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La "Davos del desierto" se cae de la mano de la desilusión con el príncipe

El caso de Khashoggi golpeó la imagen de reformista que intentó vender el heredero saudita
El caso de Khashoggi golpeó la imagen de reformista que intentó vender el heredero saudita Crédito: NYT
Mark Landler
Kate Kelly
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15 de octubre de 2018  

WASHINGTON.- Los participantes la apodaron "la Davos del desierto", un calificativo que logra capturar las enormes ambiciones que los sauditas depositan en la conferencia anual de inversores prevista para este mes en Riad, capital del reino.

Pensada originalmente como un encuentro íntimo, la reunión creció rápidamente en escala y alcance, y la primera edición, en 2017, reflejó la determinación del príncipe heredero Mohammed ben Salman (MBS) de convertirse en un jugador de peso en el tablero internacional.

En cumplimiento de la práctica musulmana, no se sirvió alcohol. Los camareros pululaban por los vastos salones del opulento Carlton-Ritz ofreciendo un pálido café a la saudita y exóticos tragos frutales. En el exterior del hotel, las altas ejecutivas mujeres mantenían cubiertos sus brazos y sus piernas. Pero el encuentro fue una extravagante encarnación del sueño de MBS de modernizar Arabia Saudita y liberarla de su dependencia del petróleo para el año 2030.

En vivo y cara a cara con la periodista Maria Bartiromo, de Fox Business Network, el príncipe heredero dijo que con todos sus proyectos y programas "Arabia Saudita puede alcanzar nuevos horizontes en el mundo". A continuación, presentó los planos de Neom, una ciudad de un costo aproximado de 500.000 millones de dólares que emergerá de las arenas: una Xanadú futurista con empleos en el sector de alta tecnología y trabajadores robot.

La semana pasada, esa visión chocó contra la brutal realidad de Medio Oriente: un remolino de acusaciones de que la familia del príncipe había ordenado el asesinato de un periodista saudita que estaba en Turquía. El frenesí posterior terminó manchando la imagen del príncipe, y la inminente convención ha quedado en duda, a medida que los inversores internacionales van descubriendo el lado oscuro del sueño árabe de MBS.

Si en 2017 la conferencia sirvió como gran fiesta de presentación en sociedad del príncipe heredero, la de 2018 es un símbolo de la profunda desilusión de Occidente con el joven líder árabe. Pasó de ser un osado reformista dispuesto a modernizar su reino -el preferido del presidente Donald Trump y de su yerno, Jared Kushner- a ser visto como un autócrata impulsivo y poco fiable, capaz de lo peor para aplastar a los disidentes.

Si bien no fueron confirmados, los cruentos informes sobre el destino del periodista Jamal Khashoggi hicieron que una creciente lista de asistentes y patrocinadores se bajaran del encuentro de Riad. Y durante el fin de semana, los grandes medios de comunicación de occidente, excepto Fox, también cancelaron su participación.

La cancelación más dramática fue la del CEO de Uber, Dara Khosrowshahi: según personas al tanto de ese intercambio, a fines de la semana pasada, durante una tensa conversación telefónica con el patrocinador de la conferencia, Yasir al-Rumayyan, Khosrowshahi, que es iraní-norteamericano, le dijo que las acusaciones sobre Khashoggi eran "terribles" y que no iría a Riad a menos que se esclarecieran los interrogantes sobre su destino.

Al-Rumayyan, cuyo fondo saudita ha invertido más de 3500 millones de dólares en Uber y tiene una silla en el directorio de la empresa, intentó convencerlo de que esa información era falsa, en línea con el discurso del gobierno saudita. Pero el CEO de Uber no modificó su posición.

"Mohammed ben Salman se pasó tres años y medio trabajando para hacerse la imagen de un reformista y hasta un revolucionario", dice Bruce O. Riedel, experto en temas sauditas de la Brookings Institution. "Ahora se cayeron las caretas".

Eso deja a muchos financistas y CEO de las tecnológicas en una posición incómoda. Los primeros manejan miles de millones de dólares de dinero saudita y los segundos tienen inversiones megamillonarias en ese país. Ambos quieren que el dinero siga corriendo, por más que teman prestar su nombre o perder prestigio con la conferencia del príncipe heredero.

"Igual va a haber un montón de peces gordos en Riad", dice Jon B. Alterman, director del Programa de Medio Oriente en el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales. "Arabia Saudita seguirá siendo interesante para los inversores durante mucho tiempo", dice Alterman, y recalca la extraordinaria riqueza del país y el hecho de que el barril de crudo sigue por encima de los 80 dólares.

El secretario del Tesoro norteamericano, Steven Mnuchin, sigue programado como representante de su país, aunque el viernes Trump les dijo a los periodistas que podría reconsiderar esa decisión.

Trump jugó un papel crucial en el ungimiento del príncipe heredero Mohammed como una inversión atractiva. Apoyó al joven príncipe de 33 años cuando competía para convertirse en heredero de su padre, lo recibió a almorzar en la Casa Blanca, cerró un megamillonario acuerdo de venta de armas con los militares sauditas, y eligió Riad como destino de su primer viaje como presidente.

En abril, MSB hizo una gira de tres semanas por Estados Unidos , que también usó para vender la marca Arabia Saudita. Tras reunirse a solas con Trump, se encontró con Bill Gates y Jeff Bezos en Seattle; con Morgan Freeman y Dwayne Johnson en Hollywood, y con Richard Branson en el desierto de California, donde ambos discutieron el tema de los viajes espaciales.

La semana pasada, Branson renunció a la dirección de dos proyectos turísticos cerca del Mar Rojo y puso freno a las posibles inversiones en su proyecto espacial del Public Investment Fund, un fondo de inversiones soberanas del gobierno saudita, también patrocinador de "la Davos del desierto".

Traducción de Jaime Arrambide

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