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El dólar baja, el gas no sube y Lilita no rompe

Carlos M. Reymundo Roberts
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13 de octubre de 2018  

Todo está saliendo realmente muy bien en los Juegos Olímpicos de la Juventud , y ya se oye decir a atletas de todo el mundo que Buenos Aires 2018 será para ellos inolvidable. Claro que sí. Y para los que vivimos acá, Argentina 2018 también será imposible de olvidar. ¡Mamita, qué añito!

Pero no quiero tirar muchas pálidas, porque esta columna es conocida por ser una ventana abierta a "la paz, el amor y la esperanza", fórmula que aprendí del filósofo de la vida Daniel Scioli y que llevo en lo más profundo de mi corazón (también la llevo en la luneta del auto).

Además, en medio de esta crisis tremenda, tan dolorosa, aparecieron señales positivas: el dólar baja , el gas no sube y Lilita Torquemada no rompe.

Empecemos por el gas. En esto es evidente que se cometió una gran equivocación, una equivocación inadmisible. Que nos hayamos tragado el amago. No sé por qué insistimos en creerle a pie juntillas al Gobierno, que ha dado suficientes muestras de que, cuando de temas económicos se trata, no hay que tomárselo en serio. Ya tiene un frondoso prontuario, con anuncios fallidos y marchas y contramarchas sobre dólar, tarifas, metas de inflación, tasas de interés, crecimiento del PBI y 50 etcéteras. El célebre "segundo semestre" de 2016, en el que la economía iba a crecer, los precios iban a bajar y una lluvia de inversiones regaría los brotes verdes, es de algún modo un hito fundacional de este modus operandi. O, si se me permite un neolatinismo, modus amagandi.

El protocolo del error se cumplió, otra vez, al pie de la letra: anuncio de aumento, inmediata reacción de espanto de Cristina, defensa de Macri, reacción de espanto de los aliados de Cambiemos e incluso en las filas de Pro (Horacio Rodríguez Larreta se enteró de la medida cuando salió publicada en el Boletín Oficial), defensa encendida de Macri, denuncia judicial, espanto en la población, espanto de la oposición, susto de Macri, marcha atrás. En cierta oficina escuché, hace años, que allí nunca había que cumplir una orden hasta que no llegara la contraorden. Habría que difundir esta máxima entre la población. Y en el gabinete. Pobre Iguacel, el secretario de Energía, que se comió todos los bifes: él estaba cumpliendo con un contrato en dólares firmado en los años 90 por Menem y convalidado posteriormente por los Kirchner, la familia argentina más dolarizada. Y hasta había logrado, en una buena negociación con las empresas energéticas y después de dar todos los pasos que fija el marco regulatorio, dilatar los plazos de pago. Pero, claro, Iguacel tiene la cintura política de un ombú. Marcos Peña debería tomar nota de eso, aunque probablemente esté pensando: "¿Querían que se descentralizaran las decisiones? ¡Ahí tienen!". Y Macri, el que aprobó todo sin decir ni mu, debería tomar nota de que, en los temas pesados, como es un ajuste de tarifas, no tendría que cortarse solo. Mauricio, de onda te lo digo: dejate ayudar. Para algo tenés un gabinete de lujo, el mejor de los últimos 50 minutos.

Segunda noticia bomba de la semana. El dólar baja. El dólar baja. El dólar baja. Lo puse tres veces para creérmelo y para que me crean. Otra vez: Mauricio, tranqui, no digas que la tormenta ya pasó, cruzá los dedos, no hagas nada, no te confíes, no gastes a cuenta, no cantes Vicky. Incluso, empezá a preocuparte: el envión a la baja ya me está metiendo miedo. Estoy feliz de caminar por Florida y ver a gringos, brasileños y chilenos soltando el "deme dos". Qué lindo que nos visiten, que traigan divisas, y no al vesre. Qué lindo no volver a leer en los diarios que el dólar "alcanzó un nuevo récord histórico", como si el dólar estuviese compitiendo en los Juegos Olímpicos.

Ayer, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, me contó que con el nuevo tipo de cambio, algunos sectores de la industria están volviendo a exportar. Se me ocurre que el producto más demandado deben ser los cuadernos Gloria.

Tercera bomba desactivada: contra lo que parecía inevitable, inminente, Lilita no rompió su alianza con el Gobierno. En realidad, siguió rompiendo toda la semana, y hasta se animó a decirle al Presidente: "O Garavano o yo". Saltaron las alarmas (al Gobierno no le preocupa tanto que se vaya ella, sino sus millones de votos), pero en tiempo de descuento, cuando Macri estaba a punto de optar por el cupo masculino, Lilita se arrepintió y dijo que había sido una broma. Ingeniosa, divertidísima broma, podríamos agregar. En fin: gracias a Dios, la seguiremos teniendo al frente de la cruzada contra los infieles. Infieles como Angelici, y no Garavano, que no había sido muy feliz ni oportuno con sus declaraciones de la semana pasada en favor de la libertad de Menem y de Cristina, pero tampoco está para la hoguera.

A propósito: en las redes sociales pude comprobar, con mucha pena, que la columna del sábado pasado no fue del agrado de los "lilitos", esa inmensa legión de seguidores que están dispuestos a dar la vida por ella. Y a terminar con la mía si me animo a cuestionarla. Créanme: Lilita es una de las preferidas de mi corazón. Cuando hablo de ella lo hago con admiración y cariño. Amo a Lilita Carrió. No a Lilita Torquemada.

He dicho. Disparen.

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