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Colombia, la coca y la paz

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17 de octubre de 2018  

Los cultivos de coca en Colombia están en su máximo histórico. Ni siquiera en la época de los grandes carteles hubo tantas hectáreas dedicadas a los cultivos ilícitos en este país. Según el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Colombia es el mayor productor de hoja de coca en el mundo. De 2016 a 2017, los cultivos aumentaron en 25.000 hectáreas, para llegar a un total de 171.000, confirmando una tendencia iniciada en 2014, que ha llevado a un crecimiento promedio del 45% por año.

Los daños que producen los cultivos ilícitos no solo desdibujan la imagen del país a nivel internacional, sino que son el origen de una ilegalidad que destruye el patrimonio económico, social y cultural de los campesinos y el campo colombianos. La coca genera una cadena de violencia que va desde la disputa por el control territorial de las plantaciones, que causa enfrentamientos entre grupos ilegales, hasta la guerra que se libra en los centros urbanos por el control del microtráfico.

Muchas familias campesinas que cultivan coca lo hacen no porque sea más rentable, sino porque les permite tener un ingreso en zonas donde el transporte, el crédito y las cadenas de comercialización de otros cultivos son inexistentes.

Hay muchas razones por las que el aumento de cultivos ilícitos en Colombia es una mala noticia. La principal es que, con extensas zonas de su territorio sembradas en coca, la anhelada paz distará de ser factible.

El gobierno que asumió en agosto pasado tiene un gran reto en la lucha contra los cultivos ilícitos y el narcotráfico. En su discurso ante la Asamblea de las Naciones Unidas, realizada recientemente, el presidente Iván Duque manifestó: "Si queremos que en Colombia brille la paz, es necesario que derrotemos el narcotráfico. En materia de cultivos ilícitos recibimos una situación alarmante. La tendencia incremental de los últimos cinco años no puede continuar, ya que estas siembras se han convertido en el combustible y el aliciente para que surjan peligrosos grupos armados organizados". En otras palabras, mientras haya coca, no habrá paz.

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