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Un garrafal error de cálculo en plena lucha de poder en el reino

David A. Andelman
David A. Andelman MEDIO: Reuters
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17 de octubre de 2018  

LONDRES.- El reino de Arabia Saudita y especialmente su joven príncipe heredero -quien ha sido descripto alternativamente como ingenuo, corruptible y sanguinario- parecen haber cometido un error garrafal cuando calcularon las reacciones que desataría la desaparición de Jamal Khashoggi, el periodista que se oponía a los desenfrenados intentos del flamante heredero de la corona para imponer su visión reformista en su reino y en todo Medio Oriente.

Desde su elevación a la categoría de heredero al trono, hace apenas 16 meses y con solo 33 años de edad, Mohammed ben Salman logró salirse bastante con la suya. Mientras recibía elogios por medidas como permitir que las mujeres conduzcan autos, arrestó a decenas de miembros de la familia real y grandes empresarios y los dejó encerrados en el hotel Ritz-Carlton hasta que aceptaron pagar un acuerdo financiero por "ilegalidades" no especificadas.

También arrestó y encarceló a huestes de militantes de los derechos humanos y de las mujeres, y se ha embarcado en una guerra en la vecina Yemen, donde las violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario que rige en el campo de batalla ha llevado a la muerte a más de 10.000 civiles y ha desplazado a unos dos millones de personas.

Mohammed también le impuso un bloqueo y aisló por completo al vecino sultanato de Qatar. Y todavía tiene pendientes los contratos que lo obligan a pagar 110.000 millones de dólares por compra de armamento a Estados Unidos .

Ahora el reino saudita parece esforzarse por absolver a Mohammed de cualquier acto contra Khashoggi, aunque hace tiempo quedó claro que el heredero al trono tiene el poder absoluto en sus manos, especialmente en temas de seguridad.

Al mismo tiempo, tal vez Mohammed también haya cometido un error de cálculo garrafal al evaluar el poder de Donald Trump y de su yerno Jared Kushner, a quienes el príncipe cortejó asiduamente para defender los intereses sauditas en el Congreso de Estados Unidos y otros centros de toma de decisiones.

Por cierto que el gobierno de Riad nunca se ha caracterizado por su respeto de los derechos humanos, pero así y todo, Arabia Saudita no solía actuar de manera tan desenfrenada. ¿Qué cambió? En parte, responde a la lucha de poder de una nueva camada de líderes jóvenes.

De todos modos, es demasiado pronto para predecir si este remozado liderazgo revertirá el viejo estilo en el que confía la realeza saudita, a saber, la de un progreso lento, una evolución hacia objetivos pensados más para preservar el statu quo que para sacudir sus cimientos. Desde ese punto de vista, Mohammed simplemente no estaría preparado para tomar las riendas del poder.

La mayoría de los reyes sauditas, todos descendientes del fundador de la dinastía, el rey Abdulaziz ben Saud, no ascendieron al trono hasta tener bastante más de 60 años.

Para convertirse en heredero, Mohammed salteó a gran parte de su generación -incluido el enorme contingente de nietos de Abdulaziz-, pero el caso de Khashoggi podría ser una amenaza mortal para sus planes de acceder al trono y romper el eterno cerco de poder de sus mayores.

De hecho, fue su padre de 82 años, el rey Salman, quien durante el fin de semana llamó al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, para llegar a una solución por el tema Khashoggi.

A esta altura del escándalo por la desaparición de Khashoggi, la pregunta central es a todas luces evidente: ¿Arabia Saudita volverá a su cauce o va camino a convertirse en un Estado paria?

Traducción de Jaime Arrambide

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