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Argentina-Brasil: al colectivo de Scaloni se le coló la derrota por la ventanilla

El festejo de Miranda, la resignación de Simeone y Acuña.
El festejo de Miranda, la resignación de Simeone y Acuña. Fuente: AFP
Claudio Mauri
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16 de octubre de 2018  • 15:00

El colectivo que irónicamente Lionel Scaloni dijo que iba a plantar para obstaculizar a Brasil había funcionado bastante bien, pero cuando casi no quedaba tiempo se le filtró un gol por la ventanilla que debían custodiar los dos más experimentados dentro de una formación bastante novel. Otamendi, que con Pezzella había conformado una zaga contundente y firme, perdió la marca de Miranda y Romero tardó una eternidad en reaccionar para ir a cubrir el cabezazo del zaguero en el primer palo, tras un córner ejecutado por Neymar con la "rosca" justo para atacar la pelota.

Estaba en los papeles perder con este Brasil, un seleccionado con mejores individualidades y una estructura colectiva más asentada, y enriquecida con el volante Arthur, al que es un placer verlo girar con la pelota para dirigir la salida desde la zona central.

La Argentina dio la cara, fue esforzada y sacrificada. Asumió que no podía ir algo golpe por golpe contra un rival que con espacios hace estragos en ataque. La sofocante noche saudita, con más de 30 grados de calor y una elevada humedad, tampoco invitaba a una intensidad elevada.

El equipo de Scaloni fue más duro y competitivo que estético y ambicioso. Luchó, por momentos abusó de las foules (21 contra los 14 de Brasil) y terminó con cinco amonestados. La Argentina achicó espacios en su campo, con Paredes y Battaglia cerrando por adentro y Dybala y Correa retrocediendo por las bandas. Neymar se tuvo exigir mucho para imponer su gambeta y velocidad ante el tenaz y aguerrido Saravia. Fue uno de los duelos del partido, en el que el lateral de Racing salió bien parado. Neymar pasó a desequilibrar más cuando fue un atacante interno.

Un gol en el descuento le dio el triunfo a Brasil.
Un gol en el descuento le dio el triunfo a Brasil. Crédito: Reuters

Generó poco la Argentina en el primer tiempo, con Icardi desconectado porque Dybala y Correa estaban para la fajina y cuando tenían la pelota no la administraban bien, especialmente el jugador de Juventus, cuya deuda con la camiseta celeste y blanca se prolonga. Esporádicos y con jugadores muy separados eran los ataques argentinos.

Más que un amistoso, por momento parecía un partido por los puntos por lo cerrado y cortado. La rivalidad del clásico disolvía cualquier intrascendencia o dejadez. Nadie quitaba la pierna, y menos si llevaba la camiseta argentina. En este contexto, no abundaron las situaciones de gol: Otamendi sacó sobre la línea una definición de Miranda, un tiro libre de Dybala salió cerca, Romero atajó un remate de aire de Arthur y un disparo de Icardi a la entrada al área alcanzó a ser desviado al córner.

El partido se consumía en un 0-0 con dientes apretados del lado argentino, que siempre se cuidó de no verse sorprendido y cubrió metros con apoyos constantes. Salvo en ese córner del cierre. Como equipo en formación y novato, cometió un desliz en el final. No se sabe qué pasara con Scaloni ni con el futuro de varios de estos jugadores. Al menos contra Brasil se los vio a todos subidos a ese "ómnibus" que resistía, que no está para hacer pinta, pero al menos le respondieron los paragolpes.

Argentina y Brasil, otra vez frente a frente en el superclásico sudamericano: la selección de Scaloni resistió pero sucumbió al final.
Argentina y Brasil, otra vez frente a frente en el superclásico sudamericano: la selección de Scaloni resistió pero sucumbió al final.

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