Suscriptor digital

El peor jefe de todos, el manager narcisista

Sebastián Campanario
Sebastián Campanario PARA LA NACION
(0)
14 de octubre de 2018  

Una de las frases de apertura más famosas de la literatura, la del clásico de Leon Tolstoi Ana Karenina, postula que "todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera".

En otras palabras, para ser feliz, una familia debe ser exitosa en cada uno de ciertos factores (atracción sexual, dinero, crianza, religión, etcétera). La deficiencia en uno solo de estos eslabones llevará a la infelicidad. Por lo tanto, existen más vías para que una familia sea infeliz que para lograr ser feliz. El autor de best sellers de divulgación Jared Diamond lo formalizó en su libro Armas, Gérmenes y Acero como "el principio de Ana Karenina", para describir eventos en el que cualquier deficiencia en una parte de la cadena lleva a un fracaso irremediable.

En el ámbito corporativo, los buenos líderes se parecen, pero para los jefes malos hay toda una rama de categorías, que describe Andrés Hatum en El Anti Lider (Ediciones B), publicado en estos días. Exceso de ego, falta de autoestima, ignorancia, crueldad: el lado oscuro de un líder se puede construir con ingredientes muy distintos que aluden a la personalidad de los managers.

Pero no todo es una cuestión de diván y psicología: las organizaciones -en una línea que profundiza este libro- también pueden tener esquemas de incentivos que promuevan o desalienten la llegada a la cima de jefas o jefes desastrosos. Aquí aparecen, por ejemplo, sesgos individuales o colectivos.

Por ejemplo, el "sesgo de omisión", estudiado en la teoría de la decisión, lleva a que las organizaciones tiendan a castigar más a aquellos que toman una mala decisión que a aquellos que no toman decisiones (pero con resultados igualmente desastrosos). Este error sistemático hace que los organigramas de managers se llenen de personas que sonríen bien, usan la ropa adecuada, sueltan alguna frase intrascendente en las reuniones -no se pierden una- pero a la hora de tomar decisiones, huyen a toda velocidad.

Un trabajo clásico de la psicología del management, realizado años atrás, lleva por título El lado oscuro del carisma y categoriza a los malos jefes en estereotipos que tienen mucho que ver con el señor Burns (de Los Simpson), Pelopunta (de la tira de historietas Dilbert) y Michael Scott, el personaje que interpreta Steve Carrell en The Office. El estudio, que explica cuál de estas personalidades es la más nefasta para los resultados de la empresa en el largo plazo, fue escrito por Robert Hogan, Robert Raskin y Dan Fazzini, de la Universidad de Florida.

¿Cuáles son las tres categorías de jefes nefastos? Una es la del High Likability Floater: el "flotador agradable", que va subiendo escalones en la organización empresarial gracias a que jamás toma decisiones difíciles ni se hace enemigos. Como el jefe "Pelopunta" del personaje de historietas Dilbert, de Scott Adams, se caracteriza por ser un inútil que termina siendo favorecido por sus superiores para evitar serruchadas de piso más adelante y bloquear el ascenso de rivales más peligrosos. Su especialidad: dar la mano y sonreír en los cócteles de aniversario de la empresa, además de funcionar como "tapón" para el ascenso de quienes realmente se lo merecen.

El segundo prototipo de jefe nefasto es el que los académicos de Florida llaman Homme de ressentiment, quien se la pasa nadando bajo la superficie, pensando mal de los demás y preparando complots contra sus enemigos. El señor Burns de Los Simpsons, ni más ni menos.

Pero el líder más dañino para las organizaciones, el Tiranosaurus Rex de los jefes destestables es, según esta investigación, el manager narcisista. El término narcisista fue acuñado para referirse a una condición clínica que denota un enamoramiento de uno mismo en 1898 por Havelock Ellis, y luego difundido en los trabajos de Sigmund Freud.

Los líderes narcisistas son arrogantes, usan gestos grandilocuentes y necesitan permanentemente que los halaguen. Todo esto cubre, en el fondo, una elevada inseguridad y una frágil autoestima, que los lleva a menudo a actitudes hostiles con sus empleados. Michael Scott, el líder de The Office, es un animal arquetípico de esta especie.

Hatum es una rara avis en este nuevo mundo híbrido: combina el rigor académico en su trabajo en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) con una muy activa consultoría en empresas -mete las manos en el barro- y con una tercera pata de divulgación muy prolífica. Este trípode sostiene una lente única para analizar la actualidad fascinante del área de Recursos Humanos, que enfrenta hoy en día cambios tan dramáticos y disruptivos como los que están sucediendo en el campo de la tecnología. La velocidad que estamos viendo en las modificaciones de consensos en el campo de las relaciones laborales es tan alta como la que observamos con la inteligencia artificial, blockchain, computación cuántica o cualquiera de las denominadas "tecnologías exponenciales".

Por estas razones es tan relevante enfocar el problema de los liderazgos nefastos con una mirada completamente nueva, fresca, honesta y libre de prejuicios. Es un tema central. Como suele decir el autor: La gente no renuncia a empresas, renuncia a sus jefes.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?