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Las tres patas de la corrupción

Paula Oliveto Lago
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16 de octubre de 2018  

Estamos ante un momento histórico en la lucha contra la impunidad en la Argentina: es la primera vez que la matriz delictiva en conjunto se encuentra frente a un proceso judicial. Hablamos de las tres patas en las que el sistema corrupto se apoyó para llevar adelante su tarea: la política, la empresarial y la judicial.

Este es el primer paso, con el procesamiento en una causa que cuenta con pruebas, cruces e información. Un trabajo de orfebrería en el que se juntaron indicios con pruebas físicas, como documentos, confesiones, inspecciones, testigos, escuchas y la intervención de la AFIP y la UIF. Lo que se prueba es la connivencia entre empresarios y funcionarios para apoderarse del dinero de los argentinos. Una banda encabezada por Cristina Fernández de Kirchner, con la organización de Julio De Vido y todos los integrantes que cumplían un rol a la perfección.

La causa de los cuadernos tiene en este momento 17 detenidos, 23 arrepentidos y 18 indagados. Cabe destacar que la figura del arrepentido fue una de las primeras iniciativas penales impulsadas por el gobierno de Cambiemos. Hoy, gracias a esta ley, se pueden reconstruir los casos de corrupción que hasta hace un tiempo eran innavegables.

Ahora será trabajo de la Justicia determinar la veracidad de esos testimonios y consolidar las pruebas necesarias que fundamenten el sistema de sobornos. Porque, como dice la conocida expresión, "el tango se baila de a dos". La coima unilateral no existe. Acá hubo dos partes bailando sigilosamente, apropiándose de las instituciones de la República.

Por el lado de los empresarios, durante muchos años actuaron con absoluta impunidad. Los que se creían intocables por ser parte del "club de la obra pública" y manejar presupuestos millonarios ahora tendrán que rendir cuentas. Carlos Wagner, Juan Chediack, Ángelo Calcaterra, Aldo Roggio, Enrique Pescarmona, Gerardo Ferreyra y otros tantos directivos de empresas importantes deberán dejar de lado su lugar de víctimas, del clásico "no nos quedaba otra", y hacerse cargo de que esa plata que devolvían como "favor" no era plata que les sacaban a sus empresas: era dinero que debería haber ido destinado a una ruta, a nuevas escuelas u hospitales.

En relación con la pata judicial, el procesamiento del exjuez Norberto Oyarbide nos muestra y confirma la connivencia de los jueces con esta matriz. Siempre digo que la Justicia que llega tarde es injusticia. Pensemos si los jueces hubiesen actuado a tiempo, allá por 2004, cuando con Elisa Carrió y la Coalición Cívica investigábamos y denunciábamos una matriz de corrupción que tenía como objetivo vaciar el Estado argentino y llenar los bolsillos de funcionarios y amigos. A lo largo de la "década robada" fuimos presentando denuncias que en la mayoría de las oportunidades fueron "dormidas" y archivadas. Y no puede soslayarse en cualquier análisis que el cambio de gobierno propició un ambiente para que la Justicia investigara libremente y sin presiones de ningún tipo.

No hay corrupción sin funcionarios que planifiquen un sistema de recaudación ilegal desde el Estado; no hay corrupción sin empresarios que se rindan a sus pies y "colaboren" con la causa; tampoco hay corrupción sin jueces cómplices, que miran para otro lado al mismo tiempo que reclaman su parte. Estos tres sectores tendrán ahora el desafío de barrer toda esa basura que contaminó nuestra Argentina para llegar a la verdad, recuperar lo robado y salir adelante de una vez por todas.

Diputada nacional CC-ARI

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