado de un caloventor en el interior de la carpa que la asamblea Jáchal No Se Toca levantó hace casi ya tres años, en frente de la municipalidad de Jáchal, donde funciona el poder ejecutivo y judicial. Sus integrantes combaten la hostilidad del clima con su calor humano y su energía. "Venimos con una mochila llena de cosas personales y cuando llegamos acá nos transformamos", agrega Padilla.

Son las siete de la tarde de un domingo y la carpa se empieza a llenar. El mate siempre está presente y hoy se acompañan con unos pastelitos de membrillo. Cuando uno ingresa, se encuentra con un gran comedor en el que abundan las banderas argentinas, los mensajes en contra de las mineras y los mapas con las explotaciones mineras. Está compuesto por dos mesas con sillas alrededor, una heladera, una pava eléctrica, un parlante y calefactores; en el lado izquierdo, hay un mini cuarto en el que la persona asignada pasa la noche.

Porque este es un trabajo full life. La carpa no duerme. Siempre hay una persona recibiendo a cualquier que entre a preguntar por su lucha o haciendo guardia para encarnar un reclamo tan visceral, como humano: "Agua sí, oro no". "Puede haber una sola persona pero esta carpa está llena de voces. Nunca es difícil venir a las dos horas de guardia porque pasan volando. Siempre pasa alguien a hacerte compañía. Nunca estás solo", dice Padilla.

La carpa es azul y en la entrada tiene carteles con las fotos y los nombres de los que ellos denominan "verdugos de Jáchal"
La carpa es azul y en la entrada tiene carteles con las fotos y los nombres de los que ellos denominan "verdugos de Jáchal"

La mayoría de la asamblea está formada por mujeres, aunque son los hombres los que se quedan en los turnos de la madrugada. "El clima es bastante árido y eso hizo luchadoras a las mujeres. Por eso tienen esa fortaleza que contagia", explica Padilla. Haydeé Palacio, otra compañera, tiene una explicación diferente: "Las mujeres somos más audaces. Y tenemos la lucha más dentro nuestro porque somos mujeres y madres. Y el hecho de ser madre, como la madre Tierra, hace que querramos defender la vida".

Se definen como una gran familia. Personas de distintos niveles culturales, económicos, edades y credos pero con un sólo fin común que los une a todos, que es el agua y la vida.

"Hoy tenemos un río contaminado y envenenado. Y acá lo que está en juego es la vida de nuestros hijos", dice Carolina Caliva, mientras su hijo dibuja a su lado. Es docente, y en general elige hacer el horario de las 18 a las 20. "Lo hacemos con mucho placer y con mucho orgullo. Porque el día de mañana yo a mi hijo lo voy a poder mirar a los ojos y le voy a poder decir "yo hice algo por vos", "yo cuidé el agua", agrega Caliva.

La carpa es azul y en la entrada tiene carteles con las fotos y los nombres de los que ellos denominan "verdugos de Jáchal". Allí están Mauricio Macri, Carlos Menem, Cristina Kirchner, Sergio Bergman, Jorge Mayoral (ex secretario de minería), Peter Miuk (fundador de Barrick), Ruperto Godoy (senador nacional), José Luis Gioja y Raúl Tello (secretario de medio ambiente), entre otros.

En 2004, los vecinos se Jáchal se enteraron de que se iban a instalar las mineras en la zona y organizaron el 1er Congreso del Agua. A él asistió el biólogo Raúl Montenegro, que les aclaró muchas dudas. "En ese entonces, todo era nuevo para nosotros. Conceptos como lixiviación eran bastante lejanos a nuestra realidad. Veníamos en Jáchal con un empobrecimiento paulatino en los últimos 50 años, de cierre de fábricas, la crisis de 2001, el derrocamiento de un intendente, sumado a mucho desempleo y pobreza. Entonces la salida era la minería. Lo cierto es que nos fueron preparando para dependen de esta actividad", cuenta Caliva.

Ninguno sabía del tema. A fuerza de estudio, interés y dedicación, se "hicieron" especialistas. Hablaron con los baqueanos, preguntaron, recorrieron el territorio. Y fueron consiguiendo diferentes apoyos. FARN los capacitó sobre los derechos de los ciudadanos, ganaron un financiamiento de la Unión Europea, la Universidad Nacional de Cuyo empezó a hacer los análisis de agua, y así se fueron asentando las bases de esta lucha que ya tuvo algunas victorias.

