Suscriptor digital

Para Jenny Erpenbeck, "el Mediterráneo no está lejos de Auschwitz"

La autora alemana dispara contra la mala conciencia frente a la crisis de los refugiados con la novela Yo voy, tú vas, él va
La autora alemana dispara contra la mala conciencia frente a la crisis de los refugiados con la novela Yo voy, tú vas, él va Crédito: Gza. prensa
Matías Néspolo
(0)
15 de octubre de 2018  

BARCELONA.- Para cuando una pequeña editorial barcelonesa ya desaparecida publicó en castellano en 2004 su primera novela, Historia de la niña vieja (1999), la berlinesa Jenny Erpenbeck (1967) ya se consolidaba como una de las voces más sólidas de la nueva narrativa alemana. Pero de eso muy pocos se enteraron. También pasó casi desapercibida la traducción en 2011 de Una casa en Brandemburgo, a pesar de las buenas críticas y de los premios que ya atesoraba la autora de Berlín oriental. Ahora, la última novela de Erpenbeck, la sexta en su haber, se torna insoslayable, incluso para el lector en español, no solo porque viene avalada por el premio Thomas Mann o el Strega European Prize ni porque la escritora recibió en 2017 la Cruz del Mérito de la Nación en su país. Más bien, es el tema de Yo voy, tú vas, él va (Anagrama) lo que se ha vuelto insoslayable. Sin caer en los bajos ni abusar del buenismo de lo políticamente correcto, y con un estilo seco, Erpenbeck mete el dedo en la llaga de la mala conciencia europea: el drama de la inmigración.

"Cuando comencé a escribir este libro, en 2013, antes de la gran crisis migratoria del verano de 2015, ya había muchos refugiados, pero solo los notaban quienes querían verlos. Ahora eso es imposible, porque su presencia es masiva", explica la autora, que empezó a escribir "sin tener una idea clara de su contenido". "Conocí sus historias, compartí las experiencias cotidianas de su vida en Alemania, visité las instalaciones de acogida donde viven, los acompañé en el complicado y burocrático itinerario para regularizar su situación y aún sigo en contacto ellos", detalla la autora.

Eso es exactamente lo mismo que hace Richard, el protagonista de Yo voy, tú vas, él va, un profesor universitario de filología clásica que no sabe cómo llenar el tiempo ni dotar de algún sentido su nueva vida vacía de jubilado. La respuesta la encuentra en un campo de refugiados en Berlín, junto a un sinnúmero de historias desgarradoras. Pero también el choque de culturas, los problemas de la comunicación y el escollo de su propia ignorancia, que le sirve de acicate. "Muchos hablan de los refugiados, pero no conocen a ninguno ni han escuchado sus historias", se queja la narradora, que no puede ocultar el orgullo y la admiración que siente por sus nuevos amigos. Amigos que figuran en los agradecimientos de la novela y en los que ha basado los personajes y las historias cruzadas de la obra, en un trabajo que tiene mucho más de crónica que de ficción literaria . "Creo que es importante que la literatura dé salida a toda esta experiencia".

Y Erpenbeck lo hace, pero procura con honestidad no situarse en una posición eurocéntrica y sesgada. En una escena de la novela, un piano le brinda la posibilidad a un refugiado de recuperar en buena medida su humanidad. "Esto me sucedió a mí, y desde los prejuicios europeos me sorprendió", confiesa. "A muchos no les resulta fácil hablar, porque han vivido experiencias traumáticas. Y a esta persona un piano le permitió soltar el lastre de su pasado para conectar con su presente", explica.

Al igual que los refugiados huyen de la guerra y el hambre, el protagonista de la novela fue en su infancia un desplazado de la Segunda Guerra, y quizá por ello, por su condición de alemán del este, como la autora, empatiza aún más con los indocumentados. "Richard también se siente un extranjero en la Alemania reunificada, y conoce de primera mano esa sensación de sentirse un ciudadano de segunda", explica.

Pero el problema de fondo, admite la autora, es que los refugiados ni siquiera lo son ni de tercera categoría, porque no se les permite el acceso al trabajo ni la educación. "Me sorprende la posición reaccionaria de mucha gente de la Europa del este, que no hace mucho defendía la utopía igualitaria y ahora se opone a la inmigración". El argumento repetido por la derecha de que no hay lugar para todos es lo que realmente indigna a la escritora. "Eso no es más que una excusa para dejar que se ahoguen miles de personas en el Mediterráneo, y no podemos decidir sobre la vida de la gente". "Lo que sucede en el Mediterráneo no está muy lejos de Auschwitz".

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?