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La incómoda grieta ideológica que crece entre Macri y sus aliados

La disputa interna por las tarifas del gas y el desafío de Carrió expresan un debate irresuelto de Cambiemos; el Presidente se siente más comprendido en el exterior que en su propia coalición
La disputa interna por las tarifas del gas y el desafío de Carrió expresan un debate irresuelto de Cambiemos; el Presidente se siente más comprendido en el exterior que en su propia coalición Fuente: AFP - Crédito: Eitan Abramovich
Martín Rodríguez Yebra
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14 de octubre de 2018  

En el vértigo de la crisis hay días en que Mauricio Macri se siente solo. Le fastidia que entre sus aliados se reniegue de principios que él considera esenciales de la transformación económica que pretende impulsar.

El affaire del pago retroactivo en las tarifas del gas llevó a un extremo esa extrañeza. En el mundo ideal de Macri, el secretario de Energía, Javier Iguacel , se hubiera ganado el premio al funcionario del mes, a pesar de que la resolución que avaló la suba extra desató un temblor político, exacerbó el malhumor social y terminó fulminada para evitar males mayores.

"Es de los que entiende que hay que hacer lo que corresponde, sin demagogia", lo defendieron cerca del Presidente. Es cierto que Macri decía lo mismo del antecesor de Iguacel, Juan José Aranguren , y acabó por echarlo cuando la realpolitik se impuso. Pero, al menos por ahora, se encargó de ratificarle en persona la confianza al hombre de las tarifas .

No fue un despiste que Macri apareciera en público para decir eso de que "la energía cuesta y hay que pagarla" un rato antes de que el Gobierno reviera el aumento y resolviera que el Estado será el que pague los estragos que hizo la devaluación en el precio del gas. Era un mensaje a la sociedad y también a sus socios políticos.

"Los radicales metieron más presión que Cristina", señaló un ministro involucrado en la discusión. Gobernadores y legisladores de la UCR encabezaron la ofensiva pública para quitarles la carga extra a los usuarios. Elisa Carrió , enfrascada en otras guerras, evitó pronunciarse, pero dejó trascender su descontento.

En el mundo ideal de Macri, el secretario de Energía, Javier Iguacel , se hubiera ganado el premio al funcionario del mes
En el mundo ideal de Macri, el secretario de Energía, Javier Iguacel , se hubiera ganado el premio al funcionario del mes Fuente: Archivo - Crédito: Soledad Aznarez

A puertas cerradas, se discutió la inconveniencia de una medida tan impopular en un momento delicado (en el que se define el presupuesto del ajuste) y renacieron viejas rencillas - Emilio Monzó vs. Marcos Peña , por ejemplo- por la notable descoordinación política que volvió a evidenciarse.

Pero Macri vive el episodio como la manifestación de una grieta creciente con sus aliados. No distingue un compromiso real de la UCR y de la Coalición Cívica con la cruzada para llevar a cero el déficit fiscal primario o para quitarle al Estado la carga de los subsidios que amontonó el kirchnerismo.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne , se cansó de explicarles a dirigentes de la UCR (el partido del que proviene) las bondades de la política de restricción monetaria, sin conseguir despertar ilusión. Los radicales se alarman con la recesión y con el impacto que tendrá en su electorado, predominantemente de clase media.

Entre la angustia, salta a la luz la consecuencia de un debate ausente. Cambiemos se aglutinó hace tres años alrededor de una serie de valores básicos y renegó adrede de la ideología, entendida como un rasgo patológico del sistema kirchnerista. La coalición llegó al poder sin responderse preguntas elementales: qué es exactamente la "normalización económica" que necesita la Argentina, qué papel le cabe al Estado, cuál es el limite (si es que lo hay) a la transparencia.

"Cambiemos funciona con mucho éxito en lo parlamentario, pero no tiene el andamiaje de una coalición de gobierno", resumió el senador radical Luis Naidenoff , uno de los que expresaron, adentro y afuera, el malestar por la suba del gas y por haberse enterado de semejante noticia a través de los diarios.

