Guillermo Gallardo: una voz culta y refinada

Hugo Beccacece
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17 de octubre de 2018  

Sus amigos, sus colegas y el público que lo aplaudía en el Colón o en Europa lo llamaban Gui. Guillermo Gallardo murió el 9 de este mes en Buenos Aires. Era un artista de un gran refinamiento y cultura. Sara Gallardo, su hermana, sería la autora de Los galgos, los galgos. Gui hablaba francés, inglés, italiano y alemán fluidamente.

Nació el 17 de enero de 1930. Su nombre completo era Guillermo Jorge Gallardo Drago Mitre. Su padre era el historiador Guillermo Gallardo. Su abuelo paterno, Ángel Gallardo, ingeniero civil, doctor en Ciencias Naturales y político. Por el lado de su madre, Sara Drago Mitre Cané, Gui era tataranieto de Bartolomé Mitre y bisnieto de Miguel Cané. Desde muy chico, su madre lo llevaba al palco de LA NACION en el Colón. Quedó hechizado desde la primera ópera y declaró que quería ser cantante y actor. Su padre lo obligó a inscribirse en la Facultad de Derecho. Pronto, el hijo rebelde abandonó. Trabajó un tiempo en el archivo de LA NACION y, a la vez, siguió cursos musicales con Helga Epstein. Le habían dicho que era tenor hasta que su maestro, Sergio Tulián, le reveló que era un bajo-barítono. La voz de Gui finalmente floreció e ingresó en la Escuela de Ópera del Teatro Colón, donde completó su formación.

Su primera estadía profesional en Europa fue de 1959 a 1962. Después volvió a Buenos Aires, y de 1971 a 1986 se radicó en Europa. Frecuentó a la cantante y maestra Jane Bathory y a Nadia Boulanger. En Alemania estudió con el gran maestro Hanno Blaschke y en los años 80 formó parte de elencos teatrales de Kassel y Friburgo. Durante su carrera, interpretó a Escamillo en Carmen; a Papageno, en La flauta mágica; a Sharpless de Madama Butterfly; a Wotan, en La valquiria. Los régisseurs coincidían: era un formidable actor. En la década del 70, Gallardo trabajó en Le Grand Cirque Magique, el cabaret de vanguardia fundado por el franco-argentino Jérôme Savary. Con ese grupo desaforado, Gui encarnó a Robinson Crusoe en Los últimos días de soledad de Robinson Crusoe. Pero donde más se destacó fue en la música de cámara. Era un intérprete consumado de la música francesa de los siglos XIX y XX. En el Théâtre de la Porte Saint Martin montó Animalia (1975).

A mediados de los años 80, volvió a establecerse y trabajar en Buenos Aires. En 2006 interpretó el papel del Heraldo de El emperador de la Atlántida en la Opéra Comique de París, con puesta de Marcelo Lombardero y la Ópera de Cámara del Teatro Colón. Casi hasta el final, su voz era vigorosa, y su risa, olímpica. Conservaba la picardía, el humor y el sarcasmo, interrumpidos por algún momento sombrío del que salía radiante cantando un tema musical. A los 87 años, tuvo una internación. Apenas se recuperó, dijo: "¿Y ahora quién me va a contratar?". Inolvidable Gui.

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