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Bote

Diana Fernández Irusta
Edición fotográfica Leo Vaca
Edición fotográfica Leo Vaca Fuente: AFP - Crédito: Grady Fontana
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15 de octubre de 2018  

Mar de la China Meridional.- Fue lo que quedó. En algún lugar del Mar de la China Meridional, a la deriva de unas olas en apariencia amables, poco resta del malogrado bote de pescadores: apenas lo que parecen unas latas, alguna alpargata, el endeble soporte de las cañas de bambú, la marca discreta de un improvisado banderín. Sin embargo, hubo una embarcación, cinco tripulantes, el habitual pasaje de las jornadas de pesca en alta mar. Hasta que llegó, dicen, el pez espada. Gigante, cuentan. Un torpedo letal de casi dos metros que, aseguraron los náufragos, atravesó con su pico lo que alguna vez fue un bote de madera y ahora no es más que fragmentos esparcidos en el mar. Una colisión desmesurada, casi inverosímil. Los pescadores no podían creer eso que les estaba pasando: tan repentino el darse vuelta la taba, tan cazadores cazados, tan a expensas -¿alguna vez alguien no lo está?- de un azar con la burla siempre a flor de labios.

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