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Menem reavivó el debate por los plazos judiciales

Paz Rodríguez Niell
La Cámara de Casación se pronunció en forma opuesta en las causas de armas y de sobresueldos
La Cámara de Casación se pronunció en forma opuesta en las causas de armas y de sobresueldos
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14 de octubre de 2018  

Ricardo Lorenzetti organizó el J-20, la cumbre de jueces de los países del G-20 , cuando no podía imaginar que no iba a ser él quien lo encabezara. Esta conferencia de cortes supremas, destinada a ser todo diplomacia y cordialidad, será recordada, al menos en la interna argentina, por la pelea que hicieron pública ese mismo día Lorenzetti y su sucesor al frente de la presidencia de la Corte, Carlos Rosenkrantz . Sin embargo los dos hombres fueron discretos. Mientras intercambiaban escritos con acusaciones lapidarias sobre el traspaso del poder en el alto tribunal, sonreían juntos para las fotos de apertura de la cumbre.

Al margen de la mirada general, otros dos jueces en tensión también se reencontraban en ese salón. La camarista de Casación Liliana Catucci había coincidido en la entrada con su colega Mariano Borinsky y llegaron juntos a las sillas asignadas al máximo tribunal penal. Juan Carlos Gemignani, compañero de ambos que ya estaba allí, recibió a Borinsky con un apretón de manos Con Catucci no se saludó. La hostilidad fue tan evidente que sorprendió incluso a jueces desprevenidos que vieron la escena.

Cinco días antes, Catucci había firmado el fallo que absolvió al expresidente Carlos Menem en la causa armas. Dijo en su voto que, a pesar de que Menem llegaba condenado, se había vencido el "plazo razonable" de la Justicia para definir su destino y que eso sucedió por "lamentables fallas" solo atribuibles a los "operadores judiciales".

Criticó especialmente el rol de los camaristas de Casación que habían condenado a Menem. Gemignani fue uno de ellos y es el único que sigue en el tribunal. Catucci dijo que condenaron por hechos nunca probados y que el fallo, contradictorio, había sido el mero "resultado de la voluntad del juzgador".

Menem empezaba a abrir así una grieta que esta semana sumó nuevos actores en la Casación.

El viernes pasado el tribunal se pronunció otra vez sobre el "plazo razonable". Una vez más, en una causa de Menem, pero ahora confirmándole la condena por sobresueldos. Votaron por ratificar la pena contra el expresidente las juezas Ángela Ledesma y Ana María Figueroa. Eduardo Riggi, que una semana antes había formado la mayoría con Catucci, esta vez quedó en soledad con su voto por la absolución.

"Increíble", se sonreía otro juez del tribunal. Es que Ledesma fue siempre la precursora de la aplicación de la garantía del "plazo razonable" en la Casación. Y, en cambio, nadie se hubiera atrevido jamás a ubicar como el ala garantista de la cámara a Riggi y a Catucci.

Con este escenario, en cuanto a lo jurídico, ¿cuál es hoy el criterio del máximo tribunal penal para evaluar la validez de las viejas causas de corrupción? No lo hay. O hay demasiados. Sobre todo porque otra sala de la Casación dijo, hace menos de dos meses, que las causas de corrupción son imprescriptibles. Esta postura, sostenida por Gemignani y Gustavo Hornos, que no es mayoritaria, fue la que reabrió la causa IBM-DGI.

En medio de estos dos extremos, la ley tiene un instituto que regula expresamente cómo juega el paso del tiempo en el proceso penal: la prescripción. Prevé incluso que para los funcionarios el cómputo de la prescripción se suspenda mientras sigan desempeñando un cargo público. Pero la garantía del plazo razonable se funda en normas internacionales que están por encima del Código Penal. Por otro lado, quienes sostienen la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción afirman, también, que surge de la Constitución.

Lo paradójico es que la Casación es el tribunal que debería unificar jurisprudencia. ¿Y entonces qué pasa? Hay un mecanismo previsto para conseguir esa unificación: que se reúnan los 13 camaristas, hagan un plenario y fijen el criterio a aplicar. Hace años que eso no ocurre. El último que se recuerda en Comodoro Py fue "Díaz Bessone" (sobre prisión preventiva), de 2008.

"Se empieza a hablar de la posibilidad de un plenario. Acá está jugando el Gobierno", dijo a LA NACION un magistrado que especula con la posibilidad de que el plenario se convoque para revocar la condena de Menem en sobresueldos y piensa que el oficialismo puede estar interesado en que eso pase.

No es el único que adjudica a intereses políticos los votos favorables a Menem, una lectura que incentivó Elisa Carrió, que en su ofensiva contra el ministro Germán Garavano sostuvo que lo que dijo sobre Cristina Kirchner (que "nunca es bueno para un país que un expresidente esté detenido") estaba preparando el terreno para "la impunidad de Menem en la cámara de Casación".

En el tribunal no ignoran, además, el poder que está consolidando el oficialismo en el Consejo de la Magistratura, donde a fin de año tendrá los votos que le permitirán, con poco esfuerzo, conseguir las mayorías necesarias para abrir juicios políticos a jueces.

Todo esto sucede cuando la Casación se está reacomodando -asumieron tres camaristas nuevos y llegará uno más- y las fricciones son incluso por el espacio físico: todos deben entrar en el primer piso de Comodoro Py, donde no abunda el lugar. Además, se avecina otro motivo de tensión: el mes que viene la Cámara debe renovar sus autoridades.

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