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El Jardín de las Tullerías, convertido en un "objeto sin fin"

"El círculo", la obra de Pablo Reinoso, está situada en medio de la fuente octogonal
"El círculo", la obra de Pablo Reinoso, está situada en medio de la fuente octogonal
Luisa Corradini
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13 de octubre de 2018  • 19:18

PARIS - El escultor franco-argentino Pablo Reinoso será una de las estrellas de la 45 Feria Internacional de Arte Contemporáneo (FIAC) prevista en París del 18 al 21 de octubre que, fiel a la tendencia de ediciones anteriores, se desplegará ampliamente en el espacio público.

Presentadas por la galería Waddington Custot, dos obras de Reinoso participarán este año en la FIAC: "El arco", que estará ubicada frente al Petit Palais, y "El círculo", situada en medio de la fuente octogonal del Jardín de las Tullerías.

Similar a las instalaciones realizadas para su serie de bancos-esculturas en metal -bautizados "Spaghetti" por sus estructuras en cintas de acero que se escapan en diferentes direcciones del objeto-, "El círculo" es una serie de ocho bancos de jardín instalados en medio del agua, cuyas varillas ondulantes de metal se despliegan libremente hacia el cielo y terminan formando una esfera. Sus movimientos crean reflejos en el agua que cambian con el viento.

"El arco" también forma parte de esa misma serie, que Reinoso comenzó en 2011. Aquí el acero se entrelaza, formando cintas etéreas de metal, espirales en movimiento que terminan formando un arco, imaginado para hacer eco a las suntuosas puertas del Petit Palais y a las curvas de su arquitectura. Mirada de frente, la obra parece enmarcar la entrada del edificio, proponiendo a los visitantes un sitio para sentarse.

Explorador de fronteras entre arte y diseño, Reinoso nació en Argentina en 1955, pero vive y trabaja en París desde 1978. Arquitecto recibido en Buenos Aires, incapaz de revalidar su título en Francia, obtuvo una beca de un año para trabajar el mármol de Carrara en Italia. A su regreso, abrió su primer atelier en la Ciudad Luz.

"Me llevó mucho tiempo comprender la escultura, trabajando los materiales físicamente: avancé, probé, mirando las obras de aquellos a quienes admiraba: Picaso, Brancusi, Giacometti, Moore", suele decir.

Reinoso trabaja con objetos cotidianos
Reinoso trabaja con objetos cotidianos

Si en su primera vida Reinoso se ocupó del mármol, de la madera e incluso del fuego, el agua y el aire, en su segunda existencia -en vísperas de los 50 años- comenzó a crear objetos cotidianos totalmente improbables, aunque funcionales.

El primero de sus proyectos fue trabajar sobre la icónica silla Thonet N°14, en madera maciza curvada, considerado como el primer objeto manufacturado de la era industrial (1859).

"Esa silla tiene una formidable capacidad de reproducción, de arborescencia, exuberancia y expansión. Esas palabras me interesan porque corresponden a esa especie de exageración que me caracteriza", declaró.

A partir de entonces, los bancos de Reinoso no respetan límites. Algunos invaden balcones. Otros atraviesan muros. Ciertos, como "Las sillas de la armonía", vibran al viento como si fueran un diapasón. Pero, quizás, su instalación más conocida sean "Las raíces de Francia", dos rampas formadas de múltiples arabescos que se transforman en banco y que adornan los jardines del palacio presidencial del Elíseo desde 2016.

¿Por qué le interesan los bancos? La intención del artista es convocar en sus esculturas conceptos que superan el terreno del objeto y exceden su propia naturaleza, es verdad. Pero, además, porque pretende estimular el banco público como espacio de encuentro, intercambio y diálogo. Para el escritor y psicoanalista Gérard Wajcman, cada objeto creado por Reinoso "excede su propia naturaleza, su propio concepto y, de ese modo, también excede todos los géneros y registros jerarquizados de las bellas artes".

¿Es un banco? ¿Un monumento? ¿Una planta? ¿Es, incluso un objeto? Difícil saberlo: "Un objeto supone la finitud, el uno. Y Pablo Reinoso crea objetos sin fin", precisa. El artista confiesa que él mismo fue el primer sorprendido por el eco de sus obras en el público. "Por primera vez -recordó- sentí que había tocado algo universal, que hizo brillar los ojos de los niños".

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