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La enfermedad de mi padre

Dolores Caviglia
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17 de octubre de 2018  • 00:50

Me fui a la cama a las diez de la noche porque dormir es la única manera que encuentro para dejar de pensar. Pero ese miércoles de junio mi cabeza no paraba. A la medianoche me di por vencida, me levanté, me serví un vaso de Bailey's, le agregué dos hielos y prendí un cigarrillo en la oscuridad. Con la primera pitada me largué a llorar como cuando tenía 8 años y mi mamá me dejaba en la iglesia para las clases de catequesis. Faltaban nueve horas para que a mi padre le hicieran la primera sesión de quimioterapia.

Esa noche, por primera vez desde que me enteré de que tenía un linfoma, me animé a preguntarme qué iba a hacer yo si él se moría.

Volví a la cama pasadas las dos.

Me levanté a las tres horas y fui a trabajar. Habíamos convenido que sería mi hermano quien llevase a mi papá al hospital mientras mi madre se quedaba con mi abuela. Supe después que llegaron a las 8 de la mañana pero les asignaron habitación recién a las 11. Yo salí a las 2 de la tarde desde mi trabajo, en Palermo, me tomé un taxi y en poco más de media hora llegué al Hospital Británico, en Barracas. Antes de entrar, releí el mensaje de texto de mi hermano para estar segura: "Pabellón Nightingale habitación 108".

Había dos camas. Papá compartía cuarto con un hombre de unos 35 años que tenía cáncer. Hacía meses que tenía poco peso y poco pelo, pero era la primera vez que lo veía con camiseta, pijama y pantuflas. No se quejó ni antes, ni durante, ni después de los litros de drogas que se le metían en el cuerpo y que bajaban desde unas bolsas colgadas de una especie de perchero metálico, pero cuando la enfermera le trajo la merienda dejó que yo le hiciera el té y le untara con queso las galletitas. Después me pidió que llamara a mamá para tranquilizarla y contarle que estaba reaccionando bien. Agarré su celular, fui a la agenda y como primera entrada no encontré un nombre sino una frase que no pude descifrar: "Alea iacta est". Le pregunté qué significaba y me dijo: "La suerte está echada, en latín".

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