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Juegos Olímpicos de la Juventud. La intimidad de una medalla diferente: de la tristeza infinita al "abrazo de Dios" en cuatro horas

Festejo del equipo argentino de Beach Handball
Festejo del equipo argentino de Beach Handball Crédito: Agustín Marcarian / Buenos Aires 2018
Matías Baldo
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13 de octubre de 2018  • 16:51

La decepción era total en el vestuario. La clasificación a la disputa por la medalla de oro en beach handball se le había escurrido de entre las manos al equipo argentino masculino, en los Juegos Olímpicos de la Juventud. Portugal, en un shootout polémico, los había dejado afuera de la lucha por la presea dorada.

"Desde que perdimos frente a Portugal hasta que empezamos el partido contra Croacia fue el peor momento de estos últimos ocho meses, sufrimos mucho la derrota", reconoció su entrenador, Daniel Zeballos a LA NACION, todavía con arena en todo el cuerpo después de su celebración en la cancha junto a sus dirigidos.

José Basualdo, uno de los pilares del equipo, narró la intimidad de un vestuario enmudecido: "Hace un par de horas jugamos una semifinal, quedamos afuera y muy dolidos pero sufrimos lo que teníamos que sufrir en el vestuario, nos desahogamos todo lo que teníamos que desahogarnos y salimos a disfrutar del partido por el bronce".

Pese a la decepción, la recuperación de los jóvenes argentinos fue notable y cuatro horas después se impusieron con contundencia frente a Croacia, una de las potencias mundiales del handball playero, en un contundente 17-14 y 20-18 para colgarse la medalla de bronce. De la tristeza al éxtasis en cuatro horas.

"La recuperación se dio por un entrenamiento psicológico que es invisible, un año de laburo ininterrumpido. Estos chicos dejaron a las familias, se alejaron de las distracciones. Ellos mismos decidieron que el celular se usara entre las 19 y las 22 horas. Eso es laburo. Dejaron todo, a su familia, al estudio, para ganar una medalla y lo lograron", explicó Zeballos al borde de las lágrimas.

La medalla de bronce es un premio a su esfuerzo, el final de un proceso que empezó hace tres años y que en el camino debió atravesar múltiples dificultades. Ese abrazo final, con el público rendido a sus pies ovacionándolos, será inolvidable.

"El abrazo final que nos dimos todos juntos fue el abrazo de Dios. Tocamos el cielo con las manos. Fue el abrazo por todo lo que sufrimos durante los últimos ocho meses. Ustedes los ven grandes y el deporte parece fácil, pero fueron horas y horas de entrenamiento, de una maduración que fue paso a paso durante los últimos dos años y medio", agregó su entrenador.

La etapa de la selección que se tiñó de bronce empezó hace cuatro años pero recién hace dos años y medio, en abril de 2016, se enteraron de que el Comité Olímpico Internacional había decidido que la disciplina se disputara en su modalidad de playa, en vez del convencional formato indoor.

Festejo del equipo argentino de Beach Handball con el entrenador, Daniel Zeballos
Festejo del equipo argentino de Beach Handball con el entrenador, Daniel Zeballos Crédito: Agustín Marcarian / Buenos Aires 2018

"Fue una adaptación difícil porque todos venimos del indoor y acá cambia todo. Las reglas, la superficie, las funciones del arquero", profundizó Alejo Novillo, el arquero que brilló en el partido frente a Croacia deteniendo un penal en los minutos finales.

En dos años de trabajo, en un país con poca tradición en el beach handball, el cuerpo técnico llevó a su inexperto e improvisado equipo de jugadores indoor al tercer escalón del podio en los Juegos de la Juventud. Los últimos ocho meses fueron de entrenamiento permanente, incluso cuando las condiciones del invierno argentino complicaban la tarea. "Entrenábamos mucho y tenímaos problemas", rememoró Zeballos.

"Teníamos la cancha que hizo la Secretaría de Deportes de la Nación pero no llegábamos a recuperarnos físicamente, por lo que hicimos muchos trabajos con un laboratorio de fisiología, nutrición, controlamos el peso de los chicos. Uno, por ejemplo, no veía bien, veía doble, y se hizo un trabajo especial de oftalmología. 10 de los 16 jugadores necesitaban plantillas y trabajamos especialmente con eso también. Fueron ocho meses terribles pero estos jugadores dejaron todo, con entrega y sacrificio", continuó.

Los representantes argentinos también debieron convivir con el aliento de un público que se dejó seducir por el handball playero y colmó las tribunas en cada presentación. "Nunca hubiéramos esperado esta cantidad de gente. Desde el primer partido dijimos que todos los partidos eran finales y que teníamos que jugar adentro de una pecera, que la gente aliente pero que nosotros teníamos que estar metidos adentro del partido", remarcó Basualdo.

Pese al escenario adverso y la presión por no decepcionar a sus hinchas, Zeballos y sus muchachos se consagraron en Parque Sarmiento, una medalla de bronce que es un mensaje para el deporte argentine, según el propio entrenador: "Es un mensaje para todo el país, para toda la gente, para todos los entrenadores y profesores: formen muy bien a los atletas argentinos. Porque el argentino con la camiseta no le gana más a nadie, ya no le ganamos más a nadie".

Festejo del equipo argentino de Beach Handball
Festejo del equipo argentino de Beach Handball Crédito: Agustín Marcarian / Buenos Aires 2018

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