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Cómo les fue a otros países con sus políticas monetarias

Fernando Morra
Fernando Morra PARA LA NACION
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14 de octubre de 2018  

La Argentina ha registrado una nueva marca para los libros de texto: es el primer país en la historia en implementar y abandonar un régimen pleno de metas de inflación. Lo cierto es que desde hace ya muchos años el país es una excepción en el contexto de una región que ha diseñado estrategias de política monetaria que permitieron mantener una inflación baja y estable por casi dos décadas. Esta afirmación no implica que exista una salida única ni que la misma sea simple de alcanzar; más bien es todo lo contrario, las transiciones de estos países han sido generalmente complejas y prolongadas. Utilizar esa experiencia como guía no es solamente un ejercicio abstracto, sino una herramienta útil para pensar nuestros problemas.

Posiblemente, la lección más importante para destacar es que el uso de la emisión monetaria como herramienta de financiamiento de déficits fiscales recurrentes afecta, tarde o temprano, la estabilidad de precios.

La sostenibilidad de la política fiscal es un elemento ineludible para garantizar la capacidad del Banco Central de establecer sus políticas con cierto grado de independencia. Pero el control de la cantidad de dinero no alcanza: en general, aquello que determina el valor de la moneda en el largo plazo no necesariamente define su dinámica en el corto plazo. Existe abundante evidencia sobre tres elementos que inciden en el proceso de formación de precios en economías de inflación recurrente: en primer lugar, movimientos en el tipo de cambio nominal se trasladan más rápidamente a precios en contextos inflacionarios, es decir, se incrementa el "traspaso".

Estas situaciones suelen estar acompañadas por el establecimiento de contratos formales o informales que dependen de la inflación pasada, generando lo que suele conocerse como inercia inflacionaria. Por último, hay incrementos de precios regulados (por ejemplo, tarifas) que aumentan la inflación de manera transitoria, aun cuando ayuden a reducir el déficit fiscal y la inflación esperada en el largo plazo.

Enfrentar procesos de inflación crónica requiere políticas que ayuden a la coordinación de los diferentes actores y reduzcan la incertidumbre. A modo de ejemplo, Chile y Colombia mantuvieron durante toda la década de los 90 esquemas de control de capitales, de manera de evitar que los flujos de corto plazo amplificaran la volatilidad del tipo de cambio. Estos países establecieron bandas cambiarias estrechas para permitir que existiera cierta previsibilidad del valor de la moneda, mientras que otros países como Perú (por aquel entonces, con un sistema financiero prácticamente dolarizado) hicieron intervenciones directas sobre el mercado cambiario por más de una década, para evitar saltos abruptos en la cotización.

No se trata, en todo caso, de afirmar que estas políticas sean recomendables en el largo plazo, pero resultan necesarias en una transición porque tienen fuerte incidencia en la formación de precios.

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) ha anunciado la implementación de un esquema de control de la base monetaria que intentará reducir a cero la cantidad de pesos emitidos, junto con un manejo acotado del tipo de cambio que fluctuaría entre un techo y un piso con una brecha relativamente amplia, que se irá moviendo a lo largo de los meses. Juzgar a la política monetaria por su desempeño en materia de inflación durante los próximos meses será posiblemente injusto: hacia atrás, tendrá que lidiar con el salto del tipo de cambio, y hacia adelante se verá afectada por el aumento de las tarifas de bienes y servicios regulados y la recomposición salarial.

Uno de los ejemplos más cercanos de un esquema similar a la salida de una crisis de balanza de pagos está en lo implementado por México a partir de 1995. El país sorteó con éxito la transición hacia una reducción progresiva de la inflación, aun cuando en el año de implementación del esquema el índice superó el 50% anual.

Hay dos razones para pensar que las experiencias de México y la Argentina no son completamente comparables. Una de ellas es optimista: el descalce de monedas que desencadenó la "crisis del tequila" (individuos y empresas con ingresos en moneda local y deudas en moneda extranjera) está ausente hoy en nuestro país. La otra, más pesimista, es que la estructura del balance del BCRA es mucho más frágil que la de su contraparte en aquel momento. La evidencia sobre la aplicación de encajes legales remunerados, como aquellos con los que se propone alcanzar la meta monetaria, muestra que son un instrumento que amplifica la inestabilidad del sistema financiero. En esta situación, una regla monetaria muy dura puede generar el efecto contrario al esperado: dado que estos pasivos se pagan con emisión futura, una expansión muy fuerte de los mismos puede reducir la credibilidad de los anuncios.

Hay una frase que dice que "los aciertos vienen de la experiencia y la experiencia es el resultado de los errores". Brasil impulsó un esquema de metas de inflación en 1999 y obtuvo una inflación por encima de la meta entre 2001 y 2003, mientras que Colombia cumplió su anuncio solo una vez entre 1991 y 1996. Una comunicación efectiva sobre los efectos esperados del diseño propuesto y la naturaleza de los desvíos es necesaria para fortalecer la coordinación, más aún cuando un conjunto de los elementos que componen ese diseño son de carácter transitorio y no permanente. Aprender de los errores para no repetirlos es, sin lugar a dudas, la gran experiencia que nos puede dar la historia.

El autor es economista y docente en la Universidad de La Plata

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