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Emoción, pasión, garra, lágrimas y enormes logros

Crédito: Twitter
Paula Urien
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13 de octubre de 2018  • 18:41

Los brotes verdes llegaron desde el lugar menos pensado: los jóvenes de 14 a 18 años que durante los Juegos Olímpicos de la Juventud nos muestran otra realidad.

Mucho se habla de los ninis, jóvenes que no estudian ni trabajan, o de que uno de cada dos estudiantes abandona el secundario, pero acá hay otras cartas sobre la mesa. Son quienes con un enorme esfuerzo, innumerables jornadas de entrenamiento, altos estándares a la hora de fijarse metas y un espíritu que los lleva a no aflojar, están representando a la Argentina de la mejor manera.

Imposible nombrar a todos los deportistas que están dejando todo a una edad tan temprana. Proliferan las medallas, pero más allá de ellas, la alegría por logros propios o por los del equipo, las enormes emociones que no contienen las lágrimas, los abrazos interminables, el aliento para todos los que siguen compitiendo.

De hecho, el público se volcó masivamente a los diferentes parques, para asombro del Gobierno de la Ciudad que repartió unas 620.000 pulseritas que valen de entrada y se quedaron cortos, pero las instalaciones están colmadas. Nadie quiso perderse... nada. La convocatoria superó ampliamente las expectativas.

Entre quienes merecen un reconocimiento enorme, además de la gran cantidad de voluntarios que facilitaron las cosas en el día a día de las jornadas, están los profesionales que silenciosamente hicieron su trabajo de entrenamiento y también de contención. Llamó la atención cuánto agradecimiento de los deportistas al Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), con el pedido al Gobierno de que haya cada vez más apoyo al deporte en su totalidad. Como se ve estos días, hay grandes talentos que pocos conocían.

Por otro lado y para destacar los enormes ejemplos de lo que significa ponerse la camiseta. Me refiero a Santiago Lange y Cecilia Carranza, quienes ganaron la medalla de oro en Río 2016 y que acompañaron a Dante Cittadini y Teresa Romairone, la pareja que logró la medalla de oro en vela esta mañana. Estuvieron aconsejándolos durante todo su entrenamiento, incluso hoy.

O Gabriela Sabatini y David Nalbandian, que alentaron a Facundo Díaz Acosta, que logró una maravillosa medalla de plata, un orgullo para todos. El pasado que forja el presente y el presente que construye el futuro, una cadena virtuosa que ojalá se replique en todos los sectores.

Hay muchas, muchas historias más y una sola palabra para expresar lo que se siente cuando se ve este impulso nuevo, efervescente y esperanzador: ¡gracias!

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