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La creación de empleo exige una reforma laboral

La mejor garantía para la estabilidad del trabajador no radica en la rigidez de las leyes, sino en su capacitación y su reeducación permanente
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14 de octubre de 2018  

El gobierno de los Estados Unidos acaba de anunciar que la tasa de desempleo en ese país se ha reducido al 3,7%. Este valor es el menor de los últimos 49 años y es excepcionalmente bajo en una comparación internacional. Técnicamente se trata del desempleo mínimo friccional que comprende a quienes temporalmente están cambiando de trabajo o a aquellos que se inician y buscan su primera ocupación. Puede decirse que ha alcanzado el pleno empleo , lo que es una buena noticia, aunque no sorprendente, para los trabajadores del país del norte.

Este dato merece ser analizado a fin de obtener conclusiones aplicables a la Argentina, donde el creciente desempleo, hoy cercano al 10%, es una de las causas principales de la pobreza.

Una primera conclusión es que lo ocurrido en Estados Unidos aporta argumentos para desmentir a quienes ven en el rápido avance de la tecnología una amenaza para la creación de trabajo. Aunque ese país está en el grupo de los más avanzados en materia de digitalización y robotización, los empleos que desaparecen por la automatización son compensados por la aparición de nuevas tareas, generalmente mejor calificadas.

La educación es el instrumento indispensable para acompañar esos cambios cualitativos con la necesaria capacitación. Pero interesa no solo comprobar la eficaz transformación del empleo frente a la tecnología, sino identificar las razones por las que la economía estadounidense muestra sistemáticamente una menor tasa de desocupación que la de otros países que también han sabido acompañar los cambios tecnológicos. El principal factor explicativo es haber sabido eliminar el sobrecosto y los riesgos asociados a una sobreabundante regulación del trabajo. Nos referimos a la corrección de las normas laborales excesivas, a los altos impuestos sobre el trabajo y, particularmente, al elevado costo del despido y la conflictividad. Dentro de estos factores desalentadores debe también considerarse la falta de confianza en la equidad y eficiencia de la Justicia Laboral.

Cuando el empleador debe afrontar enormes dificultades y riesgos legales, se resiste a incorporar nuevos trabajadores a su empresa. Muchas veces hasta desiste de realizar una inversión que genere nuevos puestos de trabajo.

Estas circunstancias son bien conocidas por empresarios y emprendedores en la Argentina, en donde gran parte de los políticos y legisladores parecen no haber aprendido que las regulaciones que pretenden proteger un objetivo generalmente provocan la consecuencia opuesta.

Algunos gobiernos de corte populista decretaron, en momentos de crisis, la duplicación de la indemnización y hasta la prohibición del despido. Ese solo antecedente ha sido suficiente para crear un temor perdurable en los empresarios hacia la creación de empleo. La cuestión es muy parecida a la de la vieja ley de alquileres, que por proteger al inquilino perjudicó al propietario y destruyó la oferta. Es de esperar que, en momentos en que el actual gobierno nacional está anunciando una nueva iniciativa legal para el mercado locatario, se aprenda de los viejos errores del pasado.

En los Estados Unidos el despido, con o sin causa, no tiene un costo directo para la empresa. El despedido pasa a cobrar un seguro de desempleo. Esta modalidad ha sido respetada históricamente aun a pesar de otros cambios habidos en gobiernos de distintos colores. Se dice que el secreto de la prosperidad de los Estados Unidos está en tres palabras: "You are fired", que en español significa "Usted está despedido". La comprensión social de este aparente oxímoron explica que Donald Trump haya podido ganar una elección a pesar de conducir durante años, con el leitmotiv de esas tres palabras, el show televisivo The Apprentice.

Dinamarca suprimió la indemnización privada por despido y la tasa de desempleo se redujo al 4,1 %. Austria y Bélgica han avanzado en el mismo sentido con positivos efectos sobre la ocupación.

La superación de las dificultades que atraviesa nuestra economía debería apoyarse, como mínimo, en la observación de políticas exitosas de otros países. Las naciones que hoy crecen y gozan de estabilidad, abrazan sustancialmente las estructuras propias de las economías de mercado, al contrario de aquellas que son conducidas desde el intervencionismo y el desborde fiscal.

El crecimiento de la productividad es un resultado de la inversión y la innovación, pero estas a su vez solo pueden fructificar con un régimen laboral que no las neutralice. Esto último es lo que ocurre en nuestro país, que sostiene un sistema inspirado en la Carta del Lavoro de Benito Mussolini, con negociaciones laborales colectivas y concentradas, y que ha ido incorporando rigideces y limitaciones.

Se hace crecientemente necesaria una reforma laboral que tome como guía las reglas que han permitido potenciar el empleo y generar oportunidades y crecimiento en otros países. Es igualmente necesario comprender que la mejor garantía para la estabilidad laboral del trabajador no radica en la rigidez de las leyes, sino en su capacitación permanente para que se adecue a los constantes cambios en el mundo del trabajo.Ese es el camino genuino para combatir eficazmente la pobreza y mejorar el bienestar de quienes hoy la sufren.

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