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La alegría es brasileña, peligro de paternidad

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
Crédito: Reuters
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16 de octubre de 2018  • 18:16

Nunca será un partido más, arde como ningún otro. Un duelo con resultado abierto., que generalmente termina igual: gana Brasil . Y gana Brasil. La tendencia tomó propulsión en el comienzo del siglo XXI y el gol del zaguero Miranda, en el segundo minuto del tiempo añadido, llegó como una daga para recordar quién es el patrón del superclásico. De once victorias ya se apoderó Brasil desde que cambió la centuria, contra apenas seis festejos argentinos. Es más, algún empate y hasta una victoria albiceleste también derivó en felicidad brasileña a través de los penales. La tendencia tomó un pronunciado dominio del Scratch. Y crece la ventaja en el historial, porque aunque se haya promocionado este encuentro en Yeda como el desempate en el centenario de los enfrentamientos., los datos arrojan otra realidad: después del cruce número 104, los vecinos ampliaron la grieta: 41 contra 38, con 25 empates. Se escapan. Si Argentina derrotaba a Alemania en la final de Italia 90, hubiese igualado en tres la cosecha de mundiales. Hoy ese medallero muestra cinco oros brasileños y la Argentina sigue con dos.

Otra derrota, una más, ahora en Arabia Saudita. En realidad, este siglo se atropellan los desplantes. Y de los más dolorosos, porque clavaron las peores frustraciones. Tres finales, las únicas tres finales a partido único que registra el historial: la Copa América 2004 de Perú -fue empate 2-2, pero los penales rubricaron la lápida-, la Copa de las Confederaciones 2005 y la Copa América 2007 de Venezuela. Todas teñidas de verdeamarelo.

Pero la maldición no quedó ahí. En los cruces por eliminatorias, Brasil ya consiguió lo que Argentina aún no pudo: ganó como visitante. Lo hizo en Rosario, en 2009, en las descabelladas temporadas de Maradona como entrenador. Pero el embrujo de la canarinha tampoco se detuvo. El regreso del Superclásico de las Américas trajo nuevas amarguras para la selección. Para la de Sabella y también para la de Martino. El desafío bajo el envase de ida y vuelta, en 2011 y 2012 se lo llevó Brasil. Y en 2014, en el lejano terreno neutral de Pekín..., también.

Las victorias criollas se volvieron aisladas. Demasiado esporádicas. Un 4-3 en Nueva Jersey, en 2012, con un colosal Messi que marcó por triplicado, pero el éxito perdió cotización ante un Sub 23 brasileño que se preparaba para los Juegos Olímpicos de Londres. En 2010, en la exótica Doha quedó el registro de otro triunfo, por 1-0, con un nuevo gol de Messi, y más acá, el año pasado, una victoria inmerecida por 1-0, en Melbourne, en el estreno del ciclo de Sampaoli. Victorias salpicadas y casi sin rentabilidad, nunca por los puntos.

Más de trece años hay que retroceder para descubrir la última gran victoria. Fue el 8 de junio de 2005... un 3 a 1 que le aseguró a la selección de José Pekerman la clasificación para la Copa de Alemania. Fue el último triunfo en el país, el último triunfo oficial contra Brasil. Una noche cautivante, con un equipo afinado bajo la distinguida partitura de Riquelme, rodeado de inspirados intérpretes como 'Lucho' González, Saviola, Crespo, Sorin y 'Kily' González. Un primer tiempo avasallante terminó 3-0, para empequeñecer a Cafú, Roberto Carlos, Zé Roberto, Emerson, Kaká, Ronaldinho, Robinho y Adriano y bajarlos del Olimpo que habitaban. La caja de resonancia de Argentina-Brasil es única. Siempre influyente en el legado anímico, es imposible salir indemne del clásico. "Como nos divertimos esa noche @JavierSaviolaOK !!!", escribió Crespo alrededor de este mediodía en su cuenta en Twitter. No hubo sonrisas esta vez. Solo esa mueca burlona que desde hace años decora la cara de Brasil.

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