Suscriptor digital

El día que ETA asesinó a Cristóbal Colón

El 6 de febrero de 1986 ETA asesinó al vicealmirante Cristóbal Colón de Carvajal y Maroto
El 6 de febrero de 1986 ETA asesinó al vicealmirante Cristóbal Colón de Carvajal y Maroto Crédito: Gentileza: El País
Luis Eduardo Meglioli
(0)
12 de octubre de 2018  • 18:35

Lo recuerdo muy bien porque la estampida sonó por un amplio sector de Madrid, una tranquila mañana de invierno de 1986. Una vez más ETA, la organización paramilitar nacida separatista en tiempos de la dictadura de Francisco Franco, y convertida en terrorista con la llegada de la Democracia, había logrado nuevamente sellar con sangre la capital española. Esta vez, la víctima del asesinato estuvo seleccionada por el simple hecho de llamarse como el legendario almirante de la osada empresa española de 1492, y con un objetivo claro, precisamente, de lograr en todo el mundo este título periodístico: "ETA mató a Cristóbal Colón". El impacto de la noticia permitía que se volviese a hablar como cada tanto, de esta organización, que ya no buscaba separar del Estado español al País Vasco, formalmente Comunidad Autónoma Vasca, ante el escaso apoyo popular, sino presionar para la liberación de detenidos protagonistas de numerosos asesinatos desde la recuperación de la libertad en la península.

No fue casual que el suceso tuviera lugar poco después de que el Gobierno local anunciara el comienzo de los preparativos para el Quinto Centenario de lo que se llamó "Descubrimiento de América", posteriormente convertido en "Encuentro entre dos mundos", gracias, especialmente, a una larga reunión entre Pueblos originarios de América con la reina Sofía de España. El comando terrorista de ETA consumó el atentado mortal contra el vehículo en el que viajaba el vicealmirante Cristóbal Colón de Carvajal y Maroto, 19º descendiente directo de Cristóbal Colón, el favorito de los Reyes Católicos para el ambicioso proyecto "descubridor" del siglo XV.

También murió su chofer, Manuel Trillo y resultó gravemente herido el ayudante del alto marino, comandante Antonio Rodríguez Toubes. Fue el 6 de febrero de 1986 y hubo testigos del asesinato, lo que permitió identificar a los autores, los militantes etarras Ignacio Aracama Mendía y José Luis Urrusolo Sistiaga, reconocidos miembros del comando que tenía asiento en Madrid. Colón se dirigía en su vehículo oficial al Cuartel General de la Armada cuando los terroristas ametrallaron el vehículo, y uno de ellos arrojó al interior del auto una granada, para luego emprender la huida en un auto robado a punta de pistola. La policía les perdió el rastro cuando abandonaron el auto en una zona céntrica de la capital española y, como sucedió ante cada atentado terrorista, partidos políticos de todo el arco parlamentario y organizaciones sindicales y cívicas se mostraron especialmente duros al condenar el doble asesinato.

Este Cristóbal Colón del siglo XX fue ascendido inmediatamente después de su muerte al grado de almirante, grado que antes ostentaron en la Armada todos los descendientes del mismo nombre, desde el histórico primer Colón. Es que, aunque resulte sorprendente, en la rama original de la familia nunca dejó de existir un homónimo de aquel hombre de mar genovés, cartógrafo, almirante, virrey y "gobernador general de las Indias", en nombre de la Corona de Castilla. Desde aquel mismísimo 12 de octubre de 1492, jamás faltó en la Armada española un Cristóbal Colón, ostentado a su vez todos los títulos del primero. Esto sucedía porque, cumpliendo el deseo y legado del célebre marino, cada vez que nacía un varón en su descendencia debía llamarse con el mismo nombre y tenía la obligación de incorporarse a la Marina, llegado el momento, y terminar siendo almirante. Así, este hombre de 61 años asesinado por ETA, como descendiente directo del primer Colón por vía de su hijo Diego Colón, ostentaba los títulos heredados de duque de Veragua, marqués la Jamaica, duque de la Vega, marqués de Aguilafuente, Almirante de la Mar Océana y Adelantado de las Indias. Como puede deducirse, ya tenía un hijo con su mismo nombre que a la sazón ostentaba el grado de capitán de navío en la Marina, y ocupaba el cargo de agregado militar de la embajada de España en los EE UU.

Tiempo después, cuando se avecinaba 1992, el llamado "año del siglo" para España, con los organización de las Olimpiadas de Barcelona, la Exposición Universal de Sevilla y la Capitalidad Cultural Europea de Madrid, abordé un trabajo periodístico sobre esta temática, y para ello debí llamar a la casa de la familia Colón de Carvajal. Anunciada Gorosábel y Ramírez de Haro, viuda del almirante asesinado y madre del actual Cristóbal Colón, me confesó con evidente tristeza por el recuerdo de la violenta muerte de su esposo, que su hijo, Cristóbal Colón de Carvajal y Gorosábel, no estaba dispuesto a dar entrevistas, ni a que le hagan fotos para publicar, y mucho menos participar de los eventos que se preparaban, porque no quería correr la misma suerte que su malogrado padre. Este hombre ya tenía, como mandaba la historia familiar, un hijo llamado como él, que en la actualidad sigue el camino hacia el almirantazgo como todos sus ascendientes. Y tal como lo aseguró la viuda, el gobierno español y el entonces rey Juan Carlos, no contaron con la presencia de Colón en ninguno de los actos oficiales del histórico 1992.

Finalmente, hay que recordar que, con la presión de toda la Unión Europea y los gobiernos españoles sin excepción, ETA terminó por disolverse definitivamente en mayo de este año 2018, sin que los deudos de las 900 víctimas de sus acciones en 60 años de existencia, pudiesen perdonarles. La realidad demostró, sobre todo en las urnas, que el ciudadano vasco no responde ni remotamente al concepto violento impuesto por ETA en el mundo. Y la amplia riqueza y diversidad de tradiciones que los siglos han construido como memoria colectiva de los vascos, los ha marcado como un pueblo tranquilo y moderno que ha conseguido perpetuar su cultura, sobre todo de forma oral, enriqueciéndola y preservándola del olvido a toda costa.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?