"Cuando nace mi primera hija, con mi marido empezamos a considerar todo, como el agua con la que le preparábamos la leche. Porque empezamos a tener problemas de salud, en el estómago, con lo cual eso demostraba que la contaminación ya tenía impactos directos", cuenta Caliva.

La carpa es presencia. Y esa es su principal fortaleza. Dejar en evidencia, en forma permanente, que el reclamo sigue vigente. Y que van a seguir luchando. "La carpa es una medida para presionar. Y eso los obliga a tener que escuchar a los que pensamos distinto. Y nos tienen que atender porque para eso son autoridades y trabajan para el pueblo. Y nosotros también somos pueblo", dice Palacio.

Faustino Esquivel, otro integrante de la asamblea, afirma que les costó poder conseguir el apoyo del resto de la comunidad. A veces por miedo, a veces por ignorancia. "Nos decían que éramos faloperos, hippies, que nuestras mujeres se prostituían. Hasta que logramos entrar en la comunidad y que ellos entendieran qué es lo que pedíamos. Nosotros no podemos retroceder porque sino la gente te va a decir "cuanto te dieron"", explica.

En 2004, los vecinos se Jáchal se enteraron de que se iban a instalar las mineras en la zona y organizaron el 1er Congreso del Agua.
En 2004, los vecinos se Jáchal se enteraron de que se iban a instalar las mineras en la zona y organizaron el 1er Congreso del Agua.

Ya son diez las personas que se reúnen en la carpa. El mate dulce pasa de mano en mano y se conversan sobre las problemáticas de siempre. "Esta carpa es la voz de los sin voz. Hay muchos que están de acuerdo pero no pueden venir a la carpa porque ellos dependen de un trabajo en el municipio", cuenta Palacio. Incluso denuncian que a algunos hasta los han amenazado. A Esquivel, lo llevaron detenido por tener un cartel que decía "El agua vale más que el oro".

La minería no sólo tiene consecuencias en el medioambiente sino también en la salud de las familias. En Jáchal, es la nueva brecha. Amigos y familiares separados porque a algunos no les queda otra que trabajan en las minas. "Yo tengo un hijo y un yerno que están trabajando en Veladero y en Gualcamayo. El tema es que la gente como no tiene otra cosa que hacer, trabaja ahí. Se van por 15 días y dejan a sus familias. Nosotros no estamos en contra de las personas que trabajan ahí. Nosotros nos reunimos en familia pero nunca hablamos de eso. Ellos respetan nuestra forma de lucha", dice Esquivel.

Y Palacio agrega: "A los que más contratan es a los jóvenes y eso les trae consecuencias nefastas. Suben sanos y bajan enfermos. Trabajan a 5000 metros de altura, con frío, en condiciones muy adversas".

La vida sigue en Jáchal, y cada uno de los integrantes de la asamblea, tiene que dejar de lado momentos de esa vida para dedicarse a este reclamo. "Nos hacemos el tiempo para venir. Porque a pesar de que tenemos nuestras actividades, somos madres, trabajadoras, y tenemos otras obligaciones, hemos tomado este compromiso con nuestros compañeros y con la vida. Y el agua de nuestro río es vida", dice Palacio.

En este eterno tironeo entre la vida familiar y la personal, Caliva cuenta que sus hijos muchas veces no quieren ir a la carpa o le piden que dediquen más tiempo a pasear. "Pero después salen cantando "Jáchal no se toca", así que eso quiere decir que ellos están mamando todo lo que defendemos", dice orgullosa.

BICICLETEADA

Del 19 al 27 de febrero de este año, la asamblea realizó una bicicleteada en defensa de los glaciares desde Jáchal hasta Buenos Aires. Fueron nueve días en los que once personas hicieron postas, con diferentes paradas. "La experiencia fue hermosa. En cada lugar al que íbamos llegando la gente nos regalaba cosas y nos recibía con mucho cariño. Habíamos armado un camión con cuchetas y mercadería, y en vez de vaciarse cada vez teníamos más cosas. Ya no teníamos lugar en el camioncito para guardarlas", recuerda Esquivel.

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