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El rating no deja de crecer con los Juegos

Marcelo Stiletano
Marcelo Stiletano LA NACION
Gonzalo Bonadeo, con las campeonas del beach handball
Gonzalo Bonadeo, con las campeonas del beach handball Crédito: @tycsports
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15 de octubre de 2018  • 08:00

En unos años, los libros de historia de la televisión no harán diferencias entre chicos y grandes cuando les toque contar cómo la pantalla argentina reflejó la aventura olímpica a través del tiempo. Desde allí, los jóvenes que participan de Buenos Aires 2018 valen hoy lo mismo que los consagrados deportistas de Río 2016 o Londres 2012. Día a día, la televisión amplifica y multiplica el entusiasmo cada vez más grande con el que seguimos estos juegos.

Ese estado de ánimo encontró en la tele un reflejo exacto. Lo que había arrancado casi tímidamente con la ceremonia inaugural hoy se transformó en un despliegue interminable de horas y horas de transmisión ininterrumpida. Es posible que antes de los juegos la TV Pública, DeporTV y TyC Sports hayan evaluado adaptar sus respectivas programaciones a la dinámica de los juegos, pero la expectativa de la gente los llevó todavía más lejos, y hoy la transmisión olímpica se extiende en los tres casos a casi todo el día. La explicación es muy sencilla: mientras más tiempo dedican a Buenos Aires 2018, el rating no para de crecer.

Las cosas no habían empezado del todo bien. La atípica ceremonia de apertura, realizada en derredor del Obelisco y fuera de los escenarios naturales de toda fiesta deportiva, no pudo ser reflejada en todo su atractivo visual en la transmisión televisiva. Los planos generales resultaban tan lejanos que se hacía imposible apreciar en plenitud el despliegue de cada cuadro, y cuando las cámaras buscaban la cercanía o el detalle se perdía irremediablemente el contexto. Nadie pudo ver a los atletas, verdaderos protagonistas de este tipo de acontecimientos.

Todo cambió cuando arrancaron los juegos. La pantalla (sobre todo en TyC, el canal que más rápido entendió el rumbo de las cosas) tomó de inmediato un color olímpico, el mismo de las ceremonias que acaparan la atención mundial cada cuatro años. La imagen comenzó a adoptar el inconfundible color de las grandes transmisiones deportivas gobales ajenas al fútbol. Así, en cada competencia, la cámara se ubicaba en el lugar justo para seguir la acción al detalle.

La natación funcionó como ejemplo perfecto de esa matriz impecable de imagen y montaje perfectos. Desde las guías para identificar previamente a cada deportista hasta la elección de cada plano durante las competencias. Desde el hermoso natatorio del Parque Olímpico comenzó a extenderse esa atracción plurideportiva que sólo aparece en ocasiones especiales. Esta vez con un matiz: la capacidad de estas transmisiones para captar en plenitud disciplinas tradicionales como la gimnasia rítmica y artística, el tenis de mesa, el levantamiento de pesas y las distintas artes marciales se extendió a las novedosas variantes de estos juegos: beach hándbol, break, básquet de tres, BMX.

Una vez más, el conocimiento, el espíritu didáctico y la precisión de Gonzalo Bonadeo resultaron ayudas decisivas para que las transmisiones de TyC Sports bajo su responsabilidad resultaran todavía más estimulantes. Aún repetida, no deja de admirarse la capacidad de Bonadeo para saltar de un deporte a otro sin perder la concentración y transmitirla al mismo tiempo al televidente.

Hubo esfuerzos visibles en la TV Pública por seguir esa línea, sobre todo a partir de la incorporación de varios especialistas y ex deportistas que en su mayoría fueron bien aprovechadas. Pero esas intenciones chocaron más de una vez con excesos de fervor en el seguimiento de algunas participaciones argentinas. Ese frenesí innecesario quedó sobre todo a la vista en el futsal y entregó una lección: no se puede relatar y comentar el partido de un seleccionado argentino juvenil de fútbol de salón (chicos de 15, 16 años) como si fuese la eliminatoria decisiva de un Mundial. Hay una distancia abismal entre ambos en cuestión de exigencias. Para que esas demostraciones no aparecieran se decidió, entre otras cosas, omitir el medallero y no poner ese cuadro en pantalla. ¿Por qué dejar a la vista la contradicción?

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