La incomodidad interna se agrandó cuando Iguacel, en un vano intento de defender la medida, acusó a los que se oponían de ser "militantes kirchneristas".

El shock

Hasta que llegó el otoño el gradualismo era un dogma que unificaba. Todo es cuesta arriba desde que se impuso el shock. "Tal vez es lo que debimos hacer desde un principio", le escucharon decir al Presidente.

Los macristas se perciben en una batalla cultural al mando de un ejército desanimado. ¿Será que los radicales y otros aliados -incluso de Pro- no están tan lejos de lo que piensa el peronismo sobre el gasto público, el tamaño del Estado y la apertura al mundo?

Para defender su postura, Macri apela a las señales de las grandes potencias. El apoyo de Estados Unidos, cristalizado esta semana en un enfático halago del secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, se disfruta en el Gobierno como oxígeno vital.

A solas con Trump

El optimismo se alimenta con la confirmación de que Donald Trump vendrá al país en visita oficial el 29 de noviembre, un día antes de que empiece la Cumbre del G-20 . Se reunirá con Macri en Olivos, en el gesto que garantiza repercusión global al respaldo norteamericano a las reformas argentinas. Es otra señal de sintonía entre estos dos presidentes que se conocían de otra vida. Hablan y chatean mucho más de lo que comunican sus burocracias.

Macri quiere mostrarse en la vidriera del G-20 con los deberes hechos: un presupuesto aprobado y la inestabilidad financiera bajo control (aun cuando el costo sea una recesión exacerbada). Apuesta a que un respaldo unánime de los líderes mundiales allane el camino hacia la recuperación.

En un sector del Gobierno sospechan que las quejas de Carrió transmiten su incomodidad con el plan económico y que es su forma de entornar una puerta de salida
En un sector del Gobierno sospechan que las quejas de Carrió transmiten su incomodidad con el plan económico y que es su forma de entornar una puerta de salida Fuente: Archivo

Para entonces habrá pasado para bien o para mal el vendaval Carrió. Su última ofensiva cruzó los límites de la excentricidad que se le tolera a la diputada, invalorable en su papel de "sello moral" de Cambiemos. "Fue temeraria: puso en duda la honestidad del Presidente", dijo una fuente de máxima confianza de Macri.

En un sector del Gobierno sospechan que las quejas de Carrió transmiten su incomodidad con el plan económico y que es su forma de entornar una puerta de salida. Otros creen que es una rabieta de la que ya volverá, pero coinciden en que llevará tiempo recomponer la relación personal entre la diputada y el Presidente.

Macri le impuso la lógica del poder, con una sucesión de gestos de autoridad. Mandó a medio gabinete a decir que él es el garante de la lucha contra la corrupción. La saludó con frialdad deliberada cuando se encontraron el jueves en un acto público, aunque ella estaba engalanada para la reconciliación, como ironizó un macrista: llevaba un vestido amarillo estampado con la expresión "kiss me" repetida hasta el infinito. Y después de que ella exigió la salida de Germán Garavano , Macri le ratificó la confianza al ministro de Justicia delante de todo el gabinete y mandó a tres ministros a decir a la prensa que "nadie condiciona al Presidente".

"Carrió se equivoca con Garavano. Está del lado de los buenos", señala un dirigente de la mesa chica de Cambiemos. Añade que a la diputada le falla su nutrida red de informantes, que la llevan a dar peleas de las que después se arrepiente, como la cruzada que lanzó contra el jefe de la AFIP, Leandro Cuccioli.

Ella emprendió un retroceso, a su manera. Pidió disculpas por el tono que usó para exigir la salida de Garavano (una "broma" de la que nadie se rio), pero se ratificó en sus acusaciones contra él.

Ese ataque interpela por elevación al Presidente. Expone, en realidad, otra indefinición ideológica de origen en Cambiemos: cómo dar la pelea contra la corrupción más allá del rechazo al saqueo sistemático del gobierno anterior.

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