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A 50 años del Black Power, un episodio histórico de los Juegos Olímpicos, y el trágico final del único medallista blanco de aquel podio

El icónico saludo de Smith y Carlos, en el podio de los 200m llanos de México 68; a su lado, el australiano Norman
El icónico saludo de Smith y Carlos, en el podio de los 200m llanos de México 68; a su lado, el australiano Norman
Pablo Lisotto
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15 de octubre de 2018  • 23:59

El 16 de octubre de 1968, durante los Juegos Olímpicos de México DF, el estadounidense Tommie Smith ganó los 200 metros y estableció un nuevo récord mundial (19s83/100), seguido por el australiano Peter Norman y el también estadounidense John Carlos.

Hasta allí, nada fuera de lo común. Pero lo que sucedería en la entrega de medallas se convertiría en uno de los símbolos más icónicos de la historia de los Juegos.

El polémico saludo de Poder Negro - Fuente: NBC Deportes

04:34
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Sería imposible continuar sin antes explicar algo fundamental. Sobre el final de la década del '60, nació un movimiento a nivel mundial que se denominó Black Power (poder negro). El objetivo de este grupo era poner en evidencia los dolores de la población negra, que por ese entonces era brutalmente discriminada en diversas partes del planeta, sobre todo en Estados Unidos.

Los integrantes de ese movimiento tenían como meta erradicar el racismo de la faz de la Tierra. Hubo un intento de boicot para que a aquellos Juegos de México no fuera ningún atleta negro. Pero no tuvo éxito.

Sin embargo, había momentos en los que un poco de ingenio podía dar como resultado una propaganda muy fuerte para aquel movimiento. Y qué mejor que en la entrega de medallas de la carrera de los 200 metros llanos.

Smith y Carlos llegaron bien preparados al podio. Tenían todo bajo control. Ambos iban descalzos, pero con medias negras, lo que representaba la pobreza de los negros. Además, Carlos lucía la campera de su equipo de gimnasia desabrochada, para que se viera un llamativo collar, lo que recordaba a aquellos afroamericanos que habían muerto ahorcados, linchados o en los barcos que los transportó como esclavos de África a América.

El icónico saludo de Smith y Carlos, en el podio de los 200m llanos de México 68; a su lado, el australiano Norman
El icónico saludo de Smith y Carlos, en el podio de los 200m llanos de México 68; a su lado, el australiano Norman

Smith también lucía una bufanda negra, que significaba orgullo por su raza. Y los tres, incluido Norman, exhibían una insignia del Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos, una organización que estaba en contra del racismo en el deporte. Finalmente, Smith llevaba un par de guantes negros. John Carlos también debería haberlos llevado, pero se los había olvidado en la villa olímpica. Norman dio la solución. "Usen un guante cada uno". Fue lo que hicieron.

Cuando comenzaron las estrofas del himno nacional de los Estados Unidos, Tommie Smith y John Carlos agacharon la cabeza y alzaron el puño enguantado (Smith el derecho, Carlos el izquierdo). El revuelo fue inolvidable. El público rechazó de manera tal esa actitud de los atletas que, poco a poco, el griterío opacó las estrofas del himno. Mientras, sin saberlo, eran unos privilegiados que presenciaban en vivo uno de los momentos más emblemáticos y simbólicos de la historia olímpica.

"Cuando gano, soy americano, no afroamericano. Ahora cuando me equivoco y hago algo malo, ahí sí me recuerdan que soy negro. Somos negros y estamos orgullosos de serlo. La América negra entenderá lo que hicimos esta noche", declaró entonces Smith. El escándalo fue total.

Smith y Carlos, hace unos años
Smith y Carlos, hace unos años

Avery Brundage, entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, consideró que lo que habían hecho los atletas era un gesto político inadecuado para el ámbito apolítico y de paz de los Juegos. Por eso, determinó la suspensión de Smith y Carlos del equipo olímpico estadounidense y su inmediata expulsión de la Villa Olímpica.

El Comité Olímpico Estadounidense primero se negó a aceptar las sanciones, pero finalmente accedió, después de que Brundage, fuera de sí, amenazara con excluir a toda la delegación norteamericana. Estados Unidos les dio la espalda a aquellos dos héroes de la lucha contra el racismo. Incluso fueron muy criticados por aquella actitud. Y cuando volvieron, el asunto fue peor. Tanto ellos como sus familiares fueron amenazados de muerte.

La vida de ambos prosiguió lejos de los flashes. Smith, por entonces el hombre más rápido del mundo, siguió en el atletismo. Luego probó suerte en el fútbol americano y en 1995 fue asistente del entrenador del equipo de los Estados Unidos en el Campeonato del Mundo Indoor disputado en Barcelona. Cuatro años después, fue premiado como el Deportista del Milenio. Carlos también siguió ligado al atletismo, y un año después igualó el récord mundial de 100 metros. Más tarde, y hasta que una lesión lo retiró del deporte, jugó al fútbol americano. El mayor golpe que le dio la vida fue en 1977, cuando su esposa se suicidó. Carlos pudo rehacerse de semejante pérdida y en 1982 formó parte del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984.

La Universidad Estatal de San José homenajeó a sus exalumnos Smith y Carlos con una estatua de su protesta de 22 pies de alto
La Universidad Estatal de San José homenajeó a sus exalumnos Smith y Carlos con una estatua de su protesta de 22 pies de alto

En homenaje al heroico acto que realizaron en el podio de México '68, la Universidad Estatal de San José (California) homenajeó a sus alumnos Smith y Carlos con una estatua de tamaño natural que rememora aquella protesta.

Quien peor la pasó fue el tercer protagonista de esta historia. El australiano Norman fue castigado por las autoridades olímpicas de su país y marginado por los medios. No formó parte de la delegación que viajó a los Juegos de Munich '72, aun cuando había terminado tercero en las pruebas de clasificación. Al poco tiempo, casi perdió la pierna derecha por culpa de una lesión en el talón de Aquiles que derivó en gangrena y terminó cayendo en las redes del alcoholismo. El 3 de octubre de 2006 murió de un ataque cardíaco en Melbourne, cuando tenía 64 años. Smith y Carlos fueron dos de los portadores del féretro.

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