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Ignacio Pavlovsky: el veterinario del que todos aprendieron, el notable criador

Pavlovsky fue un pujante hombre de turf, siempre preocupado por mejorar la raza sangre pura y las carreras
Pavlovsky fue un pujante hombre de turf, siempre preocupado por mejorar la raza sangre pura y las carreras Fuente: LA NACION
Gustavo S. González
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16 de octubre de 2018  • 18:19

Varias veces, Ignacio Pavlovsky (1942-2018) hablaba de Lelo Lemura (encargado del haras), Pablo Falero, el veterinario Arturo Alvarez, la artista plástica Adriana Zaefferer, Juanca Maldotti, Adolfo Giovanetti, Dany Etchechoury con admiración, siendo él mismo una eminencia de la veterinaria y del turf, como director del haras Santa María de Araras, como en su San Ignacio de Loyola, como representante argentino en los foros internacionales más importantes.

Y los ponderaba igual que a Ron McAnally, el entrenador estadounidense devenido prócer del turf argentino por obra y gracia de los fenómenos que exportaba Nacho con su amigo Pepe León: Bayakoa, Paseana, Ibero, Different, Bienvenido, Candy Ride.

Sin embargo, era capaz de evitar el elogio obvio a sus propios hijos, Ignacio (veterinario, criador, exportador confiable y directivo de Palermo), Agustín (veterinario y entrenador de éxito) e Iván (veterinario, cuidador transplantado a Dubai, de donde no quisieron dejarlo ir), o alabar a sus amigos, Miguel Lagos Mármol (compañero de secundario en Newman, veterinario y criador), ambos pioneros de Capitán Sarmiento y San Antonio de Areco como epicentros de la cría del sangre pura de carrera.

Nacho era asistente del gran Ángel Penna en Europa, en 1974, cuando a un día de correr el Arco de Triunfo, el banquero brasileño Julio Bozano le propuso armar Santa María de Araras en la Argentina, por sugerencia de Antonio Fontela. La yegua ganó la máxima carrera de Europa en Longchchamps y Pavlovsky embarcó a la familia de regreso, con Gloria a la cabeza.

Después, cuarenta años de éxitos con la chaquetilla colorada, blanca y azul del propietario que era una de las tres fortunas más grandes de América del Sur. Una de las caballerizas más ganadoras en ese lapso. Después, las hazañas de Fain, con León, Néstor Camino y un entrenador de lujo, Cacho Pascual. Después, el hombre que defendió a la Argentina en la Federación Internacional de Autoridades de Caballos Sangre Pura (IFHA), el que introdujo en el país el microchip, para evitar confusiones de identidad que él mismo sufrió cuando un transportista confundió a dos yeguas y trocó los padrillos que las sirvieron; el acérrimo luchador por el caballo libre de medicamentos el día de la competencia, el que introdujo el vasodilatador Lasix y 40 años más tarde se dio cuenta de que había que prohibirlo en ciertos plazos, para privilegiar la sanidad del caballo; el impulsor del pasaporte equino como documento único de registro.

Ayer, más de 200 personas despidieron a Ignacio Pavlovsky en el Parque Memorial, de Pilar. Mayoría de gente del turf, pero también polistas consagrados. Todos recordaron cuánto aprendieron de un profesional que no dudaba en arremangarse sin que le molestaran las medallas que le colgaban, para revisar una yegua, y al dirigente de la pujnte comisión de carreras de San Isidro que comandó Roberto Vasquez Mansilla. Un hombre reconocido por ir para adelante, siempre, como cuando aceptó un padrillo estadounidense que servía yeguas cuarto de milla y aquí se convirtió en un fenómeno de la cría del sangre pura de carreras: Lode. El padre de Sportivo, una leyenda del polo, "el mejor padrillo que tuvo Santa María, lejos", según sus palabras.

Pavlovsky recurrió a un médico (de humanos), un especialista en reproducción, para lograr que la enorme Paseana, ganadora de la Breeders' Cup como Bayakoa, lograra lo que no pudo en varios años en Estados Unidos: que fuera madre. Y lo consiguió. Como impuso la luz artificial en los galpones de yeguas para favorecer los ciclos y la artroscopia para las operaciones de rodilla.

Este lunes 15 de octubre, Ignacio Pavlovsky iba a cumplir 76 años. Un par de días antes, su corazón y una insuficiencia renal (que no lo inhibieron para pedir una milanesa la noche del viernes), le impidieron cruzar ese disco.